Palacio Carlos V
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INTRODUCCIÓN
La Alcazaba es la parte más primitiva del complejo monumental, fue construida sobre los restos de una antigua fortaleza Zirí.
Los orígenes de la Alcazaba Nazarí se remontan a mil doscientos treinta y ocho, cuando el primer sultán y fundador de la dinastía nazarí Muhammad Ibn al-Alhmar decide trasladar la sede del sultanato del Albaicín a la colina de enfrente, la Sabika.
El lugar escogido por Al-Ahmar era idóneo puesto que la Alcazaba situada al extremo occidental de la colina y con una planta triangular, muy similar a la proa de un barco, garantizaba la óptima defensa de lo que sería la ciudad palatina de la Alhambra construida bajo su protección.
La Alcazaba dotada de varias murallas y torres surge con una clara intención defensiva. Fue de hecho, centro de vigilancia por su ubicación a doscientos metros de altura sobre la ciudad de Granada, garantizando de este modo un dominio visual de todo el territorio circundante y representando a su vez un símbolo de poder.
En su interior, se sitúa el barrio castrense y es que con el tiempo la Alcazaba se constituyó como una pequeña micro ciudad independiente destinada a los soldados de alto rango, encargados de la defensa y protección de la Alhambra y sus sultanes.
BARRIO CASTRENSE
Al acceder a la alcazaba nos encontramos con lo que aparenta ser un laberinto, aunque en realidad se trata de un proceso de recuperación arquitectónica mediante anastilosis, que ha permitido rehabilitar el antiguo barrio castrense que había permanecido sepultado hasta principios del siglo veinte.
En este barrio residía la guardia de élite del sultán y el resto del contingente militar encargados de la defensa y seguridad de la Alhambra. Se trataba pues, de una pequeña ciudad dentro de la propia ciudad palatina de la Alhambra con todo lo necesario para la vida cotidiana como viviendas, talleres, tahona con horno, almacenes, aljibe, hammam, etcétera. De esta forma se podía mantener separadas la población militar y la civil.
En este barrio gracias a esta recuperación nos permite contemplar el esquema típico de la casa musulmana: entrada con acceso en recodo, pequeño patio como eje central de la vivienda, habitaciones alrededor del patio y letrina.
Además, a principios del siglo veinte se descubrió en el subsuelo una mazmorra. Fácil de reconocer desde el exterior por la escalera moderna en caracol que conduce hasta ella. En esta mazmorra se encerraban los prisioneros a través de los cuales se podía obtener un beneficio importante, ya sea político o económico, o, en otras palabras, personajes con un gran valor de cambio.
Esta prisión subterránea tiene forma de embudo invertido y una planta circular. Lo cual hacía imposible que estos cautivos pudieran escapar. De hecho, los prisioneros eran introducidos en su interior mediante un sistema de poleas o cuerdas.
TORRE DE LA PÓLVORA
La Torre de la Pólvora servía de refuerzo defensivo por el costado meridional a la Torre de la Vela y desde ella partía el camino militar que llegaba hasta las Torres Bermejas.
Desde mil novecientos cincuenta y siete, es en esta torre donde podemos encontrar unos versos grabados sobre piedra, cuya autoría corresponde al mexicano Francisco de Icaza:
“Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada,
como la pena de ser ciego en Granada”.
JARDÍN DE LOS ADARVES
El espacio ocupado por el Jardín de los Adarves toma sus orígenes en el siglo dieciséis, cuando se edifica una plataforma artillera en el proceso de adaptación de la Alcazaba para la artillería.
Fue ya en el siglo diecisiete cuando el uso militar perdió su importancia y el quinto Marqués de Mondéjar, tras ser nombrado alcaide de la Alhambra en mil seiscientos veinticuatro, decidió transformar este espacio en un jardín rellenando con tierra el espacio entre la muralla exterior y la interior.
Existe una leyenda, según la cual fue en este lugar en el que se encontraron escondidos unos jarrones de porcelana rellenos de oro, probablemente escondidos por los últimos musulmanes que habitaron el lugar, y que parte de ese oro encontrado, fue empleado por el marqués para financiar la creación de este bello jardín. Se piensa que quizás alguno de esos jarrones sea alguno de los veinte grandes vasos de loza dorada nazarí que se conservan en el mundo. Podemos contemplar dos de esos vasos en el Museo Nacional de Arte Hispano-musulmán ubicado en la planta baja del Palacio de Carlos Quinto.
Uno de los elementos destacables de este jardín, es la presencia en la parte central de una fuente con forma de timbal. Esta fuente ha tenido diferentes emplazamientos, el más llamativo y reseñable fue en el Patio de los Leones, donde fue colocada en mil seiscientos veinticuatro sobre la fuente de los leones con el consiguiente daño. La taza estuvo en ese lugar hasta mil novecientos cincuenta y cuatro cuando se retiró y se colocó aquí.
TORRE DE LA VELA
Bajo la dinastía nazarí, esta torre era conocida bajo el nombre de la torre Mayor y a partir del siglo dieciséis se la llamó también torre del Sol, porque el sol se reflejaba en la torre al medio día actuando entonces como un reloj de sol. Pero su nombre actual proviene de la palabra velar, dado que, gracias a su altura de veintisiete metros, proporciona una vista de trescientos sesenta grados que permitiría divisar cualquier movimiento.
La apariencia de la Torre ha cambiado a lo largo del tiempo en sus orígenes contaba con almenas en su terraza, que se fueron perdiendo debido a varios terremotos. La campana fue incorporada tras la toma de Granada por los cristianos.
Esta se utilizaba para dar aviso a la población ante cualquier posible peligro, terremoto o incendio. También se empleaba el sonido de esta campana para regular los turnos de riego en la Vega de Granada.
Actualmente y según la tradición, se hace sonar la campana cada dos de enero para conmemorar la toma de Granada el dos de enero de mil cuatrocientos noventa y dos.
TORRE Y PUERTA DE LAS ARMAS
Situada en la muralla norte de la Alcazaba, la puerta de las Armas fue uno de los accesos principales para acceder a la Alhambra.
En tiempos de la dinastía Nazarí, los ciudadanos atravesaban el Río Darro por el puente del Cadí, y subían la colina por un camino hoy en día oculto por el Bosque de San Pedro, hasta llegar a la puerta. En el interior de la puerta, debían depositar las armas antes de acceder al recinto, de ahí el nombre puerta de las armas.
Desde la terraza de esta torre, podemos obtener hoy en día una de las mejores panorámicas de la ciudad de Granada.
Justo enfrente nos encontramos con el barrio del Albaicín, reconocible por sus viviendas blancas y su entramado de calles laberínticas. Este barrio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en mil novecientos noventa y cuatro.
Es en este barrio donde se ubica uno de los miradores más famosos de Granada: el Mirador de San Nicolás.
A la derecha del Albaicín, se encuentra el barrio del Sacromonte.
El Sacromonte es el antiguo barrio gitano por excelencia de Granada y cuna del flamenco. Este barrio se caracteriza además por la presencia de viviendas trogloditas: las cuevas.
A los pies del Albaicín y de la Alhambra se encuentra la Carrera del Darro, junto a la ribera del río con el mismo nombre.
TORRE DEL HOMENAJE Y TORRE DEL CUBO
La Torre del Homenaje es una de las torres más antiguas de la Alcazaba, posee una altura de veintiséis metros. Cuenta con seis plantas, una terraza y una mazmorra subterránea.
Debido a la altura con la que cuenta la torre, desde su terraza se establecía comunicación con las torres atalayas del reino. Esta comunicación se establecía mediante un sistema de espejos por el día o de humo con hogueras por la noche.
Se piensa que, por la posición saliente de la torre en la colina, fue probablemente el lugar escogido para la ubicación de los estandartes y las banderas rojas de la dinastía nazarí.
La base de esta torre fue reforzada por los cristianos con la llamada Torre del Cubo.
Tras la toma de Granada, los Reyes Católicos proyectan una serie de reformas para adecuar la Alcazaba a la artillería. De este modo, surge sobre la torre de la Tahona, la Torre del Cubo la cual gracias a su forma cilíndrica otorga mayor protección frente a posibles impactos, en comparación a las torres nazaríes con planta cuadrada.
INTRODUCCIÓN
El Generalife situado en el Cerro del Sol era la almunia del sultán o dicho de otro modo, una casa de campo palatina con huertas, donde además de llevar a cabo labores agrícolas, se criaban animales para la corte nazarí y se practicaba la caza. Se estima que los inicios de su construcción se remontan a finales del siglo trece por el sultán Muhammad segundo, hijo del fundador de la dinastía nazarí.
El nombre Generalife procede del árabe “yannat-al-arif” que significa jardín o huerto del arquitecto. Era un espacio mucho más amplio en la época nazarí, con al menos cuatro huertas, y se extendía hasta un lugar que hoy en día se conoce como “el llano de la perdiz”.
Esta casa de campo, que el visir Ibn al-Yayyab llamó la Casa Real de la Felicidad, era un palacio: el palacio de verano del sultán. Pese a la proximidad con la Alhambra, tenía la intimidad suficiente para poder alejarse y relajarse de las tensiones de la corte y de la vida de gobierno, así como para disfrutar de unas temperaturas más agradables. Debido a su emplazamiento a una mayor altitud que la ciudad palatina de la Alhambra, la temperatura descendía en su interior.
Cuando se produce la toma de Granada, el Generalife pasa a ser propiedad de los Reyes Católicos, que lo ponen bajo la protección de un alcaide o comendador. Felipe segundo acabó cediendo la alcaidía perpetua y tenencia del lugar a la familia Granada Venegas (una familia de moriscos conversos). El Estado solamente recuperó este lugar tras un pleito que duró casi 100 años y que finalizó con un acuerdo extrajudicial en 1921.
Acuerdo mediante el cual el Generalife pasaría a ser patrimonio nacional y se gestionaría junto a la Alhambra a través de la figura del Patronato, conformándose así el Patronato de la Alhambra y del Generalife.
AUDITORIO
El anfiteatro al aire libre que encontramos en nuestro camino hacia el palacio del Generalife fue construido en 1952 con la intención de acoger, como lo hace cada verano, el Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
Desde el año 2002 también se celebra un Festival de Flamenco ligado a la figura del poeta más conocido que tenga Granada: Federico García Lorca.
CAMINO MEDIEVAL
Bajo la dinastía nazarí, el camino que otorgaba la conexión entre la ciudad palatina y el Generalife partía de la Puerta del Arabal, enmarcada en la llamada Torre de los Picos, llamada así porque sus almenas finalizan en pirámides de ladrillo.
Se trataba de un camino serpenteante y en pendiente, protegido a ambos lados por altas murallas para dotarlo de mayor seguridad, y desembocaba en la entrada del Patio del Descabalgamiento.
CASA DE LOS AMIGOS
Estas ruinas o fundaciones son los restos arqueológicos de lo que era la llamada Casa de los Amigos. Su nombre y utilidad han llegado hasta nosotros gracias al “Tratado de agricultura” de Ibn Luyún en el siglo XIV.
Se trataba pues de una vivienda destinada a personas, amigos o allegados que el sultán tenía en estima y consideraba importante tener cerca de sí, pero sin llegar a invadir su privacidad, por lo que se trataba de una vivienda aislada.
PASEO DE LAS ADELFAS
Este Paseo de las Adelfas fue realizado a mediados del siglo XIX con motivo de la visita de la Reina Isabel Segunda y para crear un acceso más monumental a la zona alta del palacio.
La adelfa es otro nombre que se le otorga al laurel rosa, que aparece en forma de bóveda ornamental en este paseo. Al inicio del paseo, tras los Jardines Altos, se conserva uno de los ejemplares más antiguos de Arrayán Morisco, que estuvo a punto de perderse y cuya huella genética se sigue investigando en la actualidad.
Se trata de una de las plantas más características de la Alhambra, que se distingue por sus hojas abarquilladas y de mayor tamaño que el arrayán común.
El Paseo de las Adelfas enlaza con el Paseo de los Cipreses, que sirve de unión para conducir al visitante hacia la Alhambra.
ESCALERA DEL AGUA
Uno de los elementos mejor conservados y singulares del Generalife es la llamada Escalera del Agua. Se cree que, bajo la dinastía nazarí, esta escalera —distribuida en cuatro tramos con tres mesetas intermedias— contaba con canales de agua que fluían por los dos pasamanos de cerámica vidriada, alimentados por la Acequia Real.
Esta conducción de agua llegaba hasta un pequeño oratorio, del cual no se conserva información arqueológica. En su lugar, desde 1836, se encuentra un mirador romántico erigido por el administrador de la finca en aquella época.
Probablemente, en la subida de esta escalera, enmarcada por una bóveda de laureles y el arrullo del agua, se creaba un entorno ideal para estimular los sentidos, entrar en el clima propicio para la meditación y realizar las abluciones previas al rezo.
HUERTAS DEL GENERALIFE
En los terrenos circundantes al palacio se estima que debía de haber al menos cuatro grandes huertas organizadas en diferentes niveles o paratas, contenidas por muros de tapial. Los nombres de estas huertas que han trascendido hasta nosotros son: Grande, Colorada, Mercería y Fuente Peña.
Estas huertas han continuado, en mayor o menor medida, desde el siglo XIV labrándose con las mismas técnicas medievales tradicionales. Gracias a esta producción agrícola, la corte nazarí mantenía cierta independencia de otros proveedores agrícolas externos, pudiendo satisfacer sus propias necesidades alimenticias.
En ellas se cultivaba no solo la huerta, sino también árboles frutales y pasto para los animales. Por ejemplo, hoy en día se cultivan alcachofas, berenjenas, habichuelas, higos, granados y almendros.
Actualmente, en las huertas conservadas se sigue utilizando la misma técnica de producción agrícola empleada en la época medieval, lo que hace que este espacio encierre en sí un gran valor antropológico.
JARDINES ALTOS
Se accede a estos jardines desde el Patio de la Sultana mediante una empinada escalera del siglo XIX, llamada de los Leones, debido a las dos figuras de loza vidriada que se encuentran sobre el portón.
Estos jardines se pueden considerar un ejemplo del jardín romántico. Están situados sobre paratas y conforman la parte más elevada del Generalife, con unas vistas espectaculares hacia todo el complejo monumental.
Destaca la presencia de bellísimos magnolios.
JARDINES DE LA ROSALEDA
Los Jardines de la Rosaleda tienen su origen en los años treinta y cincuenta, cuando el Estado adquiere el Generalife en 1921.
Surge entonces la necesidad de poner en valor un área abandonada y conectar estratégicamente el lugar con la Alhambra mediante una transición gradual y suave.
PATIO DE LA ACEQUIA
El Patio de la Acequia, también llamado de la Ría en el siglo XIX, presenta hoy una estructura de planta rectangular con dos pabellones enfrentados y una crujía.
El nombre del patio procede justamente de la Acequia Real que atraviesa este palacio, entorno a la que se disponen cuatro jardines en parterres ortogonales a nivel inferior. A ambos lados de la acequia se predisponen unos surtidores que conforman una de las imágenes más populares del palacio. Sin embargo, estos surtidores no son originales, pues rompen la tranquilidad y el sosiego que el sultán venía buscando en sus momentos de descanso y meditación.
Este palacio ha sufrido cuantiosas transformaciones, ya que en origen este patio estaba cerrado a las vistas que hoy hallamos a través de la galería de 18 arcos al estilo belvedere. La única parte que permitiría contemplar el paisaje sería el mirador central. Desde este mirador original, era el lugar en el cual sentados en el suelo y apoyados en el alféizar se podía contemplar las vistas panorámicas a la ciudad palatina de la Alhambra.
Atestiguando su pasado encontraremos en el mirador decoración nazarí, donde destaca la superposición de yeserías del sultán Ismail I sobre las de Muhammad III. Esto deja patente que cada sultán tenía gustos y necesidades diferentes y adaptaban los palacios conforme a los mismos, dejando su propia huella o impronta.
Al pasar el mirador, y si nos fijamos en el intradós de los arcos, también hallaremos emblemas de los Reyes Católicos como el Yugo y las Flechas, así como el lema “Tanto Monta”.
El lado este del patio es reciente debido a un incendio producido en 1958.
PATIO DE LA GUARDIA
Antes de acceder al Patio de la Acequia, nos encontramos con el Patio de la Guardia. Un patio sencillo con galerías porticadas, una fuente en su centro, que está además ornamentado con naranjos amargos. Este patio debió de servir como zona de control y antesala antes de acceder a las dependencias de verano del sultán.
Destaca de este lugar que, tras subir unas empinadas escaleras, nos encontramos una portada enmarcada por un dintel decorado con alicatado en tonos azul, verde y negro sobre un fondo blanco. También alcanzamos a ver, aunque desgastada por el paso del tiempo, la llave nazarí.
Al subir las escalinatas y traspasar esta portada, nos encontramos con un recodo, los bancos de la guardia y una empinada y estrecha escalera que nos conduce al palacio.
PATIO DE LA SULTANA
El Patio de la Sultana es uno de los espacios más transformados. Se piensa que el lugar que hoy ocupa este patio —también llamado Patio del Ciprés— era la zona destinada al antiguo hammam, el baño del Generalife.
En el siglo XVI pierde esta función y aparece convertido en un jardín. Con el tiempo, se dispuso una galería septentrional, una alberca en forma de U, una fuente en su centro y treinta y ocho ruidosos surtidores.
Los únicos elementos que se conservan de la época nazarí son el salto de agua de la Acequia Real, protegido tras la reja, y un pequeño tramo de canalización que dirige el agua hacia el Patio de la Acequia.
El nombre “Patio del Ciprés” se lo debemos al ciprés centenario muerto, del que hoy solo se conserva su tronco. Junto a este se halla una placa en cerámica granadina que nos habla de la leyenda del siglo XVI de Ginés Pérez de Hita, según la cual este ciprés fue testigo de los encuentros amorosos de la favorita del último sultán, Boabdil, con un noble caballero Abencerraje.
PATIO DEL DESCABALGAMIENTO
El Patio del Descabalgamiento, también conocido como Patio Polo, es el primer patio que encontramos al entrar al palacio del Generalife.
El medio de locomoción empleado por el sultán para acceder al Generalife era el caballo y, como tal, requería de un lugar donde bajar de su montura y alojar a estos animales. Este patio se piensa que estaba destinado a tal fin, pues era el lugar para las caballerizas.
Disponía de bancos de apoyo para bajar y subir del equino, y de dos establos en las crujías laterales, que funcionaban como establos en su parte inferior y pajares en la parte superior. Tampoco podía faltar el abrevadero con agua fresca para los caballos.
A resaltar en este lugar: sobre el dintel de la puerta que da paso al siguiente patio, encontramos la llave alhambreña, símbolo de la dinastía nazarí, representando salutación y propiedad.
SALÓN REGIO
El pórtico norte es el mejor conservado y estaba destinado a acoger las dependencias del sultán.
Encontramos un pórtico con cinco arcos sostenidos sobre columnas y en sus extremos alhamíes. Tras este pórtico, y para acceder al Salón Regio, se pasa por un triple arco en el que hay poemas que hablan de la batalla de la Vega o de Sierra Elvira en 1319, lo cual nos brinda información sobre la datación del lugar.
En los lados de este triple arco también hay *taqas*, unos nichos de pequeño tamaño excavados en el muro donde se colocaba agua.
El Salón Regio, ubicado en una torre cuadrada decorada con yeserías, era el lugar donde el sultán —pese a ser este un palacio de descanso— recibía alguna audiencia de carácter urgente. Estas audiencias, según unos versos allí grabados, debían ser breves y directas para no molestar en demasía el reposo del emir.
INTRODUCCIÓN A LOS PALACIOS NAZARÍES
Los Palacios Nazaríes constituyen la zona más emblemática y llamativa del conjunto monumental. Fueron construidos en el siglo XIV, un momento que se puede considerar de gran esplendor para la dinastía nazarí.
Estos palacios eran la zona reservada al sultán y a sus familiares allegados, donde se desarrollaba la vida familiar, pero también la vida oficial y administrativa del reino.
Los Palacios son: el Mexuar, el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones.
Cada uno de estos palacios fue construido de manera independiente, en momentos diferentes y con funciones propias y diferenciadas. Fue tras la Toma de Granada cuando los palacios fueron unificados y, a partir de ese momento, pasaron a ser denominados como la Casa Real, y más adelante como la Casa Real Vieja, cuando Carlos V decidió construir su propio palacio.
EL MEXUAR Y ORATORIO
El Mexuar es la parte más antigua de los Palacios Nazaríes, pero también es el espacio que ha tenido que hacer frente a mayores transformaciones a lo largo del tiempo. Su nombre proviene del árabe *Maswar*, que hace referencia al lugar donde se reunía la *Sura* o Consejo de Ministros del sultán, desvelando así una de sus funciones. También era la antesala donde el sultán impartía justicia.
La construcción del Mexuar se atribuye al sultán Isma’il I (1314–1325), y fue modificado por su nieto Muhammad V. Sin embargo, fueron los cristianos quienes más transformaron este espacio al convertirlo en una capilla.
En época nazarí, este espacio era mucho más reducido y se organizaba en torno a las cuatro columnas centrales, donde aún puede apreciarse el característico capitel cúbico nazarí, pintado con azul cobalto. Sobre estas columnas se apoyaba una linterna que aportaba luz cenital, eliminada en el siglo XVI para crear habitaciones altas y ventanas laterales.
Para convertir el lugar en capilla se rebajó el suelo y se añadió un pequeño espacio rectangular al fondo, hoy separado por una balaustrada de madera que indica dónde se hallaba el coro alto.
El zócalo de alicatado cerámico con decoración de estrellas fue traído de otro lugar. Entre sus estrellas pueden verse alternadamente: el blasón del Reino Nazarí, el del Cardenal Mendoza, el Águila Bicéfala de los Austria, el lema “No hay vencedor sino Dios” y las Columnas de Hércules del escudo imperial.
Sobre el zócalo, un friso epigráfico en yeso repite: “El Reino es de Dios. La Fuerza es de Dios. La Gloria es de Dios.” Estas inscripciones sustituyen las jaculatorias cristianas: “Christus regnat. Christus vincit. Christus imperat.”
La entrada actual al Mexuar fue abierta en época moderna, alterando el emplazamiento de una de las Columnas de Hércules con el lema “Plus Ultra”, que fue trasladada al muro este. La corona de yeso sobre la puerta mantiene su ubicación original.
Al fondo de la sala, una puerta da paso al Oratorio, al que originalmente se accedía por la galería de Machuca.
Este espacio es uno de los más dañados de la Alhambra debido a la explosión de un polvorín en 1590. Fue restaurado en 1917.
Durante la restauración se rebajó el nivel del suelo para evitar accidentes y facilitar la visita. Como testigo del nivel original permanece un poyete corrido bajo las ventanas.
FACHADA DE COMARES Y CUARTO DORADO
Esta impresionante fachada, muy restaurada entre los siglos XIX y XX, fue construida por Muhammad V con el fin de conmemorar la toma de Algeciras en 1369, que otorgaba dominio sobre el Estrecho de Gibraltar.
En este patio, el sultán recibía a los súbditos que lograban una audiencia especial. Se colocaba en la parte central de la fachada, sentado sobre una jamuga entre las dos puertas y bajo el gran alero, obra cumbre de la carpintería nazarí que lo coronaba.
La fachada tiene una gran carga alegórica. En ella los súbditos podían leer:
“Mi posición es la de una corona y mi puerta una bifurcación: el Occidente cree que en mí está el Oriente
Al-Gani bi-llah me ha encomendado franquear la entrada a la victoria que se anuncia.
Pues aguardando estoy que él aparezca como el horizonte a la mañana revela.
¡Haga Dios tan bella su obra como bellos son su carácter y su figura!”
La puerta de la derecha servía de acceso a las dependencias privadas y zona de servicio, mientras que la puerta de la izquierda, a través de un pasillo en recodo con bancos para la guardia, da acceso al Palacio de Comares, concretamente al Patio de los Arrayanes.
Los súbditos que conseguían audiencia esperaban frente a la fachada, separados del sultán por la guardia real, en la estancia hoy conocida como el Cuarto Dorado.
El nombre *Cuarto Dorado* proviene de la etapa de los Reyes Católicos, cuando el artesonado nazarí fue repintado con motivos dorados y se incorporaron los emblemas de los monarcas.
En el centro del patio hay una fuente baja de mármol con gallones, réplica de la fuente de Lindaraja conservada en el Museo de la Alhambra. A un lado de la pila, una reja da paso a un oscuro corredor subterráneo que utilizaba la guardia.
PATIO DE LOS ARRAYANES
Una de las características de la casa hispano-musulmana es acceder a la vivienda a través de un pasillo en recodo que conduce a un patio a cielo abierto, eje de vida y organización del hogar, dotado de algún punto de agua y vegetación. Este mismo concepto se encuentra en el Patio de los Arrayanes, pero a una escala mayor, con 36 metros de largo y 23 de ancho.
El Patio de los Arrayanes es el centro del Palacio de Comares, donde se desarrollaba la actividad política y diplomática del Reino Nazarí. Se trata de un patio rectangular de imponentes dimensiones cuyo eje central es una gran alberca. En ella, el agua quieta actúa como un espejo que concede profundidad y verticalidad al espacio, creando así un palacio sobre el agua.
En ambos extremos de la alberca, los surtidores introducen el agua con suavidad para no romper el efecto espejo ni la quietud del lugar.
Flanqueando la alberca se encuentran dos macizos vegetales de arrayanes, que dan nombre al lugar actual: Patio de los Arrayanes. En el pasado también se le conocía como Patio de la Alberca.
La presencia del agua y la vegetación no responde únicamente a criterios ornamentales o estéticos, sino también a la intención de crear espacios agradables, especialmente en verano. El agua refresca el ambiente, mientras que la vegetación conserva la humedad y aporta aroma.
En los lados mayores del patio se ubican cuatro viviendas independientes. En el lado norte se alza la Torre de Comares, que alberga en su interior el Salón del Trono o de los Embajadores.
En el lado sur, la fachada actúa como un “trampantojo”, ya que la edificación que existía detrás fue derribada para conectar el Palacio de Carlos V con la Antigua Casa Real.
PATIO DE MEZQUITA Y PATIO DE MACHUCA
Antes de acceder a los Palacios Nazaríes, si miramos hacia la izquierda, encontramos dos patios.
El primero es el Patio de la Mezquita, llamado así por la pequeña mezquita que se encuentra en uno de sus ángulos. Sin embargo, desde el siglo XX también ha sido conocido como la Madraza de los Príncipes, ya que su estructura guarda similitudes con la Madraza de Granada.
Más adelante se encuentra el Patio de Machuca, que recibe su nombre del arquitecto Pedro Machuca, encargado de dirigir las obras del Palacio de Carlos V en el siglo XVI, y quien residía en este lugar.
Este patio es fácilmente reconocible por la alberca de bordes lobulados situada en su centro, así como por los cipreses recortados en forma de arco, que recuperan la sensación arquitectónica del espacio de una forma no invasiva.
SALA DE LA BARCA
La Sala de la Barca es la antesala al Salón del Trono o de los Embajadores.
En las jambas del arco que da acceso a esta sala encontramos unos nichos enfrentados, labrados en mármol y decorados con azulejos de colores. Se trata de uno de los elementos ornamentales y funcionales más característicos de los palacios nazaríes: las *taqas*.
Las *taqas* son nichos pequeños excavados en los muros, siempre dispuestos en pareja y enfrentados. Se utilizaban para colocar en su interior jarras con agua fresca para beber o con agua perfumada para lavarse las manos.
El techo actual de la sala es una reproducción del original, perdido en un incendio en 1890.
El nombre de esta sala proviene de una alteración fonética de la palabra árabe *baraka*, que significa “bendición”, y que se repite en multitud de ocasiones en los muros de esta sala. No procede, como se cree popularmente, de la forma de techo de barca invertida.
Era en este lugar donde los nuevos sultanes solicitaban la bendición de su dios antes de ser coronados como tal en el Salón del Trono.
Antes de acceder al Salón del Trono, encontramos dos entradas laterales: a la derecha, un pequeño oratorio con su mihrab; y a la izquierda, la puerta de acceso al interior de la Torre de Comares.
SALÓN DE LOS EMBAJADORES O DEL TRONO
El Salón de los Embajadores, también llamado del Trono o de Comares, es el lugar donde se encontraba el trono del sultán y, por tanto, el centro de poder de la dinastía nazarí. Quizás por esta razón se ubica dentro de la Torre de Comares, la torre de mayor tamaño del conjunto monumental, con 45 metros de altura. Su etimología proviene del árabe *arsh*, que significa tienda, pabellón o trono.
La sala tiene forma de cubo perfecto, y sus paredes están revestidas con una rica decoración hasta el techo. En los laterales hay nueve alcobas iguales agrupadas de tres en tres con ventanas. La situada frente a la entrada presenta una decoración más cuidada, ya que era el lugar que ocupaba el sultán, a contraluz, favoreciendo el efecto de deslumbramiento y sorpresa.
En el pasado, las ventanas estaban cerradas por vidrieras de colores con formas geométricas llamadas *cumarías*. Estas se perdieron debido a la onda expansiva de un polvorín que explotó en 1590 en la Carrera del Darro.
La riqueza decorativa del salón es extrema. Comienza en la parte inferior con azulejos de formas geométricas, que generan un efecto visual similar al de un caleidoscopio. Continúa en las paredes con estucos que parecen tapices colgados, decorados con motivos vegetales, flores, conchas, estrellas y abundante epigrafía.
La escritura presente es de dos tipos: cursiva, la más común y fácilmente reconocible; y cúfica, una escritura culta de formas rectilíneas y angulosas.
Entre todas las inscripciones, la más destacada es la que aparece debajo del techo, en la franja superior de la pared: la sura 67 del Corán, llamada *El Reino* o *del Señorío*, que recorre las cuatro paredes. Esta sura era recitada por los nuevos sultanes para proclamar que su poder provenía directamente de Dios.
La imagen del poder divino también se representa en la techumbre, compuesta por 8.017 piezas diferentes que, mediante ruedas de estrellas, ilustran la escatología islámica: los siete cielos y un octavo, el paraíso, el Trono de Allah, representado por la cupulita central de mocárabes.
CASA REAL CRISTIANA – INTRODUCCIÓN
Para acceder a la Casa Real Cristiana hay que utilizar una de las puertas abiertas en la alcoba izquierda de la Sala de las Dos Hermanas.
Carlos V, nieto de los Reyes Católicos, visitó la Alhambra en junio de 1526 tras haberse casado con Isabel de Portugal en Sevilla. Al llegar a Granada, el matrimonio se instaló en la propia Alhambra y se ordenó la construcción de unas nuevas estancias, hoy conocidas como las Habitaciones del Emperador.
Estos espacios rompen completamente con la arquitectura y estética nazarí. Sin embargo, al haberse construido sobre zonas ajardinadas entre el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones, es posible ver a través de unas pequeñas ventanas situadas a la izquierda del pasillo la parte superior del Hammam Real o Hammam de Comares. Unos metros más adelante, otras aperturas permiten ver la Sala de las Camas y la Galería de los Músicos.
El Baño Real no solo era un espacio de higiene, sino también un lugar idóneo para cultivar de forma distendida y amistosa las relaciones políticas y diplomáticas, acompañado de música para amenizar el momento. Este espacio solo se abre al público en ocasiones especiales.
A través de este pasillo se accede al Despacho del Emperador, que destaca por una chimenea renacentista con el escudo imperial y un artesonado de madera diseñado por Pedro Machuca, arquitecto del Palacio de Carlos V. En el artesonado puede leerse la inscripción “PLUS ULTRA”, lema adoptado por el Emperador, junto a las iniciales K e Y, correspondientes a Carlos V e Isabel de Portugal.
Saliendo de la sala, a la derecha se encuentran las habitaciones imperiales, actualmente cerradas al público y solo accesibles en ocasiones especiales. Estas estancias también son conocidas como las Habitaciones de Washington Irving, ya que fue allí donde se hospedó el escritor romántico norteamericano durante su estancia en Granada. Posiblemente, fue en este lugar donde escribió su famoso libro *Cuentos de la Alhambra*. Sobre la puerta se puede ver una placa conmemorativa.
PATIO DE LINDARAJA
Contiguo al Patio de la Reja se encuentra el Patio de Lindaraja, adornado con setos tallados de boj, cipreses y naranjos amargos. Este patio debe su nombre al mirador nazarí ubicado en su lado meridional, que lleva la misma denominación.
En la etapa nazarí, el jardín tenía un aspecto completamente diferente al actual, ya que era un espacio abierto al paisaje.
Con la llegada de Carlos V, el jardín fue cerrado, adoptando una disposición similar a la de un claustro gracias a una galería porticada. Para su construcción se utilizaron columnas procedentes de otras partes de la Alhambra.
En el centro del patio destaca una fuente barroca, sobre la que se superpuso a principios del siglo XVII una taza de mármol nazarí. La fuente que vemos hoy es una réplica; el original se conserva en el Museo de la Alhambra.
PATIO DE LOS LEONES
El Patio de los Leones es el núcleo de este palacio. Se trata de un patio de planta rectangular rodeado por una galería porticada con ciento veinticuatro columnas, todas diferentes entre sí, que comunican las distintas estancias del palacio. Guarda cierta similitud con un claustro cristiano.
Este espacio se considera una de las joyas del arte islámico, a pesar de romper con los esquemas habituales de la arquitectura hispanomusulmana.
La simbología del palacio gira en torno al concepto de jardín-paraíso. Los cuatro canalillos de agua que parten del centro del patio podrían representar los cuatro ríos del paraíso islámico, otorgando al patio una disposición en cruz. Las columnas evocan un bosque de palmeras, como los oasis del paraíso.
En el centro se sitúa la célebre Fuente de los Leones. Los doce leones, aunque en posición similar —alerta y de espaldas a la fuente—, presentan rasgos diferentes. Están tallados en mármol blanco de Macael, cuidadosamente seleccionado para aprovechar las vetas naturales de la piedra y acentuar sus rasgos distintivos.
Existen diversas teorías sobre su simbolismo. Algunos creen que representan la fuerza de la dinastía nazarí o del sultán Muhammad V, los doce signos del zodíaco, las doce horas del día o incluso un reloj hidráulico. Otros sostienen que es una reinterpretación del Mar de Bronce de Judea, sostenido por doce toros, aquí reemplazados por doce leones.
La taza central probablemente fue tallada in situ y contiene inscripciones poéticas que elogian a Muhammad V y alaban el sistema hidráulico que alimenta la fuente y regula el flujo del agua para evitar desbordamientos.
“En apariencia, agua y mármol parecen confundirse sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves cómo el agua se derrama en la taza, pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator.
¿No es, en realidad, cual blanca nube que vierte en los leones sus acequias y parece la mano del califa que, de mañana prodiga a los leones de la guerra sus favores?”
La fuente sufrió diversas transformaciones a lo largo del tiempo. En el siglo XVII se le añadió una segunda taza, que fue retirada en el siglo XX y reubicada en el Jardín de los Adarves de la Alcazaba.
PEINADOR DE LA REINA Y PATIO DE LA REJA
La adaptación cristiana del palacio conllevó la creación de un acceso directo a la Torre de Comares mediante una galería abierta de dos pisos. Esta galería ofrece unas vistas magníficas hacia dos de los barrios más emblemáticos de Granada: el Albaicín y el Sacromonte.
Desde la galería, mirando hacia la derecha, también se divisa el Peinador de la Reina, que al igual que otras zonas mencionadas solo puede visitarse en ocasiones especiales o como espacio del mes.
El Peinador de la Reina se sitúa en la Torre de Yusuf I, una torre adelantada respecto a la muralla. Su nombre cristiano proviene del uso que le dio Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, durante su estancia en la Alhambra.
En su interior, el espacio fue adaptado a la estética cristiana y alberga valiosas pinturas renacentistas realizadas por Julio de Aquiles y Alexander Mayner, discípulos de Rafael Sanzio, también conocido como Rafael de Urbino.
Al descender desde la galería, nos encontramos con el Patio de la Reja. Su nombre proviene del balcón corrido con rejas de hierro forjado, instaladas a mediados del siglo XVII. Estas rejas servían como corredor abierto para conectar y proteger las estancias adyacentes.
SALA DE LAS DOS HERMANAS
La Sala de las Dos Hermanas recibe su nombre actual por la presencia de dos losas gemelas de mármol de Macael emplazadas en el centro de la sala.
Esta sala guarda cierta semejanza con la Sala de los Abencerrajes: se encuentra a una altura superior respecto al patio y, tras la entrada, presenta dos puertas. La de la izquierda daba acceso al retrete y la de la derecha comunicaba con las estancias superiores de la vivienda.
A diferencia de su sala gemela, esta se abre al norte hacia la Sala de los Ajimeces y hacia un pequeño mirador: el Mirador de Lindaraja.
Durante la dinastía nazarí, en tiempos de Muhammad V, esta sala era conocida como *qubba al-kubra*, es decir, la qubba mayor, la más importante del Palacio de los Leones. El término *qubba* hace referencia a una planta cuadrada cubierta con una cúpula.
La cúpula parte de una estrella de ocho puntas, desplegándose en un trazado tridimensional compuesto por 5.416 mocárabes, algunos de los cuales aún conservan restos de policromía. Estos mocárabes se distribuyen en dieciséis cupulines situados sobre dieciséis ventanas con celosías que aportan luz cambiante a la estancia según el momento del día.
SALA DE LOS ABENCERRAJES
Antes de acceder a la sala occidental, también conocida como la Sala de los Abencerrajes, nos encontramos con unas puertas de madera con un labrado remarcable que se conservan desde la época medieval.
El nombre de esta sala está ligado a una leyenda según la cual, debido a un rumor sobre un escarceo amoroso entre un caballero abencerraje y la favorita del sultán, o por supuestas conspiraciones de esta familia para derrocar al monarca, el sultán, lleno de ira, mandó llamar a los caballeros Abencerrajes. Treinta y seis de ellos perdieron la vida como consecuencia.
Esta historia fue recogida en el siglo XVI por el escritor Ginés Pérez de Hita en su novela sobre las *Guerras Civiles de Granada*, donde narra que los caballeros fueron asesinados en esta misma sala.
Por este motivo, algunos afirman ver en las manchas de óxido de la fuente central un vestigio simbólico de los ríos de sangre de aquellos caballeros.
Esta leyenda también inspiró al pintor español Mariano Fortuny, quien la plasmó en su obra titulada *La matanza de los Abencerrajes*.
Al traspasar la puerta, encontramos dos accesos: el de la derecha conducía al retrete y el de la izquierda a unas escaleras que llevaban a las dependencias superiores.
La Sala de los Abencerrajes es una vivienda privada e independiente en planta baja, estructurada en torno a una gran *qubba* (cúpula en árabe).
La cúpula de yeso está ricamente decorada con mocárabes que parten de una estrella de ocho puntas en una compleja composición tridimensional. Los mocárabes son elementos arquitectónicos a base de prismas colgantes de formas cóncavas y convexas, que recuerdan a estalactitas.
Al adentrarse en la sala, se percibe un descenso de temperatura. Esto se debe a que las únicas ventanas están situadas en la parte superior, permitiendo que el aire caliente escape. Mientras tanto, el agua de la fuente central refresca el ambiente, haciendo que, con las puertas cerradas, la sala funcione como una especie de cueva con temperatura ideal para los días más calurosos del verano.
SALA DE LOS AJIMECES Y MIRADOR DE LINDARAJA
Tras la Sala de las Dos Hermanas, encontramos al norte una nave transversal cubierta por una bóveda de mocárabes. Esta estancia recibe el nombre de Sala de los Ajimeces por el tipo de ventanas que debieron cerrar los vanos situados a ambos lados del arco central que da paso al Mirador de Lindaraja.
Se cree que las paredes blancas de esta sala estaban originalmente tapizadas con telas de seda.
El llamado Mirador de Lindaraja debe su nombre a la derivación del término árabe *Ayn Dar Aisa*, que significa “los ojos de la Casa de Aisa”.
A pesar de sus reducidas dimensiones, el interior del mirador alberga una decoración destacable. Por un lado, presenta un alicatado con sucesiones de estrellas enlazadas de pequeño tamaño, lo cual exigió un trabajo minucioso por parte de los artesanos. Por otro lado, si uno se acerca y alza la vista, puede observar un techo con cristales de colores encajados en una estructura de madera, a modo de linterna cenital.
Esta linterna es una muestra representativa de cómo debieron ser muchos de los cierres o ajimeces de la Alhambra palatina. Cuando la luz del sol incide sobre los cristales, proyecta reflejos de colores que iluminan la decoración, otorgando al espacio una atmósfera única y cambiante a lo largo del día.
Durante la época nazarí, cuando el patio aún no estaba cerrado, una persona podía sentarse en el suelo del mirador, apoyar el brazo en el alféizar de la ventana y disfrutar de unas vistas espectaculares hacia el barrio del Albayzín. Estas vistas se perdieron a comienzos del siglo XVI, cuando se construyeron las dependencias destinadas a ser residencia del emperador Carlos V.
SALA DE LOS REYES
La Sala de los Reyes ocupa todo el lado este del Patio de los Leones y, aunque aparece integrada en el palacio, se piensa que tuvo una función propia, probablemente de carácter lúdico o áulico.
Este espacio destaca por conservar uno de los pocos ejemplos de pintura figurativa nazarí.
En las tres alcobas de aproximadamente quince metros cuadrados cada una, hay tres falsas bóvedas decoradas con pinturas realizadas sobre cuero de cordero. Estas pieles fueron fijadas al soporte de madera mediante pequeños clavos de bambú, técnica que evitaba la oxidación del material.
El nombre de la sala probablemente proviene de la interpretación de la pintura de la alcoba central, en la que se representan diez figuras que podrían corresponder a los primeros diez sultanes de la Alhambra.
En las alcobas laterales se pueden observar escenas caballerescas de lucha, caza, juegos y amor. En ellas se distingue claramente, por la vestimenta, la presencia de personajes cristianos y musulmanes compartiendo el mismo espacio.
Sobre el origen de estas pinturas se ha debatido ampliamente. Debido a su estilo gótico lineal, se piensa que probablemente fueron realizadas por artistas cristianos conocedores del mundo musulmán. Es posible que estas obras sean fruto de la buena relación entre Muhammad V, fundador de este palacio, y el rey cristiano Pedro I de Castilla.
SALA DE LOS SECRETOS
La Sala de los Secretos es una estancia de planta cuadrada, cubierta con una bóveda esférica.
En esta sala ocurre algo muy particular y curioso que la convierte en una de las atracciones favoritas para los visitantes de la Alhambra, especialmente para los más pequeños.
El fenómeno consiste en que, si una persona se coloca en uno de los vértices de la sala y otra en el vértice opuesto —ambas de cara a la pared y lo más cerca posible de ella—, una de ellas puede hablar en voz muy baja y la otra escuchará perfectamente el mensaje, como si estuviera justo a su lado.
Es gracias a este “juego” acústico que la sala recibe su nombre: **Sala de los Secretos**.
SALA DE LOS MOCÁRABES
El conocido como Palacio de los Leones fue mandado construir durante el segundo reinado del sultán Muhammad V, que comenzó en 1362 y se prolongó hasta 1391. En esta etapa se inicia la construcción del Palacio de los Leones, colindante con el Palacio de Comares, que había sido edificado por su padre, el sultán Yusuf I.
Este nuevo palacio también fue denominado *Palacio del Riyad*, ya que se cree que fue levantado sobre los antiguos Jardines de Comares. El término *Riyad* significa “jardín”.
Se piensa que el acceso original al palacio se realizaba por el ángulo sureste, desde la Calle Real y a través de un acceso en recodo. Actualmente, debido a las modificaciones cristianas tras la conquista, se accede directamente desde el Palacio de Comares a la Sala de los Mocárabes.
La Sala de los Mocárabes recibe su nombre por la impresionante bóveda de mocárabes que la cubría originalmente, y que se desplomó casi por completo como consecuencia de las vibraciones provocadas por la explosión de un polvorín en la Carrera del Darro en 1590.
Aún pueden observarse restos de esta bóveda en uno de los lados. En el lado opuesto, quedan restos de una bóveda cristiana posterior, en la que aparecen las letras “F. Y.”, tradicionalmente asociadas a Fernando e Isabel, aunque en realidad corresponden a Felipe V e Isabel de Farnesio, quienes visitaron la Alhambra en 1729.
Se cree que la sala pudo haber funcionado como zaguán o sala de espera para los invitados a las celebraciones, fiestas y recepciones del sultán.
EL PARTAL – INTRODUCCIÓN
El amplio espacio conocido hoy como Jardines del Partal debe su nombre al Palacio del Pórtico, denominado así por la galería porticada que presenta.
Se trata del palacio más antiguo conservado del conjunto monumental, cuya construcción se atribuye al sultán Muhammad III a principios del siglo XIV.
Este palacio guarda cierta similitud con el Palacio de Comares, aunque sea anterior: un patio rectangular, una alberca central y el reflejo del pórtico sobre el agua a modo de espejo. Su principal elemento diferenciador es la presencia de una torre lateral, conocida desde el siglo XVI como Torre de las Damas, aunque también ha recibido el nombre de Observatorio, ya que Muhammad III era un gran aficionado a la astronomía. La torre cuenta con ventanas orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, lo que permite disfrutar de vistas espectaculares.
Una curiosidad notable es que este palacio fue de titularidad privada hasta el 12 de marzo de 1891, cuando su propietario, Arthur Von Gwinner, banquero y cónsul alemán, cedió el edificio y el terreno inmediato al Estado español.
Lamentablemente, Von Gwinner desmontó el techo de madera del mirador y lo trasladó a Berlín, donde actualmente se expone en el Museo de Pérgamo como una de las piezas más destacadas de su colección de arte islámico.
Colindando con el Palacio del Partal, a la izquierda de la Torre de las Damas, se encuentran unas casas nazaríes. Una de ellas fue llamada Casa de las Pinturas debido al hallazgo, a principios del siglo XX, de pinturas realizadas al temple sobre estuco del siglo XIV. Estas pinturas, de gran valor, constituyen un raro ejemplo de pintura mural figurativa nazarí, con escenas cortesanas, de caza y celebraciones.
Debido a su importancia y por razones de conservación, estas viviendas no están abiertas al público.
ORATORIO DEL PARTAL
A la derecha del Palacio del Partal, sobre el adarve de la muralla, se encuentra el Oratorio del Partal, cuya construcción se atribuye al sultán Yusuf I. El acceso se realiza mediante unas pequeñas escaleras, ya que se encuentra elevado respecto al nivel del suelo.
Uno de los pilares del Islam es rezar cinco veces al día en dirección a La Meca. El oratorio funcionaba como una capilla palatina que permitía a los habitantes del palacio cercano cumplir con esta obligación religiosa.
A pesar de sus reducidas dimensiones (unos doce metros cuadrados), el oratorio cuenta con un pequeño vestíbulo y una sala de oración. Su interior presenta una rica decoración en yesería con motivos vegetales y geométricos, así como inscripciones coránicas.
Al subir las escaleras, justo frente a la puerta de entrada, se encuentra en el muro suroeste el mihrab, orientado hacia La Meca. Tiene planta poligonal, un arco de herradura adovelado y está cubierto por una cúpula de mocárabes.
Destaca especialmente la inscripción epigráfica ubicada en las impostas del arco del mihrab, que invita a la oración: “Ven a orar y no seas de los negligentes.”
Adosada al oratorio se encuentra la Casa de Atasio de Bracamonte, que fue cedida en 1550 a quien fuera escudero del alcaide de la Alhambra, el Conde de Tendilla.
PARTAL ALTO – PALACIO DE YUSUF III
En la parata más elevada de la zona del Partal se hallan los restos arqueológicos del Palacio de Yusuf III. Este palacio fue cedido en junio de 1492 por los Reyes Católicos al primer gobernador de la Alhambra, Don Íñigo López de Mendoza, segundo Conde de Tendilla. Por ello, también se le conoce como el Palacio de Tendilla.
La razón por la cual este palacio se encuentra en ruinas tiene su origen en las desavenencias surgidas en el siglo XVIII entre los descendientes del Conde de Tendilla y Felipe V de Borbón. A la muerte sin herederos del archiduque Carlos II de Austria, la familia de Tendilla apoyó al archiduque Carlos de Austria en lugar de a Felipe de Borbón. Tras la entronización de Felipe V, se tomaron represalias: en 1718 se les retiró la alcaidía de la Alhambra y más tarde el palacio, que fue desmantelado y sus materiales vendidos.
Algunos de esos materiales reaparecieron en el siglo XX en colecciones privadas. Se cree que el conocido como “Azulejo Fortuny”, conservado en el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid, podría proceder de este palacio.
Desde 1740 en adelante, el solar del palacio se convirtió en una zona de huertas arrendadas.
Fue en 1929 cuando esta área fue recuperada por el Estado español y reintegrada en la propiedad de la Alhambra. Gracias al trabajo de Leopoldo Torres Balbás, arquitecto y restaurador de la Alhambra, este espacio fue puesto en valor mediante la creación de un jardín arqueológico.
PASEO DE LAS TORRES Y TORRE DE LOS PICOS
La muralla de la ciudad palatina contaba en su origen con más de treinta torres, de las cuales hoy solo se conservan una veintena. Inicialmente, estas torres tenían una función estrictamente defensiva, aunque con el tiempo algunas adoptaron también un uso residencial.
A la salida de los Palacios Nazaríes, desde la zona del Partal Alto, parte un camino empedrado que conduce al Generalife. Este recorrido sigue el lienzo de muralla donde se encuentran algunas de las torres más emblemáticas del conjunto, enmarcado por una zona ajardinada con bellas vistas al Albaicín y a las huertas del Generalife.
Una de las torres más destacadas es la Torre de los Picos, construida por Muhammad II y reformada posteriormente por otros sultanes. Es fácilmente reconocible por sus almenas en forma de pirámides de ladrillo, de donde podría derivar su nombre. Sin embargo, otros autores creen que el nombre procede de las ménsulas que sobresalen en sus esquinas superiores y que sostenían los matacanes, elementos defensivos que permitían contrarrestar ataques desde lo alto.
La principal función de la torre era proteger la Puerta del Arrabal situada en su base, que comunicaba con la Cuesta del Rey Chico, facilitando el acceso al barrio del Albaicín y al antiguo camino medieval que conectaba la Alhambra con el Generalife.
En época cristiana se construyó un baluarte exterior con caballerizas para reforzar su protección, que se cierra con una nueva entrada conocida como la Puerta del Hierro.
Aunque comúnmente se asocia a las torres una función militar exclusiva, se sabe que la Torre de los Picos también tuvo un uso residencial, como lo demuestra la ornamentación presente en su interior.
TORRE DE LA CAUTIVA
La Torre de la Cautiva ha recibido diversos nombres a lo largo del tiempo, como Torre de la Ladrona o Torre de la Sultana, aunque finalmente ha prevalecido el más popular: Torre de la Cautiva.
Esta denominación no se basa en hechos históricos comprobados, sino que es fruto de una leyenda romántica según la cual en esta torre estuvo prisionera Isabel de Solís, quien más tarde se convirtió al islam bajo el nombre de Zoraida y llegó a ser la sultana favorita de Muley Hacén. Esta situación provocó tensiones con Aixa, la anterior sultana y madre de Boabdil, dado que Zoraida —cuyo nombre significa “lucero del alba”— desplazó su posición en la corte.
La construcción de esta torre se atribuye al sultán Yusuf I, también responsable del Palacio de Comares. Esta atribución está respaldada por las inscripciones en la sala principal, obra del visir Ibn al-Yayyab, que elogian a este sultán.
En los poemas inscritos en las paredes, el visir utiliza repetidamente el término qal’ahurra, que ha sido empleado desde entonces para referirse a palacios fortificados, como es el caso de esta torre. Además de cumplir funciones defensivas, la torre alberga en su interior un auténtico palacio con una rica decoración.
En cuanto a su ornamentación, destaca en la sala principal el zócalo de alicatado cerámico con formas geométricas de diversos colores. Entre ellos sobresale el color púrpura, cuya obtención en la época era especialmente difícil y costosa, por lo que se reservaba exclusivamente para espacios de gran relevancia.
TORRE DE LAS INFANTAS
La Torre de las Infantas, al igual que la Torre de la Cautiva, debe su nombre a una leyenda.
Se trata de la leyenda de las tres princesas Zaida, Zoraida y Zorahaida, que habitaron esta torre, historia que fue recogida por Washington Irving en sus célebres *Cuentos de la Alhambra*.
La construcción de esta torre-palacio, o *qalahurra*, se atribuye al sultán Muhammad VII, quien reinó entre 1392 y 1408. Por tanto, se trata de una de las últimas torres construidas por la dinastía nazarí.
Esta circunstancia se refleja en la decoración del interior, que presenta signos de cierta decadencia en comparación con los periodos anteriores de mayor esplendor artístico.
TORRE DEL CABO DE CARRERA
Al final del Paseo de las Torres, en la parte más oriental de la muralla norte, se encuentran los restos de una torre de forma cilíndrica: la Torre del Cabo de Carrera.
Esta torre fue prácticamente destruida como consecuencia de las voladuras perpetradas en 1812 por las tropas napoleónicas durante su retirada de la Alhambra.
Se cree que fue construida o reedificada por orden de los Reyes Católicos en el año 1502, como lo confirmaba una inscripción hoy desaparecida.
Su nombre proviene de su ubicación en el extremo de la Calle Mayor de la Alhambra, marcando el límite o “cabo de carrera” de dicha vía.
FACHADAS DEL PALACIO DE CARLOS V
El Palacio de Carlos V, con sus sesenta y tres metros de ancho y diecisiete metros de alto, sigue las proporciones de la arquitectura clásica, motivo por el cual se divide horizontalmente en dos niveles con arquitectura y decoración claramente diferenciadas.
Para la decoración de sus fachadas se utilizaron tres tipos de piedra: caliza gris y compacta de Sierra Elvira, mármol blanco de Macael y serpentinita verde del Barranco de San Juan.
La decoración exterior exalta la imagen del emperador Carlos V, resaltando sus virtudes mediante referencias mitológicas e históricas.
Las fachadas más destacadas son las del lado sur y oeste, ambas diseñadas como arcos de triunfo. La portada principal se encuentra en el lado oeste, donde la puerta principal está coronada por victorias aladas. A ambos lados hay dos pequeñas puertas sobre las que se encuentran medallones con figuras de soldados a caballo en actitud de combate.
En los pedestales de las columnas se presentan relieves duplicados simétricamente. Los relieves centrales simbolizan la Paz: muestran dos mujeres sentadas sobre un montículo de armas, portando ramas de olivo y sosteniendo las Columnas de Hércules, la esfera del mundo con la corona imperial y el lema *PLUS ULTRA*, mientras unos angelotes queman la artillería de guerra.
Los relieves laterales representan escenas bélicas, como la Batalla de Pavía, donde Carlos V venció a Francisco I de Francia.
En la parte superior se encuentran balcones flanqueados por medallones que representan dos de los doce trabajos de Hércules: uno matando al León de Nemea y otro enfrentándose al Toro de Creta. En el medallón central aparece el Escudo de España.
En la parte inferior del palacio destacan los sillares almohadillados rústicos, diseñados para transmitir una sensación de solidez. Sobre ellos se hallan anillas de bronce sostenidas por figuras de animales como leones —símbolos de poder y protección—, y en las esquinas, águilas dobles, en alusión al poder imperial y al emblema heráldico del emperador: el águila bicéfala de Carlos I de España y V de Alemania.
INTRODUCCIÓN AL PALACIO DE CARLOS V
El emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, nieto de los Reyes Católicos e hijo de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso, visitó Granada en el verano de 1526 tras haberse casado con Isabel de Portugal en Sevilla, para pasar su luna de miel.
Al llegar, el emperador quedó cautivado por el encanto de la ciudad y de la Alhambra, y decidió construir un nuevo palacio en la ciudad palatina. Este palacio sería conocido como la Casa Real Nueva, en contraposición a los Palacios Nazaríes, denominados desde entonces como Casa Real Vieja.
Las obras fueron encargadas al arquitecto y pintor toledano Pedro Machuca, de quien se dice que fue discípulo de Miguel Ángel, lo que explicaría su profundo conocimiento del Renacimiento clásico.
Machuca proyectó un palacio monumental de estilo renacentista, con planta cuadrada y un círculo integrado en su interior, inspirado en los monumentos de la antigüedad clásica.
La construcción comenzó en 1527 y fue financiada en gran parte con los tributos que los moriscos debían pagar para seguir viviendo en Granada y conservar sus costumbres y ritos.
En 1550, Pedro Machuca falleció sin haber concluido el palacio. Fue su hijo Luis quien continuó el proyecto, pero tras su muerte, las obras se detuvieron durante un tiempo. Se retomaron en 1572 bajo el reinado de Felipe II, encomendándose a Juan de Orea por recomendación de Juan de Herrera, arquitecto del Monasterio de El Escorial. Sin embargo, debido a la falta de recursos provocada por la Guerra de las Alpujarras, no se realizaron avances significativos.
No fue hasta el siglo XX cuando se culminó la edificación del palacio. Primero bajo la dirección del arquitecto-restaurador Leopoldo Torres Balbás, y finalmente en 1958 por Francisco Prieto Moreno.
El Palacio de Carlos V fue concebido como un símbolo de paz universal, reflejando las aspiraciones políticas del emperador. Sin embargo, Carlos V nunca llegó a conocer personalmente el palacio que mandó construir.
MUSEO DE LA ALHAMBRA
El Museo de la Alhambra se encuentra en la planta baja del Palacio de Carlos V y está distribuido en siete salas dedicadas a la cultura y al arte hispanomusulmán.
Alberga la mejor colección existente de arte nazarí, compuesta por piezas halladas en excavaciones y restauraciones llevadas a cabo en la propia Alhambra a lo largo del tiempo.
Entre las obras expuestas destacan elementos de yesería, columnas, carpintería, cerámica de diversos estilos —como el célebre Jarrón de las Gacelas—, una copia de la lámpara de la mezquita mayor de la Alhambra, así como lápidas, monedas y otros objetos de gran valor histórico.
Esta colección constituye el complemento ideal para la visita al complejo monumental, ya que permite comprender mejor la vida cotidiana y la cultura durante la etapa nazarí.
La entrada al museo es gratuita, aunque es importante tener en cuenta que permanece cerrado los lunes.
PATIO DEL PALACIO DE CARLOS V
Cuando Pedro Machuca proyectó el Palacio de Carlos V, lo hizo utilizando formas geométricas con fuerte simbolismo renacentista: el cuadrado para representar el mundo terrenal, el círculo interior como símbolo de lo divino y de la creación, y el octógono —reservado para la capilla— como unión entre ambos mundos.
Al acceder al palacio, nos encontramos con un imponente patio circular porticado, elevado respecto al exterior. Este patio está rodeado por dos galerías superpuestas, ambas con treinta y dos columnas. En la planta baja las columnas son de orden dórico-toscano, y en la planta superior, de orden jónico.
Las columnas fueron realizadas en piedra pudinga o de almendrilla, procedente del pueblo granadino de El Turro. Este material fue elegido por ser más económico que el mármol originalmente previsto en el diseño.
La galería inferior cuenta con una bóveda anular que posiblemente estaba destinada a ser decorada con pinturas al fresco. Por su parte, la galería superior dispone de una techumbre de casetones de madera.
En el friso que recorre el patio destacan los *burocráneos*, representaciones de cráneos de buey, un motivo decorativo con raíces en la antigua Grecia y Roma, donde se usaban en frisos y sepulcros vinculados a sacrificios rituales.
Las dos plantas del patio están comunicadas por dos escaleras: una en el lado norte, construida en el siglo XVII, y otra también al norte, diseñada ya en el siglo XX por el arquitecto conservador de la Alhambra, Francisco Prieto Moreno.
Aunque nunca fue utilizado como residencia real, el palacio alberga actualmente dos importantes museos: el Museo de Bellas Artes en la planta superior, con una destacada colección de pintura y escultura granadina de los siglos XV al XX, y el Museo de la Alhambra en la planta baja, al que se accede por el zaguán occidental.
Además de su función museística, el patio central cuenta con una acústica excepcional, lo que lo convierte en un escenario privilegiado para conciertos y representaciones teatrales, especialmente durante el Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
BAÑO DE LA MEZQUITA
En la Calle Real, en el solar contiguo a la actual Iglesia de Santa María de la Alhambra, se encuentra el Baño de la Mezquita.
Este baño fue construido durante el reinado del sultán Muhammad III y financiado mediante la yizya, un impuesto que se cobraba a los cristianos por sembrar tierras en la frontera.
El uso del hammam o baño era esencial en la vida cotidiana de una ciudad islámica, y la Alhambra no era una excepción. Por su cercanía a la mezquita, este baño cumplía una función religiosa clave: permitir las abluciones o rituales de purificación antes de la oración.
Sin embargo, su función no era exclusivamente religiosa. El hammam también servía para la higiene personal y era un importante punto de encuentro social.
Su uso estaba regulado por horarios, siendo por la mañana para los hombres y por la tarde para las mujeres.
Inspirados en las termas romanas, los baños musulmanes compartían con ellas la distribución en salas, aunque eran de menor tamaño y su funcionamiento se basaba en el vapor, a diferencia de las termas romanas que eran de inmersión.
El baño constaba de cuatro espacios principales: una sala de reposo o vestuario, una sala fría o templada, una sala caliente y una zona de calderas adosada a esta última.
El sistema de calefacción utilizado era el hipocausto, un sistema de calefacción subterráneo que calentaba el suelo mediante aire caliente generado por un horno y distribuido a través de una cámara bajo el pavimento.
EX CONVENTO DE SAN FRANCISCO – PARADOR DE TURISMO
El actual Parador de Turismo fue originalmente el Convento de San Francisco, edificado en 1494 sobre un antiguo palacio nazarí que, según la tradición, habría pertenecido a un infante musulmán.
Tras la toma de Granada, los Reyes Católicos cedieron este espacio para fundar el primer convento franciscano de la ciudad, cumpliendo así una promesa realizada al patriarca de Asís años antes de la conquista.
Con el tiempo, este lugar se convirtió en el primer lugar de enterramiento de los Reyes Católicos. Un mes y medio antes de su fallecimiento en Medina del Campo en 1504, la reina Isabel dejó especificado en su testamento su deseo de ser enterrada en este convento, vestida con hábito franciscano. En 1516, fue enterrado junto a ella el rey Fernando.
Ambos permanecieron allí sepultados hasta 1521, cuando su nieto, el emperador Carlos V, ordenó trasladar sus restos a la Capilla Real de Granada, donde hoy reposan junto a Juana I de Castilla, Felipe el Hermoso y el infante Miguel de Paz.
Actualmente, es posible visitar este primer lugar de enterramiento accediendo al patio del Parador. Bajo una cúpula de mocárabes se conservan las lápidas originales de ambos monarcas.
Desde junio de 1945, este edificio alberga el Parador de San Francisco, un alojamiento turístico de alta categoría cuya propiedad y gestión corresponden al Estado español.
LA MEDINA
La palabra “medina”, que en árabe significa “ciudad”, hacía referencia a la zona más elevada de la colina de la Sabika, en la Alhambra.
Esta medina albergaba una intensa actividad cotidiana, ya que era el área donde se concentraban los oficios y la población que hacía posible la vida de la corte nazarí dentro de la ciudad palatina.
En ella se producían tejidos, cerámica, pan, vidrio e incluso monedas. Además de las viviendas de los trabajadores, también existían edificios públicos esenciales como baños, mezquitas, zocos, aljibes, hornos, silos y talleres.
Para el correcto funcionamiento de esta ciudad en miniatura, la Alhambra contaba con su propio sistema de legislación, administración y recaudación de impuestos.
Hoy en día solo se conservan algunos vestigios de aquella medina nazarí original. La transformación de la zona por parte de los pobladores cristianos tras la conquista y, posteriormente, las explosiones de pólvora provocadas por las tropas napoleónicas durante su retirada, contribuyeron a su deterioro.
A mediados del siglo XX se emprendió un programa arqueológico de rehabilitación y adaptación de esta área. Fruto de ello, se trazó también un paseo ajardinado sobre una antigua calle medieval, que hoy conecta con el Generalife.
PALACIO ABENCERRAJE
En la medina real, adosado a la muralla meridional, se encuentran los restos del llamado Palacio de los Abencerrajes, nombre castellanizado de la familia Banu Sarray, una noble estirpe de origen norteafricano perteneciente a la corte nazarí.
Los vestigios que hoy pueden contemplarse son el resultado de excavaciones iniciadas en la década de 1930, ya que anteriormente el espacio se encontraba muy deteriorado, en gran parte por las explosiones causadas por las tropas napoleónicas durante su retirada.
Gracias a estas intervenciones arqueológicas, se ha podido constatar la importancia que tuvo esta familia en la corte nazarí, no solo por la extensión del palacio sino también por su ubicación privilegiada: en la zona alta de la medina, justo en el eje urbano principal de la Alhambra.
PUERTA DE LA JUSTICIA
La Puerta de la Justicia, conocida en árabe como Bab al-Sharía, es una de las cuatro puertas exteriores de la ciudad palatina de la Alhambra. Al tratarse de una entrada exterior, cumplía una importante función defensiva, como se aprecia en su estructura de doble recodo y en el pronunciado desnivel del terreno.
Su construcción, integrada en una torre adosada a la muralla sur, se atribuye al sultán Yúsuf I en el año 1348.
La puerta presenta dos arcos de herradura apuntada. Entre ellos se abre una zona a cielo abierto, conocida como buhedera, desde la cual era posible defender la entrada arrojando materiales desde la terraza en caso de ataque.
Más allá de su valor estratégico, esta puerta posee una fuerte carga simbólica en el contexto islámico. Destacan especialmente dos elementos decorativos: la mano y la llave.
La mano representa los cinco pilares del Islam y simboliza protección y hospitalidad. La llave, por su parte, es un emblema de la fe. Su presencia conjunta podría interpretarse como una alegoría del poder espiritual y terrenal.
La leyenda popular dice que, si algún día la mano y la llave llegan a tocarse, significará la caída de la Alhambra… y con ello, el fin del mundo, pues implicaría la pérdida de su esplendor.
Estos símbolos islámicos contrastan con otro añadido cristiano: una escultura gótica de la Virgen con el Niño, obra de Ruberto Alemán, colocada en una hornacina sobre el arco interior por orden de los Reyes Católicos tras la toma de Granada.
PUERTA DE LOS CARROS
La Puerta de los Carros no corresponde a una abertura original de la muralla nazarí. Fue abierta entre los años 1526 y 1536 con un propósito funcional muy concreto: permitir el acceso de los carros que transportaban materiales y columnas para la construcción del Palacio de Carlos V.
En la actualidad, esta puerta sigue cumpliendo una función práctica. Es el acceso peatonal al recinto sin necesidad de ticket, lo que permite visitar libremente el Palacio de Carlos V y los museos que alberga en su interior.
Además, es la única puerta habilitada para el acceso de vehículos autorizados, incluyendo a huéspedes de los hoteles ubicados dentro del recinto de la Alhambra, taxis, servicios especiales, sanitarios y vehículos de mantenimiento.
PUERTA DE LOS SIETE SUELOS
La ciudad palatina de la Alhambra estaba rodeada por una extensa muralla que contaba con cuatro puertas principales de acceso desde el exterior. Para garantizar su defensa, estas puertas presentaban una característica distribución en recodo, dificultando el avance de los posibles atacantes y facilitando emboscadas desde el interior.
La Puerta de los Siete Suelos, situada en la muralla sur, es una de estas entradas. En época nazarí, era conocida como Bib al-Gudur o “Puerta de los Pozos”, debido a la existencia cercana de silos o mazmorras, posiblemente utilizados como prisiones.
Su nombre actual proviene de la creencia popular de que existen siete niveles o pisos bajo ella. Aunque solo se han documentado dos, esta creencia ha alimentado múltiples leyendas y cuentos, como el relato de Washington Irving “La leyenda del legado del moro”, en el que se menciona un tesoro escondido en los sótanos secretos de la torre.
La tradición sostiene que esta fue la última puerta utilizada por Boabdil y su séquito al dirigirse a la Vega de Granada el 2 de enero de 1492 para entregar las llaves del Reino a los Reyes Católicos. Igualmente, fue por esta puerta por donde accedieron las primeras tropas cristianas sin resistencia.
La puerta que contemplamos hoy es una reconstrucción, ya que la original fue en gran parte destruida por la explosión de las tropas napoleónicas en 1812 durante su retirada.
PUERTA DEL VINO
La Puerta del Vino fue la puerta principal de acceso a la Medina de la Alhambra. Su construcción se atribuye al sultán Muhammad III a comienzos del siglo XIV, aunque sus portadas fueron remodeladas posteriormente por Muhammad V.
El nombre de “Puerta del Vino” no proviene del periodo nazarí, sino de la etapa cristiana, a partir de 1556, cuando se permitía a los vecinos de la Alhambra comprar vino libre de impuestos en este lugar.
Al tratarse de una puerta interior, su trazado es recto y directo, a diferencia de las puertas exteriores como la de la Justicia o la de las Armas, que se diseñaban en recodo para mejorar la defensa.
Aunque no cumplía funciones defensivas primarias, contaba con bancos en el interior para los soldados encargados del control del acceso, así como una estancia en la parte superior destinada a la residencia y descanso del cuerpo de guardia.
La fachada occidental, orientada hacia la Alcazaba, era la de ingreso. Sobre el dintel del arco de herradura se encuentra el símbolo de la llave, emblema solemne de bienvenida y de la dinastía nazarí.
En la fachada oriental, que da hacia el Palacio de Carlos V, destacan especialmente las albanegas del arco decoradas con azulejos elaborados mediante la técnica de cuerda seca, ofreciendo un bello ejemplo del arte decorativo hispanomusulmán.
SANTA MARÍA DE LA ALHAMBRA
En tiempos de la dinastía nazarí, el solar que hoy ocupa la Iglesia de Santa María de la Alhambra albergaba la Mezquita Aljama o Mezquita Mayor de la Alhambra, construida a principios del siglo XIV por el sultán Muhammad III.
Tras la toma de Granada el 2 de enero de 1492, la mezquita fue bendecida para el culto cristiano y se celebró en ella la primera misa. Por decisión de los Reyes Católicos, se consagró bajo la advocación de Santa María y se estableció allí la primera sede arzobispal.
A finales del siglo XVI, la antigua mezquita se encontraba en estado ruinoso, lo que motivó su demolición y la construcción de un nuevo templo cristiano, cuya finalización tuvo lugar en 1618.
Del edificio islámico apenas quedan vestigios. El elemento más significativo conservado es una lámpara de bronce con inscripción epigráfica datada en 1305, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Una réplica de esta lámpara puede verse en el Museo de la Alhambra, en el Palacio de Carlos V.
La Iglesia de Santa María de la Alhambra presenta una planta sencilla con una sola nave y tres capillas laterales a cada lado. En su interior destaca la imagen titular: la Virgen de las Angustias, obra del siglo XVIII realizada por Torcuato Ruiz del Peral.
Esta imagen, también conocida como la Virgen de la Piedad, es la única que procesiona en Granada cada Sábado Santo, si el tiempo lo permite. Lo hace sobre un trono de gran belleza que imita en plata repujada las arquerías del emblemático Patio de los Leones.
Como curiosidad, el poeta granadino Federico García Lorca fue miembro de esta cofradía.
TENERÍA
Antes del actual Parador de Turismo y hacia la zona este, se encuentran los restos de la tenería o curtiduría medieval, una instalación dedicada al tratamiento de pieles: su limpieza, curtido y teñido. Esta era una actividad común en todo al-Ándalus.
La tenería de la Alhambra es de dimensiones reducidas si se compara con otras similares en el norte de África. Sin embargo, hay que tener en cuenta que su función estaba destinada exclusivamente a cubrir las necesidades de la corte nazarí.
Contaba con ocho pequeñas albercas de distintos tamaños, tanto rectangulares como circulares, donde se almacenaban la cal y los tintes empleados en el proceso de curtido de las pieles.
Esta actividad requería abundante agua, motivo por el cual la tenería se ubicó junto a la Acequia Real, aprovechando así su caudal constante. Su existencia es también un indicio de la gran cantidad de agua disponible en esta zona de la Alhambra.
TORRE DEL AGUA Y ACEQUIA REAL
La Torre del Agua es una imponente construcción situada en el ángulo suroeste de la muralla de la Alhambra, cerca del actual acceso principal desde las taquillas. Aunque cumplía funciones defensivas, su misión más relevante era proteger la entrada de la Acequia Real, de ahí su nombre.
La acequia llegaba a la ciudad palatina tras cruzar un acueducto y bordeaba la cara norte de la torre para abastecer de agua a toda la Alhambra.
La torre que hoy contemplamos es fruto de una profunda reconstrucción. Durante la retirada de las tropas napoleónicas en 1812, sufrió graves daños por explosiones de pólvora, quedando a mediados del siglo XX reducida prácticamente a su base maciza.
Esta torre era esencial, ya que permitía la entrada del agua —y por tanto de la vida— a la ciudad palatina. En su origen, la colina de la Sabika carecía de fuentes naturales de agua, lo cual supuso un desafío importante para los nazaríes.
Por ello, el sultán Muhammad I ordenó una gran obra de ingeniería hidráulica: la construcción de la llamada Acequia del Sultán. Esta acequia capta el agua del río Darro a unos seis kilómetros de distancia, en una zona de mayor altitud, aprovechando la pendiente para conducir el agua por gravedad.
La infraestructura incluyó una presa de almacenamiento, una noria movida por animales, y un canal revestido de ladrillo —la acequia— que atraviesa montañas de forma subterránea, ingresando por la parte alta del Generalife.
Para salvar el profundo desnivel entre el Cerro del Sol (Generalife) y la colina de la Sabika (Alhambra), los ingenieros construyeron un acueducto, una obra clave para garantizar el abastecimiento de agua a todo el conjunto monumental.
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INTRODUCCIÓN
La Alcazaba es la parte más primitiva del complejo monumental, fue construida sobre los restos de una antigua fortaleza Zirí.
Los orígenes de la Alcazaba Nazarí se remontan a mil doscientos treinta y ocho, cuando el primer sultán y fundador de la dinastía nazarí Muhammad Ibn al-Alhmar decide trasladar la sede del sultanato del Albaicín a la colina de enfrente, la Sabika.
El lugar escogido por Al-Ahmar era idóneo puesto que la Alcazaba situada al extremo occidental de la colina y con una planta triangular, muy similar a la proa de un barco, garantizaba la óptima defensa de lo que sería la ciudad palatina de la Alhambra construida bajo su protección.
La Alcazaba dotada de varias murallas y torres surge con una clara intención defensiva. Fue de hecho, centro de vigilancia por su ubicación a doscientos metros de altura sobre la ciudad de Granada, garantizando de este modo un dominio visual de todo el territorio circundante y representando a su vez un símbolo de poder.
En su interior, se sitúa el barrio castrense y es que con el tiempo la Alcazaba se constituyó como una pequeña micro ciudad independiente destinada a los soldados de alto rango, encargados de la defensa y protección de la Alhambra y sus sultanes.
BARRIO CASTRENSE
Al acceder a la alcazaba nos encontramos con lo que aparenta ser un laberinto, aunque en realidad se trata de un proceso de recuperación arquitectónica mediante anastilosis, que ha permitido rehabilitar el antiguo barrio castrense que había permanecido sepultado hasta principios del siglo veinte.
En este barrio residía la guardia de élite del sultán y el resto del contingente militar encargados de la defensa y seguridad de la Alhambra. Se trataba pues, de una pequeña ciudad dentro de la propia ciudad palatina de la Alhambra con todo lo necesario para la vida cotidiana como viviendas, talleres, tahona con horno, almacenes, aljibe, hammam, etcétera. De esta forma se podía mantener separadas la población militar y la civil.
En este barrio gracias a esta recuperación nos permite contemplar el esquema típico de la casa musulmana: entrada con acceso en recodo, pequeño patio como eje central de la vivienda, habitaciones alrededor del patio y letrina.
Además, a principios del siglo veinte se descubrió en el subsuelo una mazmorra. Fácil de reconocer desde el exterior por la escalera moderna en caracol que conduce hasta ella. En esta mazmorra se encerraban los prisioneros a través de los cuales se podía obtener un beneficio importante, ya sea político o económico, o, en otras palabras, personajes con un gran valor de cambio.
Esta prisión subterránea tiene forma de embudo invertido y una planta circular. Lo cual hacía imposible que estos cautivos pudieran escapar. De hecho, los prisioneros eran introducidos en su interior mediante un sistema de poleas o cuerdas.
TORRE DE LA PÓLVORA
La Torre de la Pólvora servía de refuerzo defensivo por el costado meridional a la Torre de la Vela y desde ella partía el camino militar que llegaba hasta las Torres Bermejas.
Desde mil novecientos cincuenta y siete, es en esta torre donde podemos encontrar unos versos grabados sobre piedra, cuya autoría corresponde al mexicano Francisco de Icaza:
“Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada,
como la pena de ser ciego en Granada”.
JARDÍN DE LOS ADARVES
El espacio ocupado por el Jardín de los Adarves toma sus orígenes en el siglo dieciséis, cuando se edifica una plataforma artillera en el proceso de adaptación de la Alcazaba para la artillería.
Fue ya en el siglo diecisiete cuando el uso militar perdió su importancia y el quinto Marqués de Mondéjar, tras ser nombrado alcaide de la Alhambra en mil seiscientos veinticuatro, decidió transformar este espacio en un jardín rellenando con tierra el espacio entre la muralla exterior y la interior.
Existe una leyenda, según la cual fue en este lugar en el que se encontraron escondidos unos jarrones de porcelana rellenos de oro, probablemente escondidos por los últimos musulmanes que habitaron el lugar, y que parte de ese oro encontrado, fue empleado por el marqués para financiar la creación de este bello jardín. Se piensa que quizás alguno de esos jarrones sea alguno de los veinte grandes vasos de loza dorada nazarí que se conservan en el mundo. Podemos contemplar dos de esos vasos en el Museo Nacional de Arte Hispano-musulmán ubicado en la planta baja del Palacio de Carlos Quinto.
Uno de los elementos destacables de este jardín, es la presencia en la parte central de una fuente con forma de timbal. Esta fuente ha tenido diferentes emplazamientos, el más llamativo y reseñable fue en el Patio de los Leones, donde fue colocada en mil seiscientos veinticuatro sobre la fuente de los leones con el consiguiente daño. La taza estuvo en ese lugar hasta mil novecientos cincuenta y cuatro cuando se retiró y se colocó aquí.
TORRE DE LA VELA
Bajo la dinastía nazarí, esta torre era conocida bajo el nombre de la torre Mayor y a partir del siglo dieciséis se la llamó también torre del Sol, porque el sol se reflejaba en la torre al medio día actuando entonces como un reloj de sol. Pero su nombre actual proviene de la palabra velar, dado que, gracias a su altura de veintisiete metros, proporciona una vista de trescientos sesenta grados que permitiría divisar cualquier movimiento.
La apariencia de la Torre ha cambiado a lo largo del tiempo en sus orígenes contaba con almenas en su terraza, que se fueron perdiendo debido a varios terremotos. La campana fue incorporada tras la toma de Granada por los cristianos.
Esta se utilizaba para dar aviso a la población ante cualquier posible peligro, terremoto o incendio. También se empleaba el sonido de esta campana para regular los turnos de riego en la Vega de Granada.
Actualmente y según la tradición, se hace sonar la campana cada dos de enero para conmemorar la toma de Granada el dos de enero de mil cuatrocientos noventa y dos.
TORRE Y PUERTA DE LAS ARMAS
Situada en la muralla norte de la Alcazaba, la puerta de las Armas fue uno de los accesos principales para acceder a la Alhambra.
En tiempos de la dinastía Nazarí, los ciudadanos atravesaban el Río Darro por el puente del Cadí, y subían la colina por un camino hoy en día oculto por el Bosque de San Pedro, hasta llegar a la puerta. En el interior de la puerta, debían depositar las armas antes de acceder al recinto, de ahí el nombre puerta de las armas.
Desde la terraza de esta torre, podemos obtener hoy en día una de las mejores panorámicas de la ciudad de Granada.
Justo enfrente nos encontramos con el barrio del Albaicín, reconocible por sus viviendas blancas y su entramado de calles laberínticas. Este barrio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en mil novecientos noventa y cuatro.
Es en este barrio donde se ubica uno de los miradores más famosos de Granada: el Mirador de San Nicolás.
A la derecha del Albaicín, se encuentra el barrio del Sacromonte.
El Sacromonte es el antiguo barrio gitano por excelencia de Granada y cuna del flamenco. Este barrio se caracteriza además por la presencia de viviendas trogloditas: las cuevas.
A los pies del Albaicín y de la Alhambra se encuentra la Carrera del Darro, junto a la ribera del río con el mismo nombre.
TORRE DEL HOMENAJE Y TORRE DEL CUBO
La Torre del Homenaje es una de las torres más antiguas de la Alcazaba, posee una altura de veintiséis metros. Cuenta con seis plantas, una terraza y una mazmorra subterránea.
Debido a la altura con la que cuenta la torre, desde su terraza se establecía comunicación con las torres atalayas del reino. Esta comunicación se establecía mediante un sistema de espejos por el día o de humo con hogueras por la noche.
Se piensa que, por la posición saliente de la torre en la colina, fue probablemente el lugar escogido para la ubicación de los estandartes y las banderas rojas de la dinastía nazarí.
La base de esta torre fue reforzada por los cristianos con la llamada Torre del Cubo.
Tras la toma de Granada, los Reyes Católicos proyectan una serie de reformas para adecuar la Alcazaba a la artillería. De este modo, surge sobre la torre de la Tahona, la Torre del Cubo la cual gracias a su forma cilíndrica otorga mayor protección frente a posibles impactos, en comparación a las torres nazaríes con planta cuadrada.
INTRODUCCIÓN
El Generalife situado en el Cerro del Sol era la almunia del sultán o dicho de otro modo, una casa de campo palatina con huertas, donde además de llevar a cabo labores agrícolas, se criaban animales para la corte nazarí y se practicaba la caza. Se estima que los inicios de su construcción se remontan a finales del siglo trece por el sultán Muhammad segundo, hijo del fundador de la dinastía nazarí.
El nombre Generalife procede del árabe “yannat-al-arif” que significa jardín o huerto del arquitecto. Era un espacio mucho más amplio en la época nazarí, con al menos cuatro huertas, y se extendía hasta un lugar que hoy en día se conoce como “el llano de la perdiz”.
Esta casa de campo, que el visir Ibn al-Yayyab llamó la Casa Real de la Felicidad, era un palacio: el palacio de verano del sultán. Pese a la proximidad con la Alhambra, tenía la intimidad suficiente para poder alejarse y relajarse de las tensiones de la corte y de la vida de gobierno, así como para disfrutar de unas temperaturas más agradables. Debido a su emplazamiento a una mayor altitud que la ciudad palatina de la Alhambra, la temperatura descendía en su interior.
Cuando se produce la toma de Granada, el Generalife pasa a ser propiedad de los Reyes Católicos, que lo ponen bajo la protección de un alcaide o comendador. Felipe segundo acabó cediendo la alcaidía perpetua y tenencia del lugar a la familia Granada Venegas (una familia de moriscos conversos). El Estado solamente recuperó este lugar tras un pleito que duró casi 100 años y que finalizó con un acuerdo extrajudicial en 1921.
Acuerdo mediante el cual el Generalife pasaría a ser patrimonio nacional y se gestionaría junto a la Alhambra a través de la figura del Patronato, conformándose así el Patronato de la Alhambra y del Generalife.
AUDITORIO
El anfiteatro al aire libre que encontramos en nuestro camino hacia el palacio del Generalife fue construido en 1952 con la intención de acoger, como lo hace cada verano, el Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
Desde el año 2002 también se celebra un Festival de Flamenco ligado a la figura del poeta más conocido que tenga Granada: Federico García Lorca.
CAMINO MEDIEVAL
Bajo la dinastía nazarí, el camino que otorgaba la conexión entre la ciudad palatina y el Generalife partía de la Puerta del Arabal, enmarcada en la llamada Torre de los Picos, llamada así porque sus almenas finalizan en pirámides de ladrillo.
Se trataba de un camino serpenteante y en pendiente, protegido a ambos lados por altas murallas para dotarlo de mayor seguridad, y desembocaba en la entrada del Patio del Descabalgamiento.
CASA DE LOS AMIGOS
Estas ruinas o fundaciones son los restos arqueológicos de lo que era la llamada Casa de los Amigos. Su nombre y utilidad han llegado hasta nosotros gracias al “Tratado de agricultura” de Ibn Luyún en el siglo XIV.
Se trataba pues de una vivienda destinada a personas, amigos o allegados que el sultán tenía en estima y consideraba importante tener cerca de sí, pero sin llegar a invadir su privacidad, por lo que se trataba de una vivienda aislada.
PASEO DE LAS ADELFAS
Este Paseo de las Adelfas fue realizado a mediados del siglo XIX con motivo de la visita de la Reina Isabel Segunda y para crear un acceso más monumental a la zona alta del palacio.
La adelfa es otro nombre que se le otorga al laurel rosa, que aparece en forma de bóveda ornamental en este paseo. Al inicio del paseo, tras los Jardines Altos, se conserva uno de los ejemplares más antiguos de Arrayán Morisco, que estuvo a punto de perderse y cuya huella genética se sigue investigando en la actualidad.
Se trata de una de las plantas más características de la Alhambra, que se distingue por sus hojas abarquilladas y de mayor tamaño que el arrayán común.
El Paseo de las Adelfas enlaza con el Paseo de los Cipreses, que sirve de unión para conducir al visitante hacia la Alhambra.
ESCALERA DEL AGUA
Uno de los elementos mejor conservados y singulares del Generalife es la llamada Escalera del Agua. Se cree que, bajo la dinastía nazarí, esta escalera —distribuida en cuatro tramos con tres mesetas intermedias— contaba con canales de agua que fluían por los dos pasamanos de cerámica vidriada, alimentados por la Acequia Real.
Esta conducción de agua llegaba hasta un pequeño oratorio, del cual no se conserva información arqueológica. En su lugar, desde 1836, se encuentra un mirador romántico erigido por el administrador de la finca en aquella época.
Probablemente, en la subida de esta escalera, enmarcada por una bóveda de laureles y el arrullo del agua, se creaba un entorno ideal para estimular los sentidos, entrar en el clima propicio para la meditación y realizar las abluciones previas al rezo.
HUERTAS DEL GENERALIFE
En los terrenos circundantes al palacio se estima que debía de haber al menos cuatro grandes huertas organizadas en diferentes niveles o paratas, contenidas por muros de tapial. Los nombres de estas huertas que han trascendido hasta nosotros son: Grande, Colorada, Mercería y Fuente Peña.
Estas huertas han continuado, en mayor o menor medida, desde el siglo XIV labrándose con las mismas técnicas medievales tradicionales. Gracias a esta producción agrícola, la corte nazarí mantenía cierta independencia de otros proveedores agrícolas externos, pudiendo satisfacer sus propias necesidades alimenticias.
En ellas se cultivaba no solo la huerta, sino también árboles frutales y pasto para los animales. Por ejemplo, hoy en día se cultivan alcachofas, berenjenas, habichuelas, higos, granados y almendros.
Actualmente, en las huertas conservadas se sigue utilizando la misma técnica de producción agrícola empleada en la época medieval, lo que hace que este espacio encierre en sí un gran valor antropológico.
JARDINES ALTOS
Se accede a estos jardines desde el Patio de la Sultana mediante una empinada escalera del siglo XIX, llamada de los Leones, debido a las dos figuras de loza vidriada que se encuentran sobre el portón.
Estos jardines se pueden considerar un ejemplo del jardín romántico. Están situados sobre paratas y conforman la parte más elevada del Generalife, con unas vistas espectaculares hacia todo el complejo monumental.
Destaca la presencia de bellísimos magnolios.
JARDINES DE LA ROSALEDA
Los Jardines de la Rosaleda tienen su origen en los años treinta y cincuenta, cuando el Estado adquiere el Generalife en 1921.
Surge entonces la necesidad de poner en valor un área abandonada y conectar estratégicamente el lugar con la Alhambra mediante una transición gradual y suave.
PATIO DE LA ACEQUIA
El Patio de la Acequia, también llamado de la Ría en el siglo XIX, presenta hoy una estructura de planta rectangular con dos pabellones enfrentados y una crujía.
El nombre del patio procede justamente de la Acequia Real que atraviesa este palacio, entorno a la que se disponen cuatro jardines en parterres ortogonales a nivel inferior. A ambos lados de la acequia se predisponen unos surtidores que conforman una de las imágenes más populares del palacio. Sin embargo, estos surtidores no son originales, pues rompen la tranquilidad y el sosiego que el sultán venía buscando en sus momentos de descanso y meditación.
Este palacio ha sufrido cuantiosas transformaciones, ya que en origen este patio estaba cerrado a las vistas que hoy hallamos a través de la galería de 18 arcos al estilo belvedere. La única parte que permitiría contemplar el paisaje sería el mirador central. Desde este mirador original, era el lugar en el cual sentados en el suelo y apoyados en el alféizar se podía contemplar las vistas panorámicas a la ciudad palatina de la Alhambra.
Atestiguando su pasado encontraremos en el mirador decoración nazarí, donde destaca la superposición de yeserías del sultán Ismail I sobre las de Muhammad III. Esto deja patente que cada sultán tenía gustos y necesidades diferentes y adaptaban los palacios conforme a los mismos, dejando su propia huella o impronta.
Al pasar el mirador, y si nos fijamos en el intradós de los arcos, también hallaremos emblemas de los Reyes Católicos como el Yugo y las Flechas, así como el lema “Tanto Monta”.
El lado este del patio es reciente debido a un incendio producido en 1958.
PATIO DE LA GUARDIA
Antes de acceder al Patio de la Acequia, nos encontramos con el Patio de la Guardia. Un patio sencillo con galerías porticadas, una fuente en su centro, que está además ornamentado con naranjos amargos. Este patio debió de servir como zona de control y antesala antes de acceder a las dependencias de verano del sultán.
Destaca de este lugar que, tras subir unas empinadas escaleras, nos encontramos una portada enmarcada por un dintel decorado con alicatado en tonos azul, verde y negro sobre un fondo blanco. También alcanzamos a ver, aunque desgastada por el paso del tiempo, la llave nazarí.
Al subir las escalinatas y traspasar esta portada, nos encontramos con un recodo, los bancos de la guardia y una empinada y estrecha escalera que nos conduce al palacio.
PATIO DE LA SULTANA
El Patio de la Sultana es uno de los espacios más transformados. Se piensa que el lugar que hoy ocupa este patio —también llamado Patio del Ciprés— era la zona destinada al antiguo hammam, el baño del Generalife.
En el siglo XVI pierde esta función y aparece convertido en un jardín. Con el tiempo, se dispuso una galería septentrional, una alberca en forma de U, una fuente en su centro y treinta y ocho ruidosos surtidores.
Los únicos elementos que se conservan de la época nazarí son el salto de agua de la Acequia Real, protegido tras la reja, y un pequeño tramo de canalización que dirige el agua hacia el Patio de la Acequia.
El nombre “Patio del Ciprés” se lo debemos al ciprés centenario muerto, del que hoy solo se conserva su tronco. Junto a este se halla una placa en cerámica granadina que nos habla de la leyenda del siglo XVI de Ginés Pérez de Hita, según la cual este ciprés fue testigo de los encuentros amorosos de la favorita del último sultán, Boabdil, con un noble caballero Abencerraje.
PATIO DEL DESCABALGAMIENTO
El Patio del Descabalgamiento, también conocido como Patio Polo, es el primer patio que encontramos al entrar al palacio del Generalife.
El medio de locomoción empleado por el sultán para acceder al Generalife era el caballo y, como tal, requería de un lugar donde bajar de su montura y alojar a estos animales. Este patio se piensa que estaba destinado a tal fin, pues era el lugar para las caballerizas.
Disponía de bancos de apoyo para bajar y subir del equino, y de dos establos en las crujías laterales, que funcionaban como establos en su parte inferior y pajares en la parte superior. Tampoco podía faltar el abrevadero con agua fresca para los caballos.
A resaltar en este lugar: sobre el dintel de la puerta que da paso al siguiente patio, encontramos la llave alhambreña, símbolo de la dinastía nazarí, representando salutación y propiedad.
SALÓN REGIO
El pórtico norte es el mejor conservado y estaba destinado a acoger las dependencias del sultán.
Encontramos un pórtico con cinco arcos sostenidos sobre columnas y en sus extremos alhamíes. Tras este pórtico, y para acceder al Salón Regio, se pasa por un triple arco en el que hay poemas que hablan de la batalla de la Vega o de Sierra Elvira en 1319, lo cual nos brinda información sobre la datación del lugar.
En los lados de este triple arco también hay *taqas*, unos nichos de pequeño tamaño excavados en el muro donde se colocaba agua.
El Salón Regio, ubicado en una torre cuadrada decorada con yeserías, era el lugar donde el sultán —pese a ser este un palacio de descanso— recibía alguna audiencia de carácter urgente. Estas audiencias, según unos versos allí grabados, debían ser breves y directas para no molestar en demasía el reposo del emir.
INTRODUCCIÓN A LOS PALACIOS NAZARÍES
Los Palacios Nazaríes constituyen la zona más emblemática y llamativa del conjunto monumental. Fueron construidos en el siglo XIV, un momento que se puede considerar de gran esplendor para la dinastía nazarí.
Estos palacios eran la zona reservada al sultán y a sus familiares allegados, donde se desarrollaba la vida familiar, pero también la vida oficial y administrativa del reino.
Los Palacios son: el Mexuar, el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones.
Cada uno de estos palacios fue construido de manera independiente, en momentos diferentes y con funciones propias y diferenciadas. Fue tras la Toma de Granada cuando los palacios fueron unificados y, a partir de ese momento, pasaron a ser denominados como la Casa Real, y más adelante como la Casa Real Vieja, cuando Carlos V decidió construir su propio palacio.
EL MEXUAR Y ORATORIO
El Mexuar es la parte más antigua de los Palacios Nazaríes, pero también es el espacio que ha tenido que hacer frente a mayores transformaciones a lo largo del tiempo. Su nombre proviene del árabe *Maswar*, que hace referencia al lugar donde se reunía la *Sura* o Consejo de Ministros del sultán, desvelando así una de sus funciones. También era la antesala donde el sultán impartía justicia.
La construcción del Mexuar se atribuye al sultán Isma’il I (1314–1325), y fue modificado por su nieto Muhammad V. Sin embargo, fueron los cristianos quienes más transformaron este espacio al convertirlo en una capilla.
En época nazarí, este espacio era mucho más reducido y se organizaba en torno a las cuatro columnas centrales, donde aún puede apreciarse el característico capitel cúbico nazarí, pintado con azul cobalto. Sobre estas columnas se apoyaba una linterna que aportaba luz cenital, eliminada en el siglo XVI para crear habitaciones altas y ventanas laterales.
Para convertir el lugar en capilla se rebajó el suelo y se añadió un pequeño espacio rectangular al fondo, hoy separado por una balaustrada de madera que indica dónde se hallaba el coro alto.
El zócalo de alicatado cerámico con decoración de estrellas fue traído de otro lugar. Entre sus estrellas pueden verse alternadamente: el blasón del Reino Nazarí, el del Cardenal Mendoza, el Águila Bicéfala de los Austria, el lema “No hay vencedor sino Dios” y las Columnas de Hércules del escudo imperial.
Sobre el zócalo, un friso epigráfico en yeso repite: “El Reino es de Dios. La Fuerza es de Dios. La Gloria es de Dios.” Estas inscripciones sustituyen las jaculatorias cristianas: “Christus regnat. Christus vincit. Christus imperat.”
La entrada actual al Mexuar fue abierta en época moderna, alterando el emplazamiento de una de las Columnas de Hércules con el lema “Plus Ultra”, que fue trasladada al muro este. La corona de yeso sobre la puerta mantiene su ubicación original.
Al fondo de la sala, una puerta da paso al Oratorio, al que originalmente se accedía por la galería de Machuca.
Este espacio es uno de los más dañados de la Alhambra debido a la explosión de un polvorín en 1590. Fue restaurado en 1917.
Durante la restauración se rebajó el nivel del suelo para evitar accidentes y facilitar la visita. Como testigo del nivel original permanece un poyete corrido bajo las ventanas.
FACHADA DE COMARES Y CUARTO DORADO
Esta impresionante fachada, muy restaurada entre los siglos XIX y XX, fue construida por Muhammad V con el fin de conmemorar la toma de Algeciras en 1369, que otorgaba dominio sobre el Estrecho de Gibraltar.
En este patio, el sultán recibía a los súbditos que lograban una audiencia especial. Se colocaba en la parte central de la fachada, sentado sobre una jamuga entre las dos puertas y bajo el gran alero, obra cumbre de la carpintería nazarí que lo coronaba.
La fachada tiene una gran carga alegórica. En ella los súbditos podían leer:
“Mi posición es la de una corona y mi puerta una bifurcación: el Occidente cree que en mí está el Oriente
Al-Gani bi-llah me ha encomendado franquear la entrada a la victoria que se anuncia.
Pues aguardando estoy que él aparezca como el horizonte a la mañana revela.
¡Haga Dios tan bella su obra como bellos son su carácter y su figura!”
La puerta de la derecha servía de acceso a las dependencias privadas y zona de servicio, mientras que la puerta de la izquierda, a través de un pasillo en recodo con bancos para la guardia, da acceso al Palacio de Comares, concretamente al Patio de los Arrayanes.
Los súbditos que conseguían audiencia esperaban frente a la fachada, separados del sultán por la guardia real, en la estancia hoy conocida como el Cuarto Dorado.
El nombre *Cuarto Dorado* proviene de la etapa de los Reyes Católicos, cuando el artesonado nazarí fue repintado con motivos dorados y se incorporaron los emblemas de los monarcas.
En el centro del patio hay una fuente baja de mármol con gallones, réplica de la fuente de Lindaraja conservada en el Museo de la Alhambra. A un lado de la pila, una reja da paso a un oscuro corredor subterráneo que utilizaba la guardia.
PATIO DE LOS ARRAYANES
Una de las características de la casa hispano-musulmana es acceder a la vivienda a través de un pasillo en recodo que conduce a un patio a cielo abierto, eje de vida y organización del hogar, dotado de algún punto de agua y vegetación. Este mismo concepto se encuentra en el Patio de los Arrayanes, pero a una escala mayor, con 36 metros de largo y 23 de ancho.
El Patio de los Arrayanes es el centro del Palacio de Comares, donde se desarrollaba la actividad política y diplomática del Reino Nazarí. Se trata de un patio rectangular de imponentes dimensiones cuyo eje central es una gran alberca. En ella, el agua quieta actúa como un espejo que concede profundidad y verticalidad al espacio, creando así un palacio sobre el agua.
En ambos extremos de la alberca, los surtidores introducen el agua con suavidad para no romper el efecto espejo ni la quietud del lugar.
Flanqueando la alberca se encuentran dos macizos vegetales de arrayanes, que dan nombre al lugar actual: Patio de los Arrayanes. En el pasado también se le conocía como Patio de la Alberca.
La presencia del agua y la vegetación no responde únicamente a criterios ornamentales o estéticos, sino también a la intención de crear espacios agradables, especialmente en verano. El agua refresca el ambiente, mientras que la vegetación conserva la humedad y aporta aroma.
En los lados mayores del patio se ubican cuatro viviendas independientes. En el lado norte se alza la Torre de Comares, que alberga en su interior el Salón del Trono o de los Embajadores.
En el lado sur, la fachada actúa como un “trampantojo”, ya que la edificación que existía detrás fue derribada para conectar el Palacio de Carlos V con la Antigua Casa Real.
PATIO DE MEZQUITA Y PATIO DE MACHUCA
Antes de acceder a los Palacios Nazaríes, si miramos hacia la izquierda, encontramos dos patios.
El primero es el Patio de la Mezquita, llamado así por la pequeña mezquita que se encuentra en uno de sus ángulos. Sin embargo, desde el siglo XX también ha sido conocido como la Madraza de los Príncipes, ya que su estructura guarda similitudes con la Madraza de Granada.
Más adelante se encuentra el Patio de Machuca, que recibe su nombre del arquitecto Pedro Machuca, encargado de dirigir las obras del Palacio de Carlos V en el siglo XVI, y quien residía en este lugar.
Este patio es fácilmente reconocible por la alberca de bordes lobulados situada en su centro, así como por los cipreses recortados en forma de arco, que recuperan la sensación arquitectónica del espacio de una forma no invasiva.
SALA DE LA BARCA
La Sala de la Barca es la antesala al Salón del Trono o de los Embajadores.
En las jambas del arco que da acceso a esta sala encontramos unos nichos enfrentados, labrados en mármol y decorados con azulejos de colores. Se trata de uno de los elementos ornamentales y funcionales más característicos de los palacios nazaríes: las *taqas*.
Las *taqas* son nichos pequeños excavados en los muros, siempre dispuestos en pareja y enfrentados. Se utilizaban para colocar en su interior jarras con agua fresca para beber o con agua perfumada para lavarse las manos.
El techo actual de la sala es una reproducción del original, perdido en un incendio en 1890.
El nombre de esta sala proviene de una alteración fonética de la palabra árabe *baraka*, que significa “bendición”, y que se repite en multitud de ocasiones en los muros de esta sala. No procede, como se cree popularmente, de la forma de techo de barca invertida.
Era en este lugar donde los nuevos sultanes solicitaban la bendición de su dios antes de ser coronados como tal en el Salón del Trono.
Antes de acceder al Salón del Trono, encontramos dos entradas laterales: a la derecha, un pequeño oratorio con su mihrab; y a la izquierda, la puerta de acceso al interior de la Torre de Comares.
SALÓN DE LOS EMBAJADORES O DEL TRONO
El Salón de los Embajadores, también llamado del Trono o de Comares, es el lugar donde se encontraba el trono del sultán y, por tanto, el centro de poder de la dinastía nazarí. Quizás por esta razón se ubica dentro de la Torre de Comares, la torre de mayor tamaño del conjunto monumental, con 45 metros de altura. Su etimología proviene del árabe *arsh*, que significa tienda, pabellón o trono.
La sala tiene forma de cubo perfecto, y sus paredes están revestidas con una rica decoración hasta el techo. En los laterales hay nueve alcobas iguales agrupadas de tres en tres con ventanas. La situada frente a la entrada presenta una decoración más cuidada, ya que era el lugar que ocupaba el sultán, a contraluz, favoreciendo el efecto de deslumbramiento y sorpresa.
En el pasado, las ventanas estaban cerradas por vidrieras de colores con formas geométricas llamadas *cumarías*. Estas se perdieron debido a la onda expansiva de un polvorín que explotó en 1590 en la Carrera del Darro.
La riqueza decorativa del salón es extrema. Comienza en la parte inferior con azulejos de formas geométricas, que generan un efecto visual similar al de un caleidoscopio. Continúa en las paredes con estucos que parecen tapices colgados, decorados con motivos vegetales, flores, conchas, estrellas y abundante epigrafía.
La escritura presente es de dos tipos: cursiva, la más común y fácilmente reconocible; y cúfica, una escritura culta de formas rectilíneas y angulosas.
Entre todas las inscripciones, la más destacada es la que aparece debajo del techo, en la franja superior de la pared: la sura 67 del Corán, llamada *El Reino* o *del Señorío*, que recorre las cuatro paredes. Esta sura era recitada por los nuevos sultanes para proclamar que su poder provenía directamente de Dios.
La imagen del poder divino también se representa en la techumbre, compuesta por 8.017 piezas diferentes que, mediante ruedas de estrellas, ilustran la escatología islámica: los siete cielos y un octavo, el paraíso, el Trono de Allah, representado por la cupulita central de mocárabes.
CASA REAL CRISTIANA – INTRODUCCIÓN
Para acceder a la Casa Real Cristiana hay que utilizar una de las puertas abiertas en la alcoba izquierda de la Sala de las Dos Hermanas.
Carlos V, nieto de los Reyes Católicos, visitó la Alhambra en junio de 1526 tras haberse casado con Isabel de Portugal en Sevilla. Al llegar a Granada, el matrimonio se instaló en la propia Alhambra y se ordenó la construcción de unas nuevas estancias, hoy conocidas como las Habitaciones del Emperador.
Estos espacios rompen completamente con la arquitectura y estética nazarí. Sin embargo, al haberse construido sobre zonas ajardinadas entre el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones, es posible ver a través de unas pequeñas ventanas situadas a la izquierda del pasillo la parte superior del Hammam Real o Hammam de Comares. Unos metros más adelante, otras aperturas permiten ver la Sala de las Camas y la Galería de los Músicos.
El Baño Real no solo era un espacio de higiene, sino también un lugar idóneo para cultivar de forma distendida y amistosa las relaciones políticas y diplomáticas, acompañado de música para amenizar el momento. Este espacio solo se abre al público en ocasiones especiales.
A través de este pasillo se accede al Despacho del Emperador, que destaca por una chimenea renacentista con el escudo imperial y un artesonado de madera diseñado por Pedro Machuca, arquitecto del Palacio de Carlos V. En el artesonado puede leerse la inscripción “PLUS ULTRA”, lema adoptado por el Emperador, junto a las iniciales K e Y, correspondientes a Carlos V e Isabel de Portugal.
Saliendo de la sala, a la derecha se encuentran las habitaciones imperiales, actualmente cerradas al público y solo accesibles en ocasiones especiales. Estas estancias también son conocidas como las Habitaciones de Washington Irving, ya que fue allí donde se hospedó el escritor romántico norteamericano durante su estancia en Granada. Posiblemente, fue en este lugar donde escribió su famoso libro *Cuentos de la Alhambra*. Sobre la puerta se puede ver una placa conmemorativa.
PATIO DE LINDARAJA
Contiguo al Patio de la Reja se encuentra el Patio de Lindaraja, adornado con setos tallados de boj, cipreses y naranjos amargos. Este patio debe su nombre al mirador nazarí ubicado en su lado meridional, que lleva la misma denominación.
En la etapa nazarí, el jardín tenía un aspecto completamente diferente al actual, ya que era un espacio abierto al paisaje.
Con la llegada de Carlos V, el jardín fue cerrado, adoptando una disposición similar a la de un claustro gracias a una galería porticada. Para su construcción se utilizaron columnas procedentes de otras partes de la Alhambra.
En el centro del patio destaca una fuente barroca, sobre la que se superpuso a principios del siglo XVII una taza de mármol nazarí. La fuente que vemos hoy es una réplica; el original se conserva en el Museo de la Alhambra.
PATIO DE LOS LEONES
El Patio de los Leones es el núcleo de este palacio. Se trata de un patio de planta rectangular rodeado por una galería porticada con ciento veinticuatro columnas, todas diferentes entre sí, que comunican las distintas estancias del palacio. Guarda cierta similitud con un claustro cristiano.
Este espacio se considera una de las joyas del arte islámico, a pesar de romper con los esquemas habituales de la arquitectura hispanomusulmana.
La simbología del palacio gira en torno al concepto de jardín-paraíso. Los cuatro canalillos de agua que parten del centro del patio podrían representar los cuatro ríos del paraíso islámico, otorgando al patio una disposición en cruz. Las columnas evocan un bosque de palmeras, como los oasis del paraíso.
En el centro se sitúa la célebre Fuente de los Leones. Los doce leones, aunque en posición similar —alerta y de espaldas a la fuente—, presentan rasgos diferentes. Están tallados en mármol blanco de Macael, cuidadosamente seleccionado para aprovechar las vetas naturales de la piedra y acentuar sus rasgos distintivos.
Existen diversas teorías sobre su simbolismo. Algunos creen que representan la fuerza de la dinastía nazarí o del sultán Muhammad V, los doce signos del zodíaco, las doce horas del día o incluso un reloj hidráulico. Otros sostienen que es una reinterpretación del Mar de Bronce de Judea, sostenido por doce toros, aquí reemplazados por doce leones.
La taza central probablemente fue tallada in situ y contiene inscripciones poéticas que elogian a Muhammad V y alaban el sistema hidráulico que alimenta la fuente y regula el flujo del agua para evitar desbordamientos.
“En apariencia, agua y mármol parecen confundirse sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves cómo el agua se derrama en la taza, pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator.
¿No es, en realidad, cual blanca nube que vierte en los leones sus acequias y parece la mano del califa que, de mañana prodiga a los leones de la guerra sus favores?”
La fuente sufrió diversas transformaciones a lo largo del tiempo. En el siglo XVII se le añadió una segunda taza, que fue retirada en el siglo XX y reubicada en el Jardín de los Adarves de la Alcazaba.
PEINADOR DE LA REINA Y PATIO DE LA REJA
La adaptación cristiana del palacio conllevó la creación de un acceso directo a la Torre de Comares mediante una galería abierta de dos pisos. Esta galería ofrece unas vistas magníficas hacia dos de los barrios más emblemáticos de Granada: el Albaicín y el Sacromonte.
Desde la galería, mirando hacia la derecha, también se divisa el Peinador de la Reina, que al igual que otras zonas mencionadas solo puede visitarse en ocasiones especiales o como espacio del mes.
El Peinador de la Reina se sitúa en la Torre de Yusuf I, una torre adelantada respecto a la muralla. Su nombre cristiano proviene del uso que le dio Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, durante su estancia en la Alhambra.
En su interior, el espacio fue adaptado a la estética cristiana y alberga valiosas pinturas renacentistas realizadas por Julio de Aquiles y Alexander Mayner, discípulos de Rafael Sanzio, también conocido como Rafael de Urbino.
Al descender desde la galería, nos encontramos con el Patio de la Reja. Su nombre proviene del balcón corrido con rejas de hierro forjado, instaladas a mediados del siglo XVII. Estas rejas servían como corredor abierto para conectar y proteger las estancias adyacentes.
SALA DE LAS DOS HERMANAS
La Sala de las Dos Hermanas recibe su nombre actual por la presencia de dos losas gemelas de mármol de Macael emplazadas en el centro de la sala.
Esta sala guarda cierta semejanza con la Sala de los Abencerrajes: se encuentra a una altura superior respecto al patio y, tras la entrada, presenta dos puertas. La de la izquierda daba acceso al retrete y la de la derecha comunicaba con las estancias superiores de la vivienda.
A diferencia de su sala gemela, esta se abre al norte hacia la Sala de los Ajimeces y hacia un pequeño mirador: el Mirador de Lindaraja.
Durante la dinastía nazarí, en tiempos de Muhammad V, esta sala era conocida como *qubba al-kubra*, es decir, la qubba mayor, la más importante del Palacio de los Leones. El término *qubba* hace referencia a una planta cuadrada cubierta con una cúpula.
La cúpula parte de una estrella de ocho puntas, desplegándose en un trazado tridimensional compuesto por 5.416 mocárabes, algunos de los cuales aún conservan restos de policromía. Estos mocárabes se distribuyen en dieciséis cupulines situados sobre dieciséis ventanas con celosías que aportan luz cambiante a la estancia según el momento del día.
SALA DE LOS ABENCERRAJES
Antes de acceder a la sala occidental, también conocida como la Sala de los Abencerrajes, nos encontramos con unas puertas de madera con un labrado remarcable que se conservan desde la época medieval.
El nombre de esta sala está ligado a una leyenda según la cual, debido a un rumor sobre un escarceo amoroso entre un caballero abencerraje y la favorita del sultán, o por supuestas conspiraciones de esta familia para derrocar al monarca, el sultán, lleno de ira, mandó llamar a los caballeros Abencerrajes. Treinta y seis de ellos perdieron la vida como consecuencia.
Esta historia fue recogida en el siglo XVI por el escritor Ginés Pérez de Hita en su novela sobre las *Guerras Civiles de Granada*, donde narra que los caballeros fueron asesinados en esta misma sala.
Por este motivo, algunos afirman ver en las manchas de óxido de la fuente central un vestigio simbólico de los ríos de sangre de aquellos caballeros.
Esta leyenda también inspiró al pintor español Mariano Fortuny, quien la plasmó en su obra titulada *La matanza de los Abencerrajes*.
Al traspasar la puerta, encontramos dos accesos: el de la derecha conducía al retrete y el de la izquierda a unas escaleras que llevaban a las dependencias superiores.
La Sala de los Abencerrajes es una vivienda privada e independiente en planta baja, estructurada en torno a una gran *qubba* (cúpula en árabe).
La cúpula de yeso está ricamente decorada con mocárabes que parten de una estrella de ocho puntas en una compleja composición tridimensional. Los mocárabes son elementos arquitectónicos a base de prismas colgantes de formas cóncavas y convexas, que recuerdan a estalactitas.
Al adentrarse en la sala, se percibe un descenso de temperatura. Esto se debe a que las únicas ventanas están situadas en la parte superior, permitiendo que el aire caliente escape. Mientras tanto, el agua de la fuente central refresca el ambiente, haciendo que, con las puertas cerradas, la sala funcione como una especie de cueva con temperatura ideal para los días más calurosos del verano.
SALA DE LOS AJIMECES Y MIRADOR DE LINDARAJA
Tras la Sala de las Dos Hermanas, encontramos al norte una nave transversal cubierta por una bóveda de mocárabes. Esta estancia recibe el nombre de Sala de los Ajimeces por el tipo de ventanas que debieron cerrar los vanos situados a ambos lados del arco central que da paso al Mirador de Lindaraja.
Se cree que las paredes blancas de esta sala estaban originalmente tapizadas con telas de seda.
El llamado Mirador de Lindaraja debe su nombre a la derivación del término árabe *Ayn Dar Aisa*, que significa “los ojos de la Casa de Aisa”.
A pesar de sus reducidas dimensiones, el interior del mirador alberga una decoración destacable. Por un lado, presenta un alicatado con sucesiones de estrellas enlazadas de pequeño tamaño, lo cual exigió un trabajo minucioso por parte de los artesanos. Por otro lado, si uno se acerca y alza la vista, puede observar un techo con cristales de colores encajados en una estructura de madera, a modo de linterna cenital.
Esta linterna es una muestra representativa de cómo debieron ser muchos de los cierres o ajimeces de la Alhambra palatina. Cuando la luz del sol incide sobre los cristales, proyecta reflejos de colores que iluminan la decoración, otorgando al espacio una atmósfera única y cambiante a lo largo del día.
Durante la época nazarí, cuando el patio aún no estaba cerrado, una persona podía sentarse en el suelo del mirador, apoyar el brazo en el alféizar de la ventana y disfrutar de unas vistas espectaculares hacia el barrio del Albayzín. Estas vistas se perdieron a comienzos del siglo XVI, cuando se construyeron las dependencias destinadas a ser residencia del emperador Carlos V.
SALA DE LOS REYES
La Sala de los Reyes ocupa todo el lado este del Patio de los Leones y, aunque aparece integrada en el palacio, se piensa que tuvo una función propia, probablemente de carácter lúdico o áulico.
Este espacio destaca por conservar uno de los pocos ejemplos de pintura figurativa nazarí.
En las tres alcobas de aproximadamente quince metros cuadrados cada una, hay tres falsas bóvedas decoradas con pinturas realizadas sobre cuero de cordero. Estas pieles fueron fijadas al soporte de madera mediante pequeños clavos de bambú, técnica que evitaba la oxidación del material.
El nombre de la sala probablemente proviene de la interpretación de la pintura de la alcoba central, en la que se representan diez figuras que podrían corresponder a los primeros diez sultanes de la Alhambra.
En las alcobas laterales se pueden observar escenas caballerescas de lucha, caza, juegos y amor. En ellas se distingue claramente, por la vestimenta, la presencia de personajes cristianos y musulmanes compartiendo el mismo espacio.
Sobre el origen de estas pinturas se ha debatido ampliamente. Debido a su estilo gótico lineal, se piensa que probablemente fueron realizadas por artistas cristianos conocedores del mundo musulmán. Es posible que estas obras sean fruto de la buena relación entre Muhammad V, fundador de este palacio, y el rey cristiano Pedro I de Castilla.
SALA DE LOS SECRETOS
La Sala de los Secretos es una estancia de planta cuadrada, cubierta con una bóveda esférica.
En esta sala ocurre algo muy particular y curioso que la convierte en una de las atracciones favoritas para los visitantes de la Alhambra, especialmente para los más pequeños.
El fenómeno consiste en que, si una persona se coloca en uno de los vértices de la sala y otra en el vértice opuesto —ambas de cara a la pared y lo más cerca posible de ella—, una de ellas puede hablar en voz muy baja y la otra escuchará perfectamente el mensaje, como si estuviera justo a su lado.
Es gracias a este “juego” acústico que la sala recibe su nombre: **Sala de los Secretos**.
SALA DE LOS MOCÁRABES
El conocido como Palacio de los Leones fue mandado construir durante el segundo reinado del sultán Muhammad V, que comenzó en 1362 y se prolongó hasta 1391. En esta etapa se inicia la construcción del Palacio de los Leones, colindante con el Palacio de Comares, que había sido edificado por su padre, el sultán Yusuf I.
Este nuevo palacio también fue denominado *Palacio del Riyad*, ya que se cree que fue levantado sobre los antiguos Jardines de Comares. El término *Riyad* significa “jardín”.
Se piensa que el acceso original al palacio se realizaba por el ángulo sureste, desde la Calle Real y a través de un acceso en recodo. Actualmente, debido a las modificaciones cristianas tras la conquista, se accede directamente desde el Palacio de Comares a la Sala de los Mocárabes.
La Sala de los Mocárabes recibe su nombre por la impresionante bóveda de mocárabes que la cubría originalmente, y que se desplomó casi por completo como consecuencia de las vibraciones provocadas por la explosión de un polvorín en la Carrera del Darro en 1590.
Aún pueden observarse restos de esta bóveda en uno de los lados. En el lado opuesto, quedan restos de una bóveda cristiana posterior, en la que aparecen las letras “F. Y.”, tradicionalmente asociadas a Fernando e Isabel, aunque en realidad corresponden a Felipe V e Isabel de Farnesio, quienes visitaron la Alhambra en 1729.
Se cree que la sala pudo haber funcionado como zaguán o sala de espera para los invitados a las celebraciones, fiestas y recepciones del sultán.
EL PARTAL – INTRODUCCIÓN
El amplio espacio conocido hoy como Jardines del Partal debe su nombre al Palacio del Pórtico, denominado así por la galería porticada que presenta.
Se trata del palacio más antiguo conservado del conjunto monumental, cuya construcción se atribuye al sultán Muhammad III a principios del siglo XIV.
Este palacio guarda cierta similitud con el Palacio de Comares, aunque sea anterior: un patio rectangular, una alberca central y el reflejo del pórtico sobre el agua a modo de espejo. Su principal elemento diferenciador es la presencia de una torre lateral, conocida desde el siglo XVI como Torre de las Damas, aunque también ha recibido el nombre de Observatorio, ya que Muhammad III era un gran aficionado a la astronomía. La torre cuenta con ventanas orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, lo que permite disfrutar de vistas espectaculares.
Una curiosidad notable es que este palacio fue de titularidad privada hasta el 12 de marzo de 1891, cuando su propietario, Arthur Von Gwinner, banquero y cónsul alemán, cedió el edificio y el terreno inmediato al Estado español.
Lamentablemente, Von Gwinner desmontó el techo de madera del mirador y lo trasladó a Berlín, donde actualmente se expone en el Museo de Pérgamo como una de las piezas más destacadas de su colección de arte islámico.
Colindando con el Palacio del Partal, a la izquierda de la Torre de las Damas, se encuentran unas casas nazaríes. Una de ellas fue llamada Casa de las Pinturas debido al hallazgo, a principios del siglo XX, de pinturas realizadas al temple sobre estuco del siglo XIV. Estas pinturas, de gran valor, constituyen un raro ejemplo de pintura mural figurativa nazarí, con escenas cortesanas, de caza y celebraciones.
Debido a su importancia y por razones de conservación, estas viviendas no están abiertas al público.
ORATORIO DEL PARTAL
A la derecha del Palacio del Partal, sobre el adarve de la muralla, se encuentra el Oratorio del Partal, cuya construcción se atribuye al sultán Yusuf I. El acceso se realiza mediante unas pequeñas escaleras, ya que se encuentra elevado respecto al nivel del suelo.
Uno de los pilares del Islam es rezar cinco veces al día en dirección a La Meca. El oratorio funcionaba como una capilla palatina que permitía a los habitantes del palacio cercano cumplir con esta obligación religiosa.
A pesar de sus reducidas dimensiones (unos doce metros cuadrados), el oratorio cuenta con un pequeño vestíbulo y una sala de oración. Su interior presenta una rica decoración en yesería con motivos vegetales y geométricos, así como inscripciones coránicas.
Al subir las escaleras, justo frente a la puerta de entrada, se encuentra en el muro suroeste el mihrab, orientado hacia La Meca. Tiene planta poligonal, un arco de herradura adovelado y está cubierto por una cúpula de mocárabes.
Destaca especialmente la inscripción epigráfica ubicada en las impostas del arco del mihrab, que invita a la oración: “Ven a orar y no seas de los negligentes.”
Adosada al oratorio se encuentra la Casa de Atasio de Bracamonte, que fue cedida en 1550 a quien fuera escudero del alcaide de la Alhambra, el Conde de Tendilla.
PARTAL ALTO – PALACIO DE YUSUF III
En la parata más elevada de la zona del Partal se hallan los restos arqueológicos del Palacio de Yusuf III. Este palacio fue cedido en junio de 1492 por los Reyes Católicos al primer gobernador de la Alhambra, Don Íñigo López de Mendoza, segundo Conde de Tendilla. Por ello, también se le conoce como el Palacio de Tendilla.
La razón por la cual este palacio se encuentra en ruinas tiene su origen en las desavenencias surgidas en el siglo XVIII entre los descendientes del Conde de Tendilla y Felipe V de Borbón. A la muerte sin herederos del archiduque Carlos II de Austria, la familia de Tendilla apoyó al archiduque Carlos de Austria en lugar de a Felipe de Borbón. Tras la entronización de Felipe V, se tomaron represalias: en 1718 se les retiró la alcaidía de la Alhambra y más tarde el palacio, que fue desmantelado y sus materiales vendidos.
Algunos de esos materiales reaparecieron en el siglo XX en colecciones privadas. Se cree que el conocido como “Azulejo Fortuny”, conservado en el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid, podría proceder de este palacio.
Desde 1740 en adelante, el solar del palacio se convirtió en una zona de huertas arrendadas.
Fue en 1929 cuando esta área fue recuperada por el Estado español y reintegrada en la propiedad de la Alhambra. Gracias al trabajo de Leopoldo Torres Balbás, arquitecto y restaurador de la Alhambra, este espacio fue puesto en valor mediante la creación de un jardín arqueológico.
PASEO DE LAS TORRES Y TORRE DE LOS PICOS
La muralla de la ciudad palatina contaba en su origen con más de treinta torres, de las cuales hoy solo se conservan una veintena. Inicialmente, estas torres tenían una función estrictamente defensiva, aunque con el tiempo algunas adoptaron también un uso residencial.
A la salida de los Palacios Nazaríes, desde la zona del Partal Alto, parte un camino empedrado que conduce al Generalife. Este recorrido sigue el lienzo de muralla donde se encuentran algunas de las torres más emblemáticas del conjunto, enmarcado por una zona ajardinada con bellas vistas al Albaicín y a las huertas del Generalife.
Una de las torres más destacadas es la Torre de los Picos, construida por Muhammad II y reformada posteriormente por otros sultanes. Es fácilmente reconocible por sus almenas en forma de pirámides de ladrillo, de donde podría derivar su nombre. Sin embargo, otros autores creen que el nombre procede de las ménsulas que sobresalen en sus esquinas superiores y que sostenían los matacanes, elementos defensivos que permitían contrarrestar ataques desde lo alto.
La principal función de la torre era proteger la Puerta del Arrabal situada en su base, que comunicaba con la Cuesta del Rey Chico, facilitando el acceso al barrio del Albaicín y al antiguo camino medieval que conectaba la Alhambra con el Generalife.
En época cristiana se construyó un baluarte exterior con caballerizas para reforzar su protección, que se cierra con una nueva entrada conocida como la Puerta del Hierro.
Aunque comúnmente se asocia a las torres una función militar exclusiva, se sabe que la Torre de los Picos también tuvo un uso residencial, como lo demuestra la ornamentación presente en su interior.
TORRE DE LA CAUTIVA
La Torre de la Cautiva ha recibido diversos nombres a lo largo del tiempo, como Torre de la Ladrona o Torre de la Sultana, aunque finalmente ha prevalecido el más popular: Torre de la Cautiva.
Esta denominación no se basa en hechos históricos comprobados, sino que es fruto de una leyenda romántica según la cual en esta torre estuvo prisionera Isabel de Solís, quien más tarde se convirtió al islam bajo el nombre de Zoraida y llegó a ser la sultana favorita de Muley Hacén. Esta situación provocó tensiones con Aixa, la anterior sultana y madre de Boabdil, dado que Zoraida —cuyo nombre significa “lucero del alba”— desplazó su posición en la corte.
La construcción de esta torre se atribuye al sultán Yusuf I, también responsable del Palacio de Comares. Esta atribución está respaldada por las inscripciones en la sala principal, obra del visir Ibn al-Yayyab, que elogian a este sultán.
En los poemas inscritos en las paredes, el visir utiliza repetidamente el término qal’ahurra, que ha sido empleado desde entonces para referirse a palacios fortificados, como es el caso de esta torre. Además de cumplir funciones defensivas, la torre alberga en su interior un auténtico palacio con una rica decoración.
En cuanto a su ornamentación, destaca en la sala principal el zócalo de alicatado cerámico con formas geométricas de diversos colores. Entre ellos sobresale el color púrpura, cuya obtención en la época era especialmente difícil y costosa, por lo que se reservaba exclusivamente para espacios de gran relevancia.
TORRE DE LAS INFANTAS
La Torre de las Infantas, al igual que la Torre de la Cautiva, debe su nombre a una leyenda.
Se trata de la leyenda de las tres princesas Zaida, Zoraida y Zorahaida, que habitaron esta torre, historia que fue recogida por Washington Irving en sus célebres *Cuentos de la Alhambra*.
La construcción de esta torre-palacio, o *qalahurra*, se atribuye al sultán Muhammad VII, quien reinó entre 1392 y 1408. Por tanto, se trata de una de las últimas torres construidas por la dinastía nazarí.
Esta circunstancia se refleja en la decoración del interior, que presenta signos de cierta decadencia en comparación con los periodos anteriores de mayor esplendor artístico.
TORRE DEL CABO DE CARRERA
Al final del Paseo de las Torres, en la parte más oriental de la muralla norte, se encuentran los restos de una torre de forma cilíndrica: la Torre del Cabo de Carrera.
Esta torre fue prácticamente destruida como consecuencia de las voladuras perpetradas en 1812 por las tropas napoleónicas durante su retirada de la Alhambra.
Se cree que fue construida o reedificada por orden de los Reyes Católicos en el año 1502, como lo confirmaba una inscripción hoy desaparecida.
Su nombre proviene de su ubicación en el extremo de la Calle Mayor de la Alhambra, marcando el límite o “cabo de carrera” de dicha vía.
FACHADAS DEL PALACIO DE CARLOS V
El Palacio de Carlos V, con sus sesenta y tres metros de ancho y diecisiete metros de alto, sigue las proporciones de la arquitectura clásica, motivo por el cual se divide horizontalmente en dos niveles con arquitectura y decoración claramente diferenciadas.
Para la decoración de sus fachadas se utilizaron tres tipos de piedra: caliza gris y compacta de Sierra Elvira, mármol blanco de Macael y serpentinita verde del Barranco de San Juan.
La decoración exterior exalta la imagen del emperador Carlos V, resaltando sus virtudes mediante referencias mitológicas e históricas.
Las fachadas más destacadas son las del lado sur y oeste, ambas diseñadas como arcos de triunfo. La portada principal se encuentra en el lado oeste, donde la puerta principal está coronada por victorias aladas. A ambos lados hay dos pequeñas puertas sobre las que se encuentran medallones con figuras de soldados a caballo en actitud de combate.
En los pedestales de las columnas se presentan relieves duplicados simétricamente. Los relieves centrales simbolizan la Paz: muestran dos mujeres sentadas sobre un montículo de armas, portando ramas de olivo y sosteniendo las Columnas de Hércules, la esfera del mundo con la corona imperial y el lema *PLUS ULTRA*, mientras unos angelotes queman la artillería de guerra.
Los relieves laterales representan escenas bélicas, como la Batalla de Pavía, donde Carlos V venció a Francisco I de Francia.
En la parte superior se encuentran balcones flanqueados por medallones que representan dos de los doce trabajos de Hércules: uno matando al León de Nemea y otro enfrentándose al Toro de Creta. En el medallón central aparece el Escudo de España.
En la parte inferior del palacio destacan los sillares almohadillados rústicos, diseñados para transmitir una sensación de solidez. Sobre ellos se hallan anillas de bronce sostenidas por figuras de animales como leones —símbolos de poder y protección—, y en las esquinas, águilas dobles, en alusión al poder imperial y al emblema heráldico del emperador: el águila bicéfala de Carlos I de España y V de Alemania.
INTRODUCCIÓN AL PALACIO DE CARLOS V
El emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, nieto de los Reyes Católicos e hijo de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso, visitó Granada en el verano de 1526 tras haberse casado con Isabel de Portugal en Sevilla, para pasar su luna de miel.
Al llegar, el emperador quedó cautivado por el encanto de la ciudad y de la Alhambra, y decidió construir un nuevo palacio en la ciudad palatina. Este palacio sería conocido como la Casa Real Nueva, en contraposición a los Palacios Nazaríes, denominados desde entonces como Casa Real Vieja.
Las obras fueron encargadas al arquitecto y pintor toledano Pedro Machuca, de quien se dice que fue discípulo de Miguel Ángel, lo que explicaría su profundo conocimiento del Renacimiento clásico.
Machuca proyectó un palacio monumental de estilo renacentista, con planta cuadrada y un círculo integrado en su interior, inspirado en los monumentos de la antigüedad clásica.
La construcción comenzó en 1527 y fue financiada en gran parte con los tributos que los moriscos debían pagar para seguir viviendo en Granada y conservar sus costumbres y ritos.
En 1550, Pedro Machuca falleció sin haber concluido el palacio. Fue su hijo Luis quien continuó el proyecto, pero tras su muerte, las obras se detuvieron durante un tiempo. Se retomaron en 1572 bajo el reinado de Felipe II, encomendándose a Juan de Orea por recomendación de Juan de Herrera, arquitecto del Monasterio de El Escorial. Sin embargo, debido a la falta de recursos provocada por la Guerra de las Alpujarras, no se realizaron avances significativos.
No fue hasta el siglo XX cuando se culminó la edificación del palacio. Primero bajo la dirección del arquitecto-restaurador Leopoldo Torres Balbás, y finalmente en 1958 por Francisco Prieto Moreno.
El Palacio de Carlos V fue concebido como un símbolo de paz universal, reflejando las aspiraciones políticas del emperador. Sin embargo, Carlos V nunca llegó a conocer personalmente el palacio que mandó construir.
MUSEO DE LA ALHAMBRA
El Museo de la Alhambra se encuentra en la planta baja del Palacio de Carlos V y está distribuido en siete salas dedicadas a la cultura y al arte hispanomusulmán.
Alberga la mejor colección existente de arte nazarí, compuesta por piezas halladas en excavaciones y restauraciones llevadas a cabo en la propia Alhambra a lo largo del tiempo.
Entre las obras expuestas destacan elementos de yesería, columnas, carpintería, cerámica de diversos estilos —como el célebre Jarrón de las Gacelas—, una copia de la lámpara de la mezquita mayor de la Alhambra, así como lápidas, monedas y otros objetos de gran valor histórico.
Esta colección constituye el complemento ideal para la visita al complejo monumental, ya que permite comprender mejor la vida cotidiana y la cultura durante la etapa nazarí.
La entrada al museo es gratuita, aunque es importante tener en cuenta que permanece cerrado los lunes.
PATIO DEL PALACIO DE CARLOS V
Cuando Pedro Machuca proyectó el Palacio de Carlos V, lo hizo utilizando formas geométricas con fuerte simbolismo renacentista: el cuadrado para representar el mundo terrenal, el círculo interior como símbolo de lo divino y de la creación, y el octógono —reservado para la capilla— como unión entre ambos mundos.
Al acceder al palacio, nos encontramos con un imponente patio circular porticado, elevado respecto al exterior. Este patio está rodeado por dos galerías superpuestas, ambas con treinta y dos columnas. En la planta baja las columnas son de orden dórico-toscano, y en la planta superior, de orden jónico.
Las columnas fueron realizadas en piedra pudinga o de almendrilla, procedente del pueblo granadino de El Turro. Este material fue elegido por ser más económico que el mármol originalmente previsto en el diseño.
La galería inferior cuenta con una bóveda anular que posiblemente estaba destinada a ser decorada con pinturas al fresco. Por su parte, la galería superior dispone de una techumbre de casetones de madera.
En el friso que recorre el patio destacan los *burocráneos*, representaciones de cráneos de buey, un motivo decorativo con raíces en la antigua Grecia y Roma, donde se usaban en frisos y sepulcros vinculados a sacrificios rituales.
Las dos plantas del patio están comunicadas por dos escaleras: una en el lado norte, construida en el siglo XVII, y otra también al norte, diseñada ya en el siglo XX por el arquitecto conservador de la Alhambra, Francisco Prieto Moreno.
Aunque nunca fue utilizado como residencia real, el palacio alberga actualmente dos importantes museos: el Museo de Bellas Artes en la planta superior, con una destacada colección de pintura y escultura granadina de los siglos XV al XX, y el Museo de la Alhambra en la planta baja, al que se accede por el zaguán occidental.
Además de su función museística, el patio central cuenta con una acústica excepcional, lo que lo convierte en un escenario privilegiado para conciertos y representaciones teatrales, especialmente durante el Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
BAÑO DE LA MEZQUITA
En la Calle Real, en el solar contiguo a la actual Iglesia de Santa María de la Alhambra, se encuentra el Baño de la Mezquita.
Este baño fue construido durante el reinado del sultán Muhammad III y financiado mediante la yizya, un impuesto que se cobraba a los cristianos por sembrar tierras en la frontera.
El uso del hammam o baño era esencial en la vida cotidiana de una ciudad islámica, y la Alhambra no era una excepción. Por su cercanía a la mezquita, este baño cumplía una función religiosa clave: permitir las abluciones o rituales de purificación antes de la oración.
Sin embargo, su función no era exclusivamente religiosa. El hammam también servía para la higiene personal y era un importante punto de encuentro social.
Su uso estaba regulado por horarios, siendo por la mañana para los hombres y por la tarde para las mujeres.
Inspirados en las termas romanas, los baños musulmanes compartían con ellas la distribución en salas, aunque eran de menor tamaño y su funcionamiento se basaba en el vapor, a diferencia de las termas romanas que eran de inmersión.
El baño constaba de cuatro espacios principales: una sala de reposo o vestuario, una sala fría o templada, una sala caliente y una zona de calderas adosada a esta última.
El sistema de calefacción utilizado era el hipocausto, un sistema de calefacción subterráneo que calentaba el suelo mediante aire caliente generado por un horno y distribuido a través de una cámara bajo el pavimento.
EX CONVENTO DE SAN FRANCISCO – PARADOR DE TURISMO
El actual Parador de Turismo fue originalmente el Convento de San Francisco, edificado en 1494 sobre un antiguo palacio nazarí que, según la tradición, habría pertenecido a un infante musulmán.
Tras la toma de Granada, los Reyes Católicos cedieron este espacio para fundar el primer convento franciscano de la ciudad, cumpliendo así una promesa realizada al patriarca de Asís años antes de la conquista.
Con el tiempo, este lugar se convirtió en el primer lugar de enterramiento de los Reyes Católicos. Un mes y medio antes de su fallecimiento en Medina del Campo en 1504, la reina Isabel dejó especificado en su testamento su deseo de ser enterrada en este convento, vestida con hábito franciscano. En 1516, fue enterrado junto a ella el rey Fernando.
Ambos permanecieron allí sepultados hasta 1521, cuando su nieto, el emperador Carlos V, ordenó trasladar sus restos a la Capilla Real de Granada, donde hoy reposan junto a Juana I de Castilla, Felipe el Hermoso y el infante Miguel de Paz.
Actualmente, es posible visitar este primer lugar de enterramiento accediendo al patio del Parador. Bajo una cúpula de mocárabes se conservan las lápidas originales de ambos monarcas.
Desde junio de 1945, este edificio alberga el Parador de San Francisco, un alojamiento turístico de alta categoría cuya propiedad y gestión corresponden al Estado español.
LA MEDINA
La palabra “medina”, que en árabe significa “ciudad”, hacía referencia a la zona más elevada de la colina de la Sabika, en la Alhambra.
Esta medina albergaba una intensa actividad cotidiana, ya que era el área donde se concentraban los oficios y la población que hacía posible la vida de la corte nazarí dentro de la ciudad palatina.
En ella se producían tejidos, cerámica, pan, vidrio e incluso monedas. Además de las viviendas de los trabajadores, también existían edificios públicos esenciales como baños, mezquitas, zocos, aljibes, hornos, silos y talleres.
Para el correcto funcionamiento de esta ciudad en miniatura, la Alhambra contaba con su propio sistema de legislación, administración y recaudación de impuestos.
Hoy en día solo se conservan algunos vestigios de aquella medina nazarí original. La transformación de la zona por parte de los pobladores cristianos tras la conquista y, posteriormente, las explosiones de pólvora provocadas por las tropas napoleónicas durante su retirada, contribuyeron a su deterioro.
A mediados del siglo XX se emprendió un programa arqueológico de rehabilitación y adaptación de esta área. Fruto de ello, se trazó también un paseo ajardinado sobre una antigua calle medieval, que hoy conecta con el Generalife.
PALACIO ABENCERRAJE
En la medina real, adosado a la muralla meridional, se encuentran los restos del llamado Palacio de los Abencerrajes, nombre castellanizado de la familia Banu Sarray, una noble estirpe de origen norteafricano perteneciente a la corte nazarí.
Los vestigios que hoy pueden contemplarse son el resultado de excavaciones iniciadas en la década de 1930, ya que anteriormente el espacio se encontraba muy deteriorado, en gran parte por las explosiones causadas por las tropas napoleónicas durante su retirada.
Gracias a estas intervenciones arqueológicas, se ha podido constatar la importancia que tuvo esta familia en la corte nazarí, no solo por la extensión del palacio sino también por su ubicación privilegiada: en la zona alta de la medina, justo en el eje urbano principal de la Alhambra.
PUERTA DE LA JUSTICIA
La Puerta de la Justicia, conocida en árabe como Bab al-Sharía, es una de las cuatro puertas exteriores de la ciudad palatina de la Alhambra. Al tratarse de una entrada exterior, cumplía una importante función defensiva, como se aprecia en su estructura de doble recodo y en el pronunciado desnivel del terreno.
Su construcción, integrada en una torre adosada a la muralla sur, se atribuye al sultán Yúsuf I en el año 1348.
La puerta presenta dos arcos de herradura apuntada. Entre ellos se abre una zona a cielo abierto, conocida como buhedera, desde la cual era posible defender la entrada arrojando materiales desde la terraza en caso de ataque.
Más allá de su valor estratégico, esta puerta posee una fuerte carga simbólica en el contexto islámico. Destacan especialmente dos elementos decorativos: la mano y la llave.
La mano representa los cinco pilares del Islam y simboliza protección y hospitalidad. La llave, por su parte, es un emblema de la fe. Su presencia conjunta podría interpretarse como una alegoría del poder espiritual y terrenal.
La leyenda popular dice que, si algún día la mano y la llave llegan a tocarse, significará la caída de la Alhambra… y con ello, el fin del mundo, pues implicaría la pérdida de su esplendor.
Estos símbolos islámicos contrastan con otro añadido cristiano: una escultura gótica de la Virgen con el Niño, obra de Ruberto Alemán, colocada en una hornacina sobre el arco interior por orden de los Reyes Católicos tras la toma de Granada.
PUERTA DE LOS CARROS
La Puerta de los Carros no corresponde a una abertura original de la muralla nazarí. Fue abierta entre los años 1526 y 1536 con un propósito funcional muy concreto: permitir el acceso de los carros que transportaban materiales y columnas para la construcción del Palacio de Carlos V.
En la actualidad, esta puerta sigue cumpliendo una función práctica. Es el acceso peatonal al recinto sin necesidad de ticket, lo que permite visitar libremente el Palacio de Carlos V y los museos que alberga en su interior.
Además, es la única puerta habilitada para el acceso de vehículos autorizados, incluyendo a huéspedes de los hoteles ubicados dentro del recinto de la Alhambra, taxis, servicios especiales, sanitarios y vehículos de mantenimiento.
PUERTA DE LOS SIETE SUELOS
La ciudad palatina de la Alhambra estaba rodeada por una extensa muralla que contaba con cuatro puertas principales de acceso desde el exterior. Para garantizar su defensa, estas puertas presentaban una característica distribución en recodo, dificultando el avance de los posibles atacantes y facilitando emboscadas desde el interior.
La Puerta de los Siete Suelos, situada en la muralla sur, es una de estas entradas. En época nazarí, era conocida como Bib al-Gudur o “Puerta de los Pozos”, debido a la existencia cercana de silos o mazmorras, posiblemente utilizados como prisiones.
Su nombre actual proviene de la creencia popular de que existen siete niveles o pisos bajo ella. Aunque solo se han documentado dos, esta creencia ha alimentado múltiples leyendas y cuentos, como el relato de Washington Irving “La leyenda del legado del moro”, en el que se menciona un tesoro escondido en los sótanos secretos de la torre.
La tradición sostiene que esta fue la última puerta utilizada por Boabdil y su séquito al dirigirse a la Vega de Granada el 2 de enero de 1492 para entregar las llaves del Reino a los Reyes Católicos. Igualmente, fue por esta puerta por donde accedieron las primeras tropas cristianas sin resistencia.
La puerta que contemplamos hoy es una reconstrucción, ya que la original fue en gran parte destruida por la explosión de las tropas napoleónicas en 1812 durante su retirada.
PUERTA DEL VINO
La Puerta del Vino fue la puerta principal de acceso a la Medina de la Alhambra. Su construcción se atribuye al sultán Muhammad III a comienzos del siglo XIV, aunque sus portadas fueron remodeladas posteriormente por Muhammad V.
El nombre de “Puerta del Vino” no proviene del periodo nazarí, sino de la etapa cristiana, a partir de 1556, cuando se permitía a los vecinos de la Alhambra comprar vino libre de impuestos en este lugar.
Al tratarse de una puerta interior, su trazado es recto y directo, a diferencia de las puertas exteriores como la de la Justicia o la de las Armas, que se diseñaban en recodo para mejorar la defensa.
Aunque no cumplía funciones defensivas primarias, contaba con bancos en el interior para los soldados encargados del control del acceso, así como una estancia en la parte superior destinada a la residencia y descanso del cuerpo de guardia.
La fachada occidental, orientada hacia la Alcazaba, era la de ingreso. Sobre el dintel del arco de herradura se encuentra el símbolo de la llave, emblema solemne de bienvenida y de la dinastía nazarí.
En la fachada oriental, que da hacia el Palacio de Carlos V, destacan especialmente las albanegas del arco decoradas con azulejos elaborados mediante la técnica de cuerda seca, ofreciendo un bello ejemplo del arte decorativo hispanomusulmán.
SANTA MARÍA DE LA ALHAMBRA
En tiempos de la dinastía nazarí, el solar que hoy ocupa la Iglesia de Santa María de la Alhambra albergaba la Mezquita Aljama o Mezquita Mayor de la Alhambra, construida a principios del siglo XIV por el sultán Muhammad III.
Tras la toma de Granada el 2 de enero de 1492, la mezquita fue bendecida para el culto cristiano y se celebró en ella la primera misa. Por decisión de los Reyes Católicos, se consagró bajo la advocación de Santa María y se estableció allí la primera sede arzobispal.
A finales del siglo XVI, la antigua mezquita se encontraba en estado ruinoso, lo que motivó su demolición y la construcción de un nuevo templo cristiano, cuya finalización tuvo lugar en 1618.
Del edificio islámico apenas quedan vestigios. El elemento más significativo conservado es una lámpara de bronce con inscripción epigráfica datada en 1305, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Una réplica de esta lámpara puede verse en el Museo de la Alhambra, en el Palacio de Carlos V.
La Iglesia de Santa María de la Alhambra presenta una planta sencilla con una sola nave y tres capillas laterales a cada lado. En su interior destaca la imagen titular: la Virgen de las Angustias, obra del siglo XVIII realizada por Torcuato Ruiz del Peral.
Esta imagen, también conocida como la Virgen de la Piedad, es la única que procesiona en Granada cada Sábado Santo, si el tiempo lo permite. Lo hace sobre un trono de gran belleza que imita en plata repujada las arquerías del emblemático Patio de los Leones.
Como curiosidad, el poeta granadino Federico García Lorca fue miembro de esta cofradía.
TENERÍA
Antes del actual Parador de Turismo y hacia la zona este, se encuentran los restos de la tenería o curtiduría medieval, una instalación dedicada al tratamiento de pieles: su limpieza, curtido y teñido. Esta era una actividad común en todo al-Ándalus.
La tenería de la Alhambra es de dimensiones reducidas si se compara con otras similares en el norte de África. Sin embargo, hay que tener en cuenta que su función estaba destinada exclusivamente a cubrir las necesidades de la corte nazarí.
Contaba con ocho pequeñas albercas de distintos tamaños, tanto rectangulares como circulares, donde se almacenaban la cal y los tintes empleados en el proceso de curtido de las pieles.
Esta actividad requería abundante agua, motivo por el cual la tenería se ubicó junto a la Acequia Real, aprovechando así su caudal constante. Su existencia es también un indicio de la gran cantidad de agua disponible en esta zona de la Alhambra.
TORRE DEL AGUA Y ACEQUIA REAL
La Torre del Agua es una imponente construcción situada en el ángulo suroeste de la muralla de la Alhambra, cerca del actual acceso principal desde las taquillas. Aunque cumplía funciones defensivas, su misión más relevante era proteger la entrada de la Acequia Real, de ahí su nombre.
La acequia llegaba a la ciudad palatina tras cruzar un acueducto y bordeaba la cara norte de la torre para abastecer de agua a toda la Alhambra.
La torre que hoy contemplamos es fruto de una profunda reconstrucción. Durante la retirada de las tropas napoleónicas en 1812, sufrió graves daños por explosiones de pólvora, quedando a mediados del siglo XX reducida prácticamente a su base maciza.
Esta torre era esencial, ya que permitía la entrada del agua —y por tanto de la vida— a la ciudad palatina. En su origen, la colina de la Sabika carecía de fuentes naturales de agua, lo cual supuso un desafío importante para los nazaríes.
Por ello, el sultán Muhammad I ordenó una gran obra de ingeniería hidráulica: la construcción de la llamada Acequia del Sultán. Esta acequia capta el agua del río Darro a unos seis kilómetros de distancia, en una zona de mayor altitud, aprovechando la pendiente para conducir el agua por gravedad.
La infraestructura incluyó una presa de almacenamiento, una noria movida por animales, y un canal revestido de ladrillo —la acequia— que atraviesa montañas de forma subterránea, ingresando por la parte alta del Generalife.
Para salvar el profundo desnivel entre el Cerro del Sol (Generalife) y la colina de la Sabika (Alhambra), los ingenieros construyeron un acueducto, una obra clave para garantizar el abastecimiento de agua a todo el conjunto monumental.
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INTRODUCCIÓN
La Alcazaba es la parte más primitiva del complejo monumental, fue construida sobre los restos de una antigua fortaleza Zirí.
Los orígenes de la Alcazaba Nazarí se remontan a mil doscientos treinta y ocho, cuando el primer sultán y fundador de la dinastía nazarí Muhammad Ibn al-Alhmar decide trasladar la sede del sultanato del Albaicín a la colina de enfrente, la Sabika.
El lugar escogido por Al-Ahmar era idóneo puesto que la Alcazaba situada al extremo occidental de la colina y con una planta triangular, muy similar a la proa de un barco, garantizaba la óptima defensa de lo que sería la ciudad palatina de la Alhambra construida bajo su protección.
La Alcazaba dotada de varias murallas y torres surge con una clara intención defensiva. Fue de hecho, centro de vigilancia por su ubicación a doscientos metros de altura sobre la ciudad de Granada, garantizando de este modo un dominio visual de todo el territorio circundante y representando a su vez un símbolo de poder.
En su interior, se sitúa el barrio castrense y es que con el tiempo la Alcazaba se constituyó como una pequeña micro ciudad independiente destinada a los soldados de alto rango, encargados de la defensa y protección de la Alhambra y sus sultanes.
BARRIO CASTRENSE
Al acceder a la alcazaba nos encontramos con lo que aparenta ser un laberinto, aunque en realidad se trata de un proceso de recuperación arquitectónica mediante anastilosis, que ha permitido rehabilitar el antiguo barrio castrense que había permanecido sepultado hasta principios del siglo veinte.
En este barrio residía la guardia de élite del sultán y el resto del contingente militar encargados de la defensa y seguridad de la Alhambra. Se trataba pues, de una pequeña ciudad dentro de la propia ciudad palatina de la Alhambra con todo lo necesario para la vida cotidiana como viviendas, talleres, tahona con horno, almacenes, aljibe, hammam, etcétera. De esta forma se podía mantener separadas la población militar y la civil.
En este barrio gracias a esta recuperación nos permite contemplar el esquema típico de la casa musulmana: entrada con acceso en recodo, pequeño patio como eje central de la vivienda, habitaciones alrededor del patio y letrina.
Además, a principios del siglo veinte se descubrió en el subsuelo una mazmorra. Fácil de reconocer desde el exterior por la escalera moderna en caracol que conduce hasta ella. En esta mazmorra se encerraban los prisioneros a través de los cuales se podía obtener un beneficio importante, ya sea político o económico, o, en otras palabras, personajes con un gran valor de cambio.
Esta prisión subterránea tiene forma de embudo invertido y una planta circular. Lo cual hacía imposible que estos cautivos pudieran escapar. De hecho, los prisioneros eran introducidos en su interior mediante un sistema de poleas o cuerdas.
TORRE DE LA PÓLVORA
La Torre de la Pólvora servía de refuerzo defensivo por el costado meridional a la Torre de la Vela y desde ella partía el camino militar que llegaba hasta las Torres Bermejas.
Desde mil novecientos cincuenta y siete, es en esta torre donde podemos encontrar unos versos grabados sobre piedra, cuya autoría corresponde al mexicano Francisco de Icaza:
“Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada,
como la pena de ser ciego en Granada”.
JARDÍN DE LOS ADARVES
El espacio ocupado por el Jardín de los Adarves toma sus orígenes en el siglo dieciséis, cuando se edifica una plataforma artillera en el proceso de adaptación de la Alcazaba para la artillería.
Fue ya en el siglo diecisiete cuando el uso militar perdió su importancia y el quinto Marqués de Mondéjar, tras ser nombrado alcaide de la Alhambra en mil seiscientos veinticuatro, decidió transformar este espacio en un jardín rellenando con tierra el espacio entre la muralla exterior y la interior.
Existe una leyenda, según la cual fue en este lugar en el que se encontraron escondidos unos jarrones de porcelana rellenos de oro, probablemente escondidos por los últimos musulmanes que habitaron el lugar, y que parte de ese oro encontrado, fue empleado por el marqués para financiar la creación de este bello jardín. Se piensa que quizás alguno de esos jarrones sea alguno de los veinte grandes vasos de loza dorada nazarí que se conservan en el mundo. Podemos contemplar dos de esos vasos en el Museo Nacional de Arte Hispano-musulmán ubicado en la planta baja del Palacio de Carlos Quinto.
Uno de los elementos destacables de este jardín, es la presencia en la parte central de una fuente con forma de timbal. Esta fuente ha tenido diferentes emplazamientos, el más llamativo y reseñable fue en el Patio de los Leones, donde fue colocada en mil seiscientos veinticuatro sobre la fuente de los leones con el consiguiente daño. La taza estuvo en ese lugar hasta mil novecientos cincuenta y cuatro cuando se retiró y se colocó aquí.
TORRE DE LA VELA
Bajo la dinastía nazarí, esta torre era conocida bajo el nombre de la torre Mayor y a partir del siglo dieciséis se la llamó también torre del Sol, porque el sol se reflejaba en la torre al medio día actuando entonces como un reloj de sol. Pero su nombre actual proviene de la palabra velar, dado que, gracias a su altura de veintisiete metros, proporciona una vista de trescientos sesenta grados que permitiría divisar cualquier movimiento.
La apariencia de la Torre ha cambiado a lo largo del tiempo en sus orígenes contaba con almenas en su terraza, que se fueron perdiendo debido a varios terremotos. La campana fue incorporada tras la toma de Granada por los cristianos.
Esta se utilizaba para dar aviso a la población ante cualquier posible peligro, terremoto o incendio. También se empleaba el sonido de esta campana para regular los turnos de riego en la Vega de Granada.
Actualmente y según la tradición, se hace sonar la campana cada dos de enero para conmemorar la toma de Granada el dos de enero de mil cuatrocientos noventa y dos.
TORRE Y PUERTA DE LAS ARMAS
Situada en la muralla norte de la Alcazaba, la puerta de las Armas fue uno de los accesos principales para acceder a la Alhambra.
En tiempos de la dinastía Nazarí, los ciudadanos atravesaban el Río Darro por el puente del Cadí, y subían la colina por un camino hoy en día oculto por el Bosque de San Pedro, hasta llegar a la puerta. En el interior de la puerta, debían depositar las armas antes de acceder al recinto, de ahí el nombre puerta de las armas.
Desde la terraza de esta torre, podemos obtener hoy en día una de las mejores panorámicas de la ciudad de Granada.
Justo enfrente nos encontramos con el barrio del Albaicín, reconocible por sus viviendas blancas y su entramado de calles laberínticas. Este barrio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en mil novecientos noventa y cuatro.
Es en este barrio donde se ubica uno de los miradores más famosos de Granada: el Mirador de San Nicolás.
A la derecha del Albaicín, se encuentra el barrio del Sacromonte.
El Sacromonte es el antiguo barrio gitano por excelencia de Granada y cuna del flamenco. Este barrio se caracteriza además por la presencia de viviendas trogloditas: las cuevas.
A los pies del Albaicín y de la Alhambra se encuentra la Carrera del Darro, junto a la ribera del río con el mismo nombre.
TORRE DEL HOMENAJE Y TORRE DEL CUBO
La Torre del Homenaje es una de las torres más antiguas de la Alcazaba, posee una altura de veintiséis metros. Cuenta con seis plantas, una terraza y una mazmorra subterránea.
Debido a la altura con la que cuenta la torre, desde su terraza se establecía comunicación con las torres atalayas del reino. Esta comunicación se establecía mediante un sistema de espejos por el día o de humo con hogueras por la noche.
Se piensa que, por la posición saliente de la torre en la colina, fue probablemente el lugar escogido para la ubicación de los estandartes y las banderas rojas de la dinastía nazarí.
La base de esta torre fue reforzada por los cristianos con la llamada Torre del Cubo.
Tras la toma de Granada, los Reyes Católicos proyectan una serie de reformas para adecuar la Alcazaba a la artillería. De este modo, surge sobre la torre de la Tahona, la Torre del Cubo la cual gracias a su forma cilíndrica otorga mayor protección frente a posibles impactos, en comparación a las torres nazaríes con planta cuadrada.
INTRODUCCIÓN
El Generalife situado en el Cerro del Sol era la almunia del sultán o dicho de otro modo, una casa de campo palatina con huertas, donde además de llevar a cabo labores agrícolas, se criaban animales para la corte nazarí y se practicaba la caza. Se estima que los inicios de su construcción se remontan a finales del siglo trece por el sultán Muhammad segundo, hijo del fundador de la dinastía nazarí.
El nombre Generalife procede del árabe “yannat-al-arif” que significa jardín o huerto del arquitecto. Era un espacio mucho más amplio en la época nazarí, con al menos cuatro huertas, y se extendía hasta un lugar que hoy en día se conoce como “el llano de la perdiz”.
Esta casa de campo, que el visir Ibn al-Yayyab llamó la Casa Real de la Felicidad, era un palacio: el palacio de verano del sultán. Pese a la proximidad con la Alhambra, tenía la intimidad suficiente para poder alejarse y relajarse de las tensiones de la corte y de la vida de gobierno, así como para disfrutar de unas temperaturas más agradables. Debido a su emplazamiento a una mayor altitud que la ciudad palatina de la Alhambra, la temperatura descendía en su interior.
Cuando se produce la toma de Granada, el Generalife pasa a ser propiedad de los Reyes Católicos, que lo ponen bajo la protección de un alcaide o comendador. Felipe segundo acabó cediendo la alcaidía perpetua y tenencia del lugar a la familia Granada Venegas (una familia de moriscos conversos). El Estado solamente recuperó este lugar tras un pleito que duró casi 100 años y que finalizó con un acuerdo extrajudicial en 1921.
Acuerdo mediante el cual el Generalife pasaría a ser patrimonio nacional y se gestionaría junto a la Alhambra a través de la figura del Patronato, conformándose así el Patronato de la Alhambra y del Generalife.
AUDITORIO
El anfiteatro al aire libre que encontramos en nuestro camino hacia el palacio del Generalife fue construido en 1952 con la intención de acoger, como lo hace cada verano, el Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
Desde el año 2002 también se celebra un Festival de Flamenco ligado a la figura del poeta más conocido que tenga Granada: Federico García Lorca.
CAMINO MEDIEVAL
Bajo la dinastía nazarí, el camino que otorgaba la conexión entre la ciudad palatina y el Generalife partía de la Puerta del Arabal, enmarcada en la llamada Torre de los Picos, llamada así porque sus almenas finalizan en pirámides de ladrillo.
Se trataba de un camino serpenteante y en pendiente, protegido a ambos lados por altas murallas para dotarlo de mayor seguridad, y desembocaba en la entrada del Patio del Descabalgamiento.
CASA DE LOS AMIGOS
Estas ruinas o fundaciones son los restos arqueológicos de lo que era la llamada Casa de los Amigos. Su nombre y utilidad han llegado hasta nosotros gracias al “Tratado de agricultura” de Ibn Luyún en el siglo XIV.
Se trataba pues de una vivienda destinada a personas, amigos o allegados que el sultán tenía en estima y consideraba importante tener cerca de sí, pero sin llegar a invadir su privacidad, por lo que se trataba de una vivienda aislada.
PASEO DE LAS ADELFAS
Este Paseo de las Adelfas fue realizado a mediados del siglo XIX con motivo de la visita de la Reina Isabel Segunda y para crear un acceso más monumental a la zona alta del palacio.
La adelfa es otro nombre que se le otorga al laurel rosa, que aparece en forma de bóveda ornamental en este paseo. Al inicio del paseo, tras los Jardines Altos, se conserva uno de los ejemplares más antiguos de Arrayán Morisco, que estuvo a punto de perderse y cuya huella genética se sigue investigando en la actualidad.
Se trata de una de las plantas más características de la Alhambra, que se distingue por sus hojas abarquilladas y de mayor tamaño que el arrayán común.
El Paseo de las Adelfas enlaza con el Paseo de los Cipreses, que sirve de unión para conducir al visitante hacia la Alhambra.
ESCALERA DEL AGUA
Uno de los elementos mejor conservados y singulares del Generalife es la llamada Escalera del Agua. Se cree que, bajo la dinastía nazarí, esta escalera —distribuida en cuatro tramos con tres mesetas intermedias— contaba con canales de agua que fluían por los dos pasamanos de cerámica vidriada, alimentados por la Acequia Real.
Esta conducción de agua llegaba hasta un pequeño oratorio, del cual no se conserva información arqueológica. En su lugar, desde 1836, se encuentra un mirador romántico erigido por el administrador de la finca en aquella época.
Probablemente, en la subida de esta escalera, enmarcada por una bóveda de laureles y el arrullo del agua, se creaba un entorno ideal para estimular los sentidos, entrar en el clima propicio para la meditación y realizar las abluciones previas al rezo.
HUERTAS DEL GENERALIFE
En los terrenos circundantes al palacio se estima que debía de haber al menos cuatro grandes huertas organizadas en diferentes niveles o paratas, contenidas por muros de tapial. Los nombres de estas huertas que han trascendido hasta nosotros son: Grande, Colorada, Mercería y Fuente Peña.
Estas huertas han continuado, en mayor o menor medida, desde el siglo XIV labrándose con las mismas técnicas medievales tradicionales. Gracias a esta producción agrícola, la corte nazarí mantenía cierta independencia de otros proveedores agrícolas externos, pudiendo satisfacer sus propias necesidades alimenticias.
En ellas se cultivaba no solo la huerta, sino también árboles frutales y pasto para los animales. Por ejemplo, hoy en día se cultivan alcachofas, berenjenas, habichuelas, higos, granados y almendros.
Actualmente, en las huertas conservadas se sigue utilizando la misma técnica de producción agrícola empleada en la época medieval, lo que hace que este espacio encierre en sí un gran valor antropológico.
JARDINES ALTOS
Se accede a estos jardines desde el Patio de la Sultana mediante una empinada escalera del siglo XIX, llamada de los Leones, debido a las dos figuras de loza vidriada que se encuentran sobre el portón.
Estos jardines se pueden considerar un ejemplo del jardín romántico. Están situados sobre paratas y conforman la parte más elevada del Generalife, con unas vistas espectaculares hacia todo el complejo monumental.
Destaca la presencia de bellísimos magnolios.
JARDINES DE LA ROSALEDA
Los Jardines de la Rosaleda tienen su origen en los años treinta y cincuenta, cuando el Estado adquiere el Generalife en 1921.
Surge entonces la necesidad de poner en valor un área abandonada y conectar estratégicamente el lugar con la Alhambra mediante una transición gradual y suave.
PATIO DE LA ACEQUIA
El Patio de la Acequia, también llamado de la Ría en el siglo XIX, presenta hoy una estructura de planta rectangular con dos pabellones enfrentados y una crujía.
El nombre del patio procede justamente de la Acequia Real que atraviesa este palacio, entorno a la que se disponen cuatro jardines en parterres ortogonales a nivel inferior. A ambos lados de la acequia se predisponen unos surtidores que conforman una de las imágenes más populares del palacio. Sin embargo, estos surtidores no son originales, pues rompen la tranquilidad y el sosiego que el sultán venía buscando en sus momentos de descanso y meditación.
Este palacio ha sufrido cuantiosas transformaciones, ya que en origen este patio estaba cerrado a las vistas que hoy hallamos a través de la galería de 18 arcos al estilo belvedere. La única parte que permitiría contemplar el paisaje sería el mirador central. Desde este mirador original, era el lugar en el cual sentados en el suelo y apoyados en el alféizar se podía contemplar las vistas panorámicas a la ciudad palatina de la Alhambra.
Atestiguando su pasado encontraremos en el mirador decoración nazarí, donde destaca la superposición de yeserías del sultán Ismail I sobre las de Muhammad III. Esto deja patente que cada sultán tenía gustos y necesidades diferentes y adaptaban los palacios conforme a los mismos, dejando su propia huella o impronta.
Al pasar el mirador, y si nos fijamos en el intradós de los arcos, también hallaremos emblemas de los Reyes Católicos como el Yugo y las Flechas, así como el lema “Tanto Monta”.
El lado este del patio es reciente debido a un incendio producido en 1958.
PATIO DE LA GUARDIA
Antes de acceder al Patio de la Acequia, nos encontramos con el Patio de la Guardia. Un patio sencillo con galerías porticadas, una fuente en su centro, que está además ornamentado con naranjos amargos. Este patio debió de servir como zona de control y antesala antes de acceder a las dependencias de verano del sultán.
Destaca de este lugar que, tras subir unas empinadas escaleras, nos encontramos una portada enmarcada por un dintel decorado con alicatado en tonos azul, verde y negro sobre un fondo blanco. También alcanzamos a ver, aunque desgastada por el paso del tiempo, la llave nazarí.
Al subir las escalinatas y traspasar esta portada, nos encontramos con un recodo, los bancos de la guardia y una empinada y estrecha escalera que nos conduce al palacio.
PATIO DE LA SULTANA
El Patio de la Sultana es uno de los espacios más transformados. Se piensa que el lugar que hoy ocupa este patio —también llamado Patio del Ciprés— era la zona destinada al antiguo hammam, el baño del Generalife.
En el siglo XVI pierde esta función y aparece convertido en un jardín. Con el tiempo, se dispuso una galería septentrional, una alberca en forma de U, una fuente en su centro y treinta y ocho ruidosos surtidores.
Los únicos elementos que se conservan de la época nazarí son el salto de agua de la Acequia Real, protegido tras la reja, y un pequeño tramo de canalización que dirige el agua hacia el Patio de la Acequia.
El nombre “Patio del Ciprés” se lo debemos al ciprés centenario muerto, del que hoy solo se conserva su tronco. Junto a este se halla una placa en cerámica granadina que nos habla de la leyenda del siglo XVI de Ginés Pérez de Hita, según la cual este ciprés fue testigo de los encuentros amorosos de la favorita del último sultán, Boabdil, con un noble caballero Abencerraje.
PATIO DEL DESCABALGAMIENTO
El Patio del Descabalgamiento, también conocido como Patio Polo, es el primer patio que encontramos al entrar al palacio del Generalife.
El medio de locomoción empleado por el sultán para acceder al Generalife era el caballo y, como tal, requería de un lugar donde bajar de su montura y alojar a estos animales. Este patio se piensa que estaba destinado a tal fin, pues era el lugar para las caballerizas.
Disponía de bancos de apoyo para bajar y subir del equino, y de dos establos en las crujías laterales, que funcionaban como establos en su parte inferior y pajares en la parte superior. Tampoco podía faltar el abrevadero con agua fresca para los caballos.
A resaltar en este lugar: sobre el dintel de la puerta que da paso al siguiente patio, encontramos la llave alhambreña, símbolo de la dinastía nazarí, representando salutación y propiedad.
SALÓN REGIO
El pórtico norte es el mejor conservado y estaba destinado a acoger las dependencias del sultán.
Encontramos un pórtico con cinco arcos sostenidos sobre columnas y en sus extremos alhamíes. Tras este pórtico, y para acceder al Salón Regio, se pasa por un triple arco en el que hay poemas que hablan de la batalla de la Vega o de Sierra Elvira en 1319, lo cual nos brinda información sobre la datación del lugar.
En los lados de este triple arco también hay *taqas*, unos nichos de pequeño tamaño excavados en el muro donde se colocaba agua.
El Salón Regio, ubicado en una torre cuadrada decorada con yeserías, era el lugar donde el sultán —pese a ser este un palacio de descanso— recibía alguna audiencia de carácter urgente. Estas audiencias, según unos versos allí grabados, debían ser breves y directas para no molestar en demasía el reposo del emir.
INTRODUCCIÓN A LOS PALACIOS NAZARÍES
Los Palacios Nazaríes constituyen la zona más emblemática y llamativa del conjunto monumental. Fueron construidos en el siglo XIV, un momento que se puede considerar de gran esplendor para la dinastía nazarí.
Estos palacios eran la zona reservada al sultán y a sus familiares allegados, donde se desarrollaba la vida familiar, pero también la vida oficial y administrativa del reino.
Los Palacios son: el Mexuar, el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones.
Cada uno de estos palacios fue construido de manera independiente, en momentos diferentes y con funciones propias y diferenciadas. Fue tras la Toma de Granada cuando los palacios fueron unificados y, a partir de ese momento, pasaron a ser denominados como la Casa Real, y más adelante como la Casa Real Vieja, cuando Carlos V decidió construir su propio palacio.
EL MEXUAR Y ORATORIO
El Mexuar es la parte más antigua de los Palacios Nazaríes, pero también es el espacio que ha tenido que hacer frente a mayores transformaciones a lo largo del tiempo. Su nombre proviene del árabe *Maswar*, que hace referencia al lugar donde se reunía la *Sura* o Consejo de Ministros del sultán, desvelando así una de sus funciones. También era la antesala donde el sultán impartía justicia.
La construcción del Mexuar se atribuye al sultán Isma’il I (1314–1325), y fue modificado por su nieto Muhammad V. Sin embargo, fueron los cristianos quienes más transformaron este espacio al convertirlo en una capilla.
En época nazarí, este espacio era mucho más reducido y se organizaba en torno a las cuatro columnas centrales, donde aún puede apreciarse el característico capitel cúbico nazarí, pintado con azul cobalto. Sobre estas columnas se apoyaba una linterna que aportaba luz cenital, eliminada en el siglo XVI para crear habitaciones altas y ventanas laterales.
Para convertir el lugar en capilla se rebajó el suelo y se añadió un pequeño espacio rectangular al fondo, hoy separado por una balaustrada de madera que indica dónde se hallaba el coro alto.
El zócalo de alicatado cerámico con decoración de estrellas fue traído de otro lugar. Entre sus estrellas pueden verse alternadamente: el blasón del Reino Nazarí, el del Cardenal Mendoza, el Águila Bicéfala de los Austria, el lema “No hay vencedor sino Dios” y las Columnas de Hércules del escudo imperial.
Sobre el zócalo, un friso epigráfico en yeso repite: “El Reino es de Dios. La Fuerza es de Dios. La Gloria es de Dios.” Estas inscripciones sustituyen las jaculatorias cristianas: “Christus regnat. Christus vincit. Christus imperat.”
La entrada actual al Mexuar fue abierta en época moderna, alterando el emplazamiento de una de las Columnas de Hércules con el lema “Plus Ultra”, que fue trasladada al muro este. La corona de yeso sobre la puerta mantiene su ubicación original.
Al fondo de la sala, una puerta da paso al Oratorio, al que originalmente se accedía por la galería de Machuca.
Este espacio es uno de los más dañados de la Alhambra debido a la explosión de un polvorín en 1590. Fue restaurado en 1917.
Durante la restauración se rebajó el nivel del suelo para evitar accidentes y facilitar la visita. Como testigo del nivel original permanece un poyete corrido bajo las ventanas.
FACHADA DE COMARES Y CUARTO DORADO
Esta impresionante fachada, muy restaurada entre los siglos XIX y XX, fue construida por Muhammad V con el fin de conmemorar la toma de Algeciras en 1369, que otorgaba dominio sobre el Estrecho de Gibraltar.
En este patio, el sultán recibía a los súbditos que lograban una audiencia especial. Se colocaba en la parte central de la fachada, sentado sobre una jamuga entre las dos puertas y bajo el gran alero, obra cumbre de la carpintería nazarí que lo coronaba.
La fachada tiene una gran carga alegórica. En ella los súbditos podían leer:
“Mi posición es la de una corona y mi puerta una bifurcación: el Occidente cree que en mí está el Oriente
Al-Gani bi-llah me ha encomendado franquear la entrada a la victoria que se anuncia.
Pues aguardando estoy que él aparezca como el horizonte a la mañana revela.
¡Haga Dios tan bella su obra como bellos son su carácter y su figura!”
La puerta de la derecha servía de acceso a las dependencias privadas y zona de servicio, mientras que la puerta de la izquierda, a través de un pasillo en recodo con bancos para la guardia, da acceso al Palacio de Comares, concretamente al Patio de los Arrayanes.
Los súbditos que conseguían audiencia esperaban frente a la fachada, separados del sultán por la guardia real, en la estancia hoy conocida como el Cuarto Dorado.
El nombre *Cuarto Dorado* proviene de la etapa de los Reyes Católicos, cuando el artesonado nazarí fue repintado con motivos dorados y se incorporaron los emblemas de los monarcas.
En el centro del patio hay una fuente baja de mármol con gallones, réplica de la fuente de Lindaraja conservada en el Museo de la Alhambra. A un lado de la pila, una reja da paso a un oscuro corredor subterráneo que utilizaba la guardia.
PATIO DE LOS ARRAYANES
Una de las características de la casa hispano-musulmana es acceder a la vivienda a través de un pasillo en recodo que conduce a un patio a cielo abierto, eje de vida y organización del hogar, dotado de algún punto de agua y vegetación. Este mismo concepto se encuentra en el Patio de los Arrayanes, pero a una escala mayor, con 36 metros de largo y 23 de ancho.
El Patio de los Arrayanes es el centro del Palacio de Comares, donde se desarrollaba la actividad política y diplomática del Reino Nazarí. Se trata de un patio rectangular de imponentes dimensiones cuyo eje central es una gran alberca. En ella, el agua quieta actúa como un espejo que concede profundidad y verticalidad al espacio, creando así un palacio sobre el agua.
En ambos extremos de la alberca, los surtidores introducen el agua con suavidad para no romper el efecto espejo ni la quietud del lugar.
Flanqueando la alberca se encuentran dos macizos vegetales de arrayanes, que dan nombre al lugar actual: Patio de los Arrayanes. En el pasado también se le conocía como Patio de la Alberca.
La presencia del agua y la vegetación no responde únicamente a criterios ornamentales o estéticos, sino también a la intención de crear espacios agradables, especialmente en verano. El agua refresca el ambiente, mientras que la vegetación conserva la humedad y aporta aroma.
En los lados mayores del patio se ubican cuatro viviendas independientes. En el lado norte se alza la Torre de Comares, que alberga en su interior el Salón del Trono o de los Embajadores.
En el lado sur, la fachada actúa como un “trampantojo”, ya que la edificación que existía detrás fue derribada para conectar el Palacio de Carlos V con la Antigua Casa Real.
PATIO DE MEZQUITA Y PATIO DE MACHUCA
Antes de acceder a los Palacios Nazaríes, si miramos hacia la izquierda, encontramos dos patios.
El primero es el Patio de la Mezquita, llamado así por la pequeña mezquita que se encuentra en uno de sus ángulos. Sin embargo, desde el siglo XX también ha sido conocido como la Madraza de los Príncipes, ya que su estructura guarda similitudes con la Madraza de Granada.
Más adelante se encuentra el Patio de Machuca, que recibe su nombre del arquitecto Pedro Machuca, encargado de dirigir las obras del Palacio de Carlos V en el siglo XVI, y quien residía en este lugar.
Este patio es fácilmente reconocible por la alberca de bordes lobulados situada en su centro, así como por los cipreses recortados en forma de arco, que recuperan la sensación arquitectónica del espacio de una forma no invasiva.
SALA DE LA BARCA
La Sala de la Barca es la antesala al Salón del Trono o de los Embajadores.
En las jambas del arco que da acceso a esta sala encontramos unos nichos enfrentados, labrados en mármol y decorados con azulejos de colores. Se trata de uno de los elementos ornamentales y funcionales más característicos de los palacios nazaríes: las *taqas*.
Las *taqas* son nichos pequeños excavados en los muros, siempre dispuestos en pareja y enfrentados. Se utilizaban para colocar en su interior jarras con agua fresca para beber o con agua perfumada para lavarse las manos.
El techo actual de la sala es una reproducción del original, perdido en un incendio en 1890.
El nombre de esta sala proviene de una alteración fonética de la palabra árabe *baraka*, que significa “bendición”, y que se repite en multitud de ocasiones en los muros de esta sala. No procede, como se cree popularmente, de la forma de techo de barca invertida.
Era en este lugar donde los nuevos sultanes solicitaban la bendición de su dios antes de ser coronados como tal en el Salón del Trono.
Antes de acceder al Salón del Trono, encontramos dos entradas laterales: a la derecha, un pequeño oratorio con su mihrab; y a la izquierda, la puerta de acceso al interior de la Torre de Comares.
SALÓN DE LOS EMBAJADORES O DEL TRONO
El Salón de los Embajadores, también llamado del Trono o de Comares, es el lugar donde se encontraba el trono del sultán y, por tanto, el centro de poder de la dinastía nazarí. Quizás por esta razón se ubica dentro de la Torre de Comares, la torre de mayor tamaño del conjunto monumental, con 45 metros de altura. Su etimología proviene del árabe *arsh*, que significa tienda, pabellón o trono.
La sala tiene forma de cubo perfecto, y sus paredes están revestidas con una rica decoración hasta el techo. En los laterales hay nueve alcobas iguales agrupadas de tres en tres con ventanas. La situada frente a la entrada presenta una decoración más cuidada, ya que era el lugar que ocupaba el sultán, a contraluz, favoreciendo el efecto de deslumbramiento y sorpresa.
En el pasado, las ventanas estaban cerradas por vidrieras de colores con formas geométricas llamadas *cumarías*. Estas se perdieron debido a la onda expansiva de un polvorín que explotó en 1590 en la Carrera del Darro.
La riqueza decorativa del salón es extrema. Comienza en la parte inferior con azulejos de formas geométricas, que generan un efecto visual similar al de un caleidoscopio. Continúa en las paredes con estucos que parecen tapices colgados, decorados con motivos vegetales, flores, conchas, estrellas y abundante epigrafía.
La escritura presente es de dos tipos: cursiva, la más común y fácilmente reconocible; y cúfica, una escritura culta de formas rectilíneas y angulosas.
Entre todas las inscripciones, la más destacada es la que aparece debajo del techo, en la franja superior de la pared: la sura 67 del Corán, llamada *El Reino* o *del Señorío*, que recorre las cuatro paredes. Esta sura era recitada por los nuevos sultanes para proclamar que su poder provenía directamente de Dios.
La imagen del poder divino también se representa en la techumbre, compuesta por 8.017 piezas diferentes que, mediante ruedas de estrellas, ilustran la escatología islámica: los siete cielos y un octavo, el paraíso, el Trono de Allah, representado por la cupulita central de mocárabes.
CASA REAL CRISTIANA – INTRODUCCIÓN
Para acceder a la Casa Real Cristiana hay que utilizar una de las puertas abiertas en la alcoba izquierda de la Sala de las Dos Hermanas.
Carlos V, nieto de los Reyes Católicos, visitó la Alhambra en junio de 1526 tras haberse casado con Isabel de Portugal en Sevilla. Al llegar a Granada, el matrimonio se instaló en la propia Alhambra y se ordenó la construcción de unas nuevas estancias, hoy conocidas como las Habitaciones del Emperador.
Estos espacios rompen completamente con la arquitectura y estética nazarí. Sin embargo, al haberse construido sobre zonas ajardinadas entre el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones, es posible ver a través de unas pequeñas ventanas situadas a la izquierda del pasillo la parte superior del Hammam Real o Hammam de Comares. Unos metros más adelante, otras aperturas permiten ver la Sala de las Camas y la Galería de los Músicos.
El Baño Real no solo era un espacio de higiene, sino también un lugar idóneo para cultivar de forma distendida y amistosa las relaciones políticas y diplomáticas, acompañado de música para amenizar el momento. Este espacio solo se abre al público en ocasiones especiales.
A través de este pasillo se accede al Despacho del Emperador, que destaca por una chimenea renacentista con el escudo imperial y un artesonado de madera diseñado por Pedro Machuca, arquitecto del Palacio de Carlos V. En el artesonado puede leerse la inscripción “PLUS ULTRA”, lema adoptado por el Emperador, junto a las iniciales K e Y, correspondientes a Carlos V e Isabel de Portugal.
Saliendo de la sala, a la derecha se encuentran las habitaciones imperiales, actualmente cerradas al público y solo accesibles en ocasiones especiales. Estas estancias también son conocidas como las Habitaciones de Washington Irving, ya que fue allí donde se hospedó el escritor romántico norteamericano durante su estancia en Granada. Posiblemente, fue en este lugar donde escribió su famoso libro *Cuentos de la Alhambra*. Sobre la puerta se puede ver una placa conmemorativa.
PATIO DE LINDARAJA
Contiguo al Patio de la Reja se encuentra el Patio de Lindaraja, adornado con setos tallados de boj, cipreses y naranjos amargos. Este patio debe su nombre al mirador nazarí ubicado en su lado meridional, que lleva la misma denominación.
En la etapa nazarí, el jardín tenía un aspecto completamente diferente al actual, ya que era un espacio abierto al paisaje.
Con la llegada de Carlos V, el jardín fue cerrado, adoptando una disposición similar a la de un claustro gracias a una galería porticada. Para su construcción se utilizaron columnas procedentes de otras partes de la Alhambra.
En el centro del patio destaca una fuente barroca, sobre la que se superpuso a principios del siglo XVII una taza de mármol nazarí. La fuente que vemos hoy es una réplica; el original se conserva en el Museo de la Alhambra.
PATIO DE LOS LEONES
El Patio de los Leones es el núcleo de este palacio. Se trata de un patio de planta rectangular rodeado por una galería porticada con ciento veinticuatro columnas, todas diferentes entre sí, que comunican las distintas estancias del palacio. Guarda cierta similitud con un claustro cristiano.
Este espacio se considera una de las joyas del arte islámico, a pesar de romper con los esquemas habituales de la arquitectura hispanomusulmana.
La simbología del palacio gira en torno al concepto de jardín-paraíso. Los cuatro canalillos de agua que parten del centro del patio podrían representar los cuatro ríos del paraíso islámico, otorgando al patio una disposición en cruz. Las columnas evocan un bosque de palmeras, como los oasis del paraíso.
En el centro se sitúa la célebre Fuente de los Leones. Los doce leones, aunque en posición similar —alerta y de espaldas a la fuente—, presentan rasgos diferentes. Están tallados en mármol blanco de Macael, cuidadosamente seleccionado para aprovechar las vetas naturales de la piedra y acentuar sus rasgos distintivos.
Existen diversas teorías sobre su simbolismo. Algunos creen que representan la fuerza de la dinastía nazarí o del sultán Muhammad V, los doce signos del zodíaco, las doce horas del día o incluso un reloj hidráulico. Otros sostienen que es una reinterpretación del Mar de Bronce de Judea, sostenido por doce toros, aquí reemplazados por doce leones.
La taza central probablemente fue tallada in situ y contiene inscripciones poéticas que elogian a Muhammad V y alaban el sistema hidráulico que alimenta la fuente y regula el flujo del agua para evitar desbordamientos.
“En apariencia, agua y mármol parecen confundirse sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves cómo el agua se derrama en la taza, pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator.
¿No es, en realidad, cual blanca nube que vierte en los leones sus acequias y parece la mano del califa que, de mañana prodiga a los leones de la guerra sus favores?”
La fuente sufrió diversas transformaciones a lo largo del tiempo. En el siglo XVII se le añadió una segunda taza, que fue retirada en el siglo XX y reubicada en el Jardín de los Adarves de la Alcazaba.
PEINADOR DE LA REINA Y PATIO DE LA REJA
La adaptación cristiana del palacio conllevó la creación de un acceso directo a la Torre de Comares mediante una galería abierta de dos pisos. Esta galería ofrece unas vistas magníficas hacia dos de los barrios más emblemáticos de Granada: el Albaicín y el Sacromonte.
Desde la galería, mirando hacia la derecha, también se divisa el Peinador de la Reina, que al igual que otras zonas mencionadas solo puede visitarse en ocasiones especiales o como espacio del mes.
El Peinador de la Reina se sitúa en la Torre de Yusuf I, una torre adelantada respecto a la muralla. Su nombre cristiano proviene del uso que le dio Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, durante su estancia en la Alhambra.
En su interior, el espacio fue adaptado a la estética cristiana y alberga valiosas pinturas renacentistas realizadas por Julio de Aquiles y Alexander Mayner, discípulos de Rafael Sanzio, también conocido como Rafael de Urbino.
Al descender desde la galería, nos encontramos con el Patio de la Reja. Su nombre proviene del balcón corrido con rejas de hierro forjado, instaladas a mediados del siglo XVII. Estas rejas servían como corredor abierto para conectar y proteger las estancias adyacentes.
SALA DE LAS DOS HERMANAS
La Sala de las Dos Hermanas recibe su nombre actual por la presencia de dos losas gemelas de mármol de Macael emplazadas en el centro de la sala.
Esta sala guarda cierta semejanza con la Sala de los Abencerrajes: se encuentra a una altura superior respecto al patio y, tras la entrada, presenta dos puertas. La de la izquierda daba acceso al retrete y la de la derecha comunicaba con las estancias superiores de la vivienda.
A diferencia de su sala gemela, esta se abre al norte hacia la Sala de los Ajimeces y hacia un pequeño mirador: el Mirador de Lindaraja.
Durante la dinastía nazarí, en tiempos de Muhammad V, esta sala era conocida como *qubba al-kubra*, es decir, la qubba mayor, la más importante del Palacio de los Leones. El término *qubba* hace referencia a una planta cuadrada cubierta con una cúpula.
La cúpula parte de una estrella de ocho puntas, desplegándose en un trazado tridimensional compuesto por 5.416 mocárabes, algunos de los cuales aún conservan restos de policromía. Estos mocárabes se distribuyen en dieciséis cupulines situados sobre dieciséis ventanas con celosías que aportan luz cambiante a la estancia según el momento del día.
SALA DE LOS ABENCERRAJES
Antes de acceder a la sala occidental, también conocida como la Sala de los Abencerrajes, nos encontramos con unas puertas de madera con un labrado remarcable que se conservan desde la época medieval.
El nombre de esta sala está ligado a una leyenda según la cual, debido a un rumor sobre un escarceo amoroso entre un caballero abencerraje y la favorita del sultán, o por supuestas conspiraciones de esta familia para derrocar al monarca, el sultán, lleno de ira, mandó llamar a los caballeros Abencerrajes. Treinta y seis de ellos perdieron la vida como consecuencia.
Esta historia fue recogida en el siglo XVI por el escritor Ginés Pérez de Hita en su novela sobre las *Guerras Civiles de Granada*, donde narra que los caballeros fueron asesinados en esta misma sala.
Por este motivo, algunos afirman ver en las manchas de óxido de la fuente central un vestigio simbólico de los ríos de sangre de aquellos caballeros.
Esta leyenda también inspiró al pintor español Mariano Fortuny, quien la plasmó en su obra titulada *La matanza de los Abencerrajes*.
Al traspasar la puerta, encontramos dos accesos: el de la derecha conducía al retrete y el de la izquierda a unas escaleras que llevaban a las dependencias superiores.
La Sala de los Abencerrajes es una vivienda privada e independiente en planta baja, estructurada en torno a una gran *qubba* (cúpula en árabe).
La cúpula de yeso está ricamente decorada con mocárabes que parten de una estrella de ocho puntas en una compleja composición tridimensional. Los mocárabes son elementos arquitectónicos a base de prismas colgantes de formas cóncavas y convexas, que recuerdan a estalactitas.
Al adentrarse en la sala, se percibe un descenso de temperatura. Esto se debe a que las únicas ventanas están situadas en la parte superior, permitiendo que el aire caliente escape. Mientras tanto, el agua de la fuente central refresca el ambiente, haciendo que, con las puertas cerradas, la sala funcione como una especie de cueva con temperatura ideal para los días más calurosos del verano.
SALA DE LOS AJIMECES Y MIRADOR DE LINDARAJA
Tras la Sala de las Dos Hermanas, encontramos al norte una nave transversal cubierta por una bóveda de mocárabes. Esta estancia recibe el nombre de Sala de los Ajimeces por el tipo de ventanas que debieron cerrar los vanos situados a ambos lados del arco central que da paso al Mirador de Lindaraja.
Se cree que las paredes blancas de esta sala estaban originalmente tapizadas con telas de seda.
El llamado Mirador de Lindaraja debe su nombre a la derivación del término árabe *Ayn Dar Aisa*, que significa “los ojos de la Casa de Aisa”.
A pesar de sus reducidas dimensiones, el interior del mirador alberga una decoración destacable. Por un lado, presenta un alicatado con sucesiones de estrellas enlazadas de pequeño tamaño, lo cual exigió un trabajo minucioso por parte de los artesanos. Por otro lado, si uno se acerca y alza la vista, puede observar un techo con cristales de colores encajados en una estructura de madera, a modo de linterna cenital.
Esta linterna es una muestra representativa de cómo debieron ser muchos de los cierres o ajimeces de la Alhambra palatina. Cuando la luz del sol incide sobre los cristales, proyecta reflejos de colores que iluminan la decoración, otorgando al espacio una atmósfera única y cambiante a lo largo del día.
Durante la época nazarí, cuando el patio aún no estaba cerrado, una persona podía sentarse en el suelo del mirador, apoyar el brazo en el alféizar de la ventana y disfrutar de unas vistas espectaculares hacia el barrio del Albayzín. Estas vistas se perdieron a comienzos del siglo XVI, cuando se construyeron las dependencias destinadas a ser residencia del emperador Carlos V.
SALA DE LOS REYES
La Sala de los Reyes ocupa todo el lado este del Patio de los Leones y, aunque aparece integrada en el palacio, se piensa que tuvo una función propia, probablemente de carácter lúdico o áulico.
Este espacio destaca por conservar uno de los pocos ejemplos de pintura figurativa nazarí.
En las tres alcobas de aproximadamente quince metros cuadrados cada una, hay tres falsas bóvedas decoradas con pinturas realizadas sobre cuero de cordero. Estas pieles fueron fijadas al soporte de madera mediante pequeños clavos de bambú, técnica que evitaba la oxidación del material.
El nombre de la sala probablemente proviene de la interpretación de la pintura de la alcoba central, en la que se representan diez figuras que podrían corresponder a los primeros diez sultanes de la Alhambra.
En las alcobas laterales se pueden observar escenas caballerescas de lucha, caza, juegos y amor. En ellas se distingue claramente, por la vestimenta, la presencia de personajes cristianos y musulmanes compartiendo el mismo espacio.
Sobre el origen de estas pinturas se ha debatido ampliamente. Debido a su estilo gótico lineal, se piensa que probablemente fueron realizadas por artistas cristianos conocedores del mundo musulmán. Es posible que estas obras sean fruto de la buena relación entre Muhammad V, fundador de este palacio, y el rey cristiano Pedro I de Castilla.
SALA DE LOS SECRETOS
La Sala de los Secretos es una estancia de planta cuadrada, cubierta con una bóveda esférica.
En esta sala ocurre algo muy particular y curioso que la convierte en una de las atracciones favoritas para los visitantes de la Alhambra, especialmente para los más pequeños.
El fenómeno consiste en que, si una persona se coloca en uno de los vértices de la sala y otra en el vértice opuesto —ambas de cara a la pared y lo más cerca posible de ella—, una de ellas puede hablar en voz muy baja y la otra escuchará perfectamente el mensaje, como si estuviera justo a su lado.
Es gracias a este “juego” acústico que la sala recibe su nombre: **Sala de los Secretos**.
SALA DE LOS MOCÁRABES
El conocido como Palacio de los Leones fue mandado construir durante el segundo reinado del sultán Muhammad V, que comenzó en 1362 y se prolongó hasta 1391. En esta etapa se inicia la construcción del Palacio de los Leones, colindante con el Palacio de Comares, que había sido edificado por su padre, el sultán Yusuf I.
Este nuevo palacio también fue denominado *Palacio del Riyad*, ya que se cree que fue levantado sobre los antiguos Jardines de Comares. El término *Riyad* significa “jardín”.
Se piensa que el acceso original al palacio se realizaba por el ángulo sureste, desde la Calle Real y a través de un acceso en recodo. Actualmente, debido a las modificaciones cristianas tras la conquista, se accede directamente desde el Palacio de Comares a la Sala de los Mocárabes.
La Sala de los Mocárabes recibe su nombre por la impresionante bóveda de mocárabes que la cubría originalmente, y que se desplomó casi por completo como consecuencia de las vibraciones provocadas por la explosión de un polvorín en la Carrera del Darro en 1590.
Aún pueden observarse restos de esta bóveda en uno de los lados. En el lado opuesto, quedan restos de una bóveda cristiana posterior, en la que aparecen las letras “F. Y.”, tradicionalmente asociadas a Fernando e Isabel, aunque en realidad corresponden a Felipe V e Isabel de Farnesio, quienes visitaron la Alhambra en 1729.
Se cree que la sala pudo haber funcionado como zaguán o sala de espera para los invitados a las celebraciones, fiestas y recepciones del sultán.
EL PARTAL – INTRODUCCIÓN
El amplio espacio conocido hoy como Jardines del Partal debe su nombre al Palacio del Pórtico, denominado así por la galería porticada que presenta.
Se trata del palacio más antiguo conservado del conjunto monumental, cuya construcción se atribuye al sultán Muhammad III a principios del siglo XIV.
Este palacio guarda cierta similitud con el Palacio de Comares, aunque sea anterior: un patio rectangular, una alberca central y el reflejo del pórtico sobre el agua a modo de espejo. Su principal elemento diferenciador es la presencia de una torre lateral, conocida desde el siglo XVI como Torre de las Damas, aunque también ha recibido el nombre de Observatorio, ya que Muhammad III era un gran aficionado a la astronomía. La torre cuenta con ventanas orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, lo que permite disfrutar de vistas espectaculares.
Una curiosidad notable es que este palacio fue de titularidad privada hasta el 12 de marzo de 1891, cuando su propietario, Arthur Von Gwinner, banquero y cónsul alemán, cedió el edificio y el terreno inmediato al Estado español.
Lamentablemente, Von Gwinner desmontó el techo de madera del mirador y lo trasladó a Berlín, donde actualmente se expone en el Museo de Pérgamo como una de las piezas más destacadas de su colección de arte islámico.
Colindando con el Palacio del Partal, a la izquierda de la Torre de las Damas, se encuentran unas casas nazaríes. Una de ellas fue llamada Casa de las Pinturas debido al hallazgo, a principios del siglo XX, de pinturas realizadas al temple sobre estuco del siglo XIV. Estas pinturas, de gran valor, constituyen un raro ejemplo de pintura mural figurativa nazarí, con escenas cortesanas, de caza y celebraciones.
Debido a su importancia y por razones de conservación, estas viviendas no están abiertas al público.
ORATORIO DEL PARTAL
A la derecha del Palacio del Partal, sobre el adarve de la muralla, se encuentra el Oratorio del Partal, cuya construcción se atribuye al sultán Yusuf I. El acceso se realiza mediante unas pequeñas escaleras, ya que se encuentra elevado respecto al nivel del suelo.
Uno de los pilares del Islam es rezar cinco veces al día en dirección a La Meca. El oratorio funcionaba como una capilla palatina que permitía a los habitantes del palacio cercano cumplir con esta obligación religiosa.
A pesar de sus reducidas dimensiones (unos doce metros cuadrados), el oratorio cuenta con un pequeño vestíbulo y una sala de oración. Su interior presenta una rica decoración en yesería con motivos vegetales y geométricos, así como inscripciones coránicas.
Al subir las escaleras, justo frente a la puerta de entrada, se encuentra en el muro suroeste el mihrab, orientado hacia La Meca. Tiene planta poligonal, un arco de herradura adovelado y está cubierto por una cúpula de mocárabes.
Destaca especialmente la inscripción epigráfica ubicada en las impostas del arco del mihrab, que invita a la oración: “Ven a orar y no seas de los negligentes.”
Adosada al oratorio se encuentra la Casa de Atasio de Bracamonte, que fue cedida en 1550 a quien fuera escudero del alcaide de la Alhambra, el Conde de Tendilla.
PARTAL ALTO – PALACIO DE YUSUF III
En la parata más elevada de la zona del Partal se hallan los restos arqueológicos del Palacio de Yusuf III. Este palacio fue cedido en junio de 1492 por los Reyes Católicos al primer gobernador de la Alhambra, Don Íñigo López de Mendoza, segundo Conde de Tendilla. Por ello, también se le conoce como el Palacio de Tendilla.
La razón por la cual este palacio se encuentra en ruinas tiene su origen en las desavenencias surgidas en el siglo XVIII entre los descendientes del Conde de Tendilla y Felipe V de Borbón. A la muerte sin herederos del archiduque Carlos II de Austria, la familia de Tendilla apoyó al archiduque Carlos de Austria en lugar de a Felipe de Borbón. Tras la entronización de Felipe V, se tomaron represalias: en 1718 se les retiró la alcaidía de la Alhambra y más tarde el palacio, que fue desmantelado y sus materiales vendidos.
Algunos de esos materiales reaparecieron en el siglo XX en colecciones privadas. Se cree que el conocido como “Azulejo Fortuny”, conservado en el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid, podría proceder de este palacio.
Desde 1740 en adelante, el solar del palacio se convirtió en una zona de huertas arrendadas.
Fue en 1929 cuando esta área fue recuperada por el Estado español y reintegrada en la propiedad de la Alhambra. Gracias al trabajo de Leopoldo Torres Balbás, arquitecto y restaurador de la Alhambra, este espacio fue puesto en valor mediante la creación de un jardín arqueológico.
PASEO DE LAS TORRES Y TORRE DE LOS PICOS
La muralla de la ciudad palatina contaba en su origen con más de treinta torres, de las cuales hoy solo se conservan una veintena. Inicialmente, estas torres tenían una función estrictamente defensiva, aunque con el tiempo algunas adoptaron también un uso residencial.
A la salida de los Palacios Nazaríes, desde la zona del Partal Alto, parte un camino empedrado que conduce al Generalife. Este recorrido sigue el lienzo de muralla donde se encuentran algunas de las torres más emblemáticas del conjunto, enmarcado por una zona ajardinada con bellas vistas al Albaicín y a las huertas del Generalife.
Una de las torres más destacadas es la Torre de los Picos, construida por Muhammad II y reformada posteriormente por otros sultanes. Es fácilmente reconocible por sus almenas en forma de pirámides de ladrillo, de donde podría derivar su nombre. Sin embargo, otros autores creen que el nombre procede de las ménsulas que sobresalen en sus esquinas superiores y que sostenían los matacanes, elementos defensivos que permitían contrarrestar ataques desde lo alto.
La principal función de la torre era proteger la Puerta del Arrabal situada en su base, que comunicaba con la Cuesta del Rey Chico, facilitando el acceso al barrio del Albaicín y al antiguo camino medieval que conectaba la Alhambra con el Generalife.
En época cristiana se construyó un baluarte exterior con caballerizas para reforzar su protección, que se cierra con una nueva entrada conocida como la Puerta del Hierro.
Aunque comúnmente se asocia a las torres una función militar exclusiva, se sabe que la Torre de los Picos también tuvo un uso residencial, como lo demuestra la ornamentación presente en su interior.
TORRE DE LA CAUTIVA
La Torre de la Cautiva ha recibido diversos nombres a lo largo del tiempo, como Torre de la Ladrona o Torre de la Sultana, aunque finalmente ha prevalecido el más popular: Torre de la Cautiva.
Esta denominación no se basa en hechos históricos comprobados, sino que es fruto de una leyenda romántica según la cual en esta torre estuvo prisionera Isabel de Solís, quien más tarde se convirtió al islam bajo el nombre de Zoraida y llegó a ser la sultana favorita de Muley Hacén. Esta situación provocó tensiones con Aixa, la anterior sultana y madre de Boabdil, dado que Zoraida —cuyo nombre significa “lucero del alba”— desplazó su posición en la corte.
La construcción de esta torre se atribuye al sultán Yusuf I, también responsable del Palacio de Comares. Esta atribución está respaldada por las inscripciones en la sala principal, obra del visir Ibn al-Yayyab, que elogian a este sultán.
En los poemas inscritos en las paredes, el visir utiliza repetidamente el término qal’ahurra, que ha sido empleado desde entonces para referirse a palacios fortificados, como es el caso de esta torre. Además de cumplir funciones defensivas, la torre alberga en su interior un auténtico palacio con una rica decoración.
En cuanto a su ornamentación, destaca en la sala principal el zócalo de alicatado cerámico con formas geométricas de diversos colores. Entre ellos sobresale el color púrpura, cuya obtención en la época era especialmente difícil y costosa, por lo que se reservaba exclusivamente para espacios de gran relevancia.
TORRE DE LAS INFANTAS
La Torre de las Infantas, al igual que la Torre de la Cautiva, debe su nombre a una leyenda.
Se trata de la leyenda de las tres princesas Zaida, Zoraida y Zorahaida, que habitaron esta torre, historia que fue recogida por Washington Irving en sus célebres *Cuentos de la Alhambra*.
La construcción de esta torre-palacio, o *qalahurra*, se atribuye al sultán Muhammad VII, quien reinó entre 1392 y 1408. Por tanto, se trata de una de las últimas torres construidas por la dinastía nazarí.
Esta circunstancia se refleja en la decoración del interior, que presenta signos de cierta decadencia en comparación con los periodos anteriores de mayor esplendor artístico.
TORRE DEL CABO DE CARRERA
Al final del Paseo de las Torres, en la parte más oriental de la muralla norte, se encuentran los restos de una torre de forma cilíndrica: la Torre del Cabo de Carrera.
Esta torre fue prácticamente destruida como consecuencia de las voladuras perpetradas en 1812 por las tropas napoleónicas durante su retirada de la Alhambra.
Se cree que fue construida o reedificada por orden de los Reyes Católicos en el año 1502, como lo confirmaba una inscripción hoy desaparecida.
Su nombre proviene de su ubicación en el extremo de la Calle Mayor de la Alhambra, marcando el límite o “cabo de carrera” de dicha vía.
FACHADAS DEL PALACIO DE CARLOS V
El Palacio de Carlos V, con sus sesenta y tres metros de ancho y diecisiete metros de alto, sigue las proporciones de la arquitectura clásica, motivo por el cual se divide horizontalmente en dos niveles con arquitectura y decoración claramente diferenciadas.
Para la decoración de sus fachadas se utilizaron tres tipos de piedra: caliza gris y compacta de Sierra Elvira, mármol blanco de Macael y serpentinita verde del Barranco de San Juan.
La decoración exterior exalta la imagen del emperador Carlos V, resaltando sus virtudes mediante referencias mitológicas e históricas.
Las fachadas más destacadas son las del lado sur y oeste, ambas diseñadas como arcos de triunfo. La portada principal se encuentra en el lado oeste, donde la puerta principal está coronada por victorias aladas. A ambos lados hay dos pequeñas puertas sobre las que se encuentran medallones con figuras de soldados a caballo en actitud de combate.
En los pedestales de las columnas se presentan relieves duplicados simétricamente. Los relieves centrales simbolizan la Paz: muestran dos mujeres sentadas sobre un montículo de armas, portando ramas de olivo y sosteniendo las Columnas de Hércules, la esfera del mundo con la corona imperial y el lema *PLUS ULTRA*, mientras unos angelotes queman la artillería de guerra.
Los relieves laterales representan escenas bélicas, como la Batalla de Pavía, donde Carlos V venció a Francisco I de Francia.
En la parte superior se encuentran balcones flanqueados por medallones que representan dos de los doce trabajos de Hércules: uno matando al León de Nemea y otro enfrentándose al Toro de Creta. En el medallón central aparece el Escudo de España.
En la parte inferior del palacio destacan los sillares almohadillados rústicos, diseñados para transmitir una sensación de solidez. Sobre ellos se hallan anillas de bronce sostenidas por figuras de animales como leones —símbolos de poder y protección—, y en las esquinas, águilas dobles, en alusión al poder imperial y al emblema heráldico del emperador: el águila bicéfala de Carlos I de España y V de Alemania.
INTRODUCCIÓN AL PALACIO DE CARLOS V
El emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, nieto de los Reyes Católicos e hijo de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso, visitó Granada en el verano de 1526 tras haberse casado con Isabel de Portugal en Sevilla, para pasar su luna de miel.
Al llegar, el emperador quedó cautivado por el encanto de la ciudad y de la Alhambra, y decidió construir un nuevo palacio en la ciudad palatina. Este palacio sería conocido como la Casa Real Nueva, en contraposición a los Palacios Nazaríes, denominados desde entonces como Casa Real Vieja.
Las obras fueron encargadas al arquitecto y pintor toledano Pedro Machuca, de quien se dice que fue discípulo de Miguel Ángel, lo que explicaría su profundo conocimiento del Renacimiento clásico.
Machuca proyectó un palacio monumental de estilo renacentista, con planta cuadrada y un círculo integrado en su interior, inspirado en los monumentos de la antigüedad clásica.
La construcción comenzó en 1527 y fue financiada en gran parte con los tributos que los moriscos debían pagar para seguir viviendo en Granada y conservar sus costumbres y ritos.
En 1550, Pedro Machuca falleció sin haber concluido el palacio. Fue su hijo Luis quien continuó el proyecto, pero tras su muerte, las obras se detuvieron durante un tiempo. Se retomaron en 1572 bajo el reinado de Felipe II, encomendándose a Juan de Orea por recomendación de Juan de Herrera, arquitecto del Monasterio de El Escorial. Sin embargo, debido a la falta de recursos provocada por la Guerra de las Alpujarras, no se realizaron avances significativos.
No fue hasta el siglo XX cuando se culminó la edificación del palacio. Primero bajo la dirección del arquitecto-restaurador Leopoldo Torres Balbás, y finalmente en 1958 por Francisco Prieto Moreno.
El Palacio de Carlos V fue concebido como un símbolo de paz universal, reflejando las aspiraciones políticas del emperador. Sin embargo, Carlos V nunca llegó a conocer personalmente el palacio que mandó construir.
MUSEO DE LA ALHAMBRA
El Museo de la Alhambra se encuentra en la planta baja del Palacio de Carlos V y está distribuido en siete salas dedicadas a la cultura y al arte hispanomusulmán.
Alberga la mejor colección existente de arte nazarí, compuesta por piezas halladas en excavaciones y restauraciones llevadas a cabo en la propia Alhambra a lo largo del tiempo.
Entre las obras expuestas destacan elementos de yesería, columnas, carpintería, cerámica de diversos estilos —como el célebre Jarrón de las Gacelas—, una copia de la lámpara de la mezquita mayor de la Alhambra, así como lápidas, monedas y otros objetos de gran valor histórico.
Esta colección constituye el complemento ideal para la visita al complejo monumental, ya que permite comprender mejor la vida cotidiana y la cultura durante la etapa nazarí.
La entrada al museo es gratuita, aunque es importante tener en cuenta que permanece cerrado los lunes.
PATIO DEL PALACIO DE CARLOS V
Cuando Pedro Machuca proyectó el Palacio de Carlos V, lo hizo utilizando formas geométricas con fuerte simbolismo renacentista: el cuadrado para representar el mundo terrenal, el círculo interior como símbolo de lo divino y de la creación, y el octógono —reservado para la capilla— como unión entre ambos mundos.
Al acceder al palacio, nos encontramos con un imponente patio circular porticado, elevado respecto al exterior. Este patio está rodeado por dos galerías superpuestas, ambas con treinta y dos columnas. En la planta baja las columnas son de orden dórico-toscano, y en la planta superior, de orden jónico.
Las columnas fueron realizadas en piedra pudinga o de almendrilla, procedente del pueblo granadino de El Turro. Este material fue elegido por ser más económico que el mármol originalmente previsto en el diseño.
La galería inferior cuenta con una bóveda anular que posiblemente estaba destinada a ser decorada con pinturas al fresco. Por su parte, la galería superior dispone de una techumbre de casetones de madera.
En el friso que recorre el patio destacan los *burocráneos*, representaciones de cráneos de buey, un motivo decorativo con raíces en la antigua Grecia y Roma, donde se usaban en frisos y sepulcros vinculados a sacrificios rituales.
Las dos plantas del patio están comunicadas por dos escaleras: una en el lado norte, construida en el siglo XVII, y otra también al norte, diseñada ya en el siglo XX por el arquitecto conservador de la Alhambra, Francisco Prieto Moreno.
Aunque nunca fue utilizado como residencia real, el palacio alberga actualmente dos importantes museos: el Museo de Bellas Artes en la planta superior, con una destacada colección de pintura y escultura granadina de los siglos XV al XX, y el Museo de la Alhambra en la planta baja, al que se accede por el zaguán occidental.
Además de su función museística, el patio central cuenta con una acústica excepcional, lo que lo convierte en un escenario privilegiado para conciertos y representaciones teatrales, especialmente durante el Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
BAÑO DE LA MEZQUITA
En la Calle Real, en el solar contiguo a la actual Iglesia de Santa María de la Alhambra, se encuentra el Baño de la Mezquita.
Este baño fue construido durante el reinado del sultán Muhammad III y financiado mediante la yizya, un impuesto que se cobraba a los cristianos por sembrar tierras en la frontera.
El uso del hammam o baño era esencial en la vida cotidiana de una ciudad islámica, y la Alhambra no era una excepción. Por su cercanía a la mezquita, este baño cumplía una función religiosa clave: permitir las abluciones o rituales de purificación antes de la oración.
Sin embargo, su función no era exclusivamente religiosa. El hammam también servía para la higiene personal y era un importante punto de encuentro social.
Su uso estaba regulado por horarios, siendo por la mañana para los hombres y por la tarde para las mujeres.
Inspirados en las termas romanas, los baños musulmanes compartían con ellas la distribución en salas, aunque eran de menor tamaño y su funcionamiento se basaba en el vapor, a diferencia de las termas romanas que eran de inmersión.
El baño constaba de cuatro espacios principales: una sala de reposo o vestuario, una sala fría o templada, una sala caliente y una zona de calderas adosada a esta última.
El sistema de calefacción utilizado era el hipocausto, un sistema de calefacción subterráneo que calentaba el suelo mediante aire caliente generado por un horno y distribuido a través de una cámara bajo el pavimento.
EX CONVENTO DE SAN FRANCISCO – PARADOR DE TURISMO
El actual Parador de Turismo fue originalmente el Convento de San Francisco, edificado en 1494 sobre un antiguo palacio nazarí que, según la tradición, habría pertenecido a un infante musulmán.
Tras la toma de Granada, los Reyes Católicos cedieron este espacio para fundar el primer convento franciscano de la ciudad, cumpliendo así una promesa realizada al patriarca de Asís años antes de la conquista.
Con el tiempo, este lugar se convirtió en el primer lugar de enterramiento de los Reyes Católicos. Un mes y medio antes de su fallecimiento en Medina del Campo en 1504, la reina Isabel dejó especificado en su testamento su deseo de ser enterrada en este convento, vestida con hábito franciscano. En 1516, fue enterrado junto a ella el rey Fernando.
Ambos permanecieron allí sepultados hasta 1521, cuando su nieto, el emperador Carlos V, ordenó trasladar sus restos a la Capilla Real de Granada, donde hoy reposan junto a Juana I de Castilla, Felipe el Hermoso y el infante Miguel de Paz.
Actualmente, es posible visitar este primer lugar de enterramiento accediendo al patio del Parador. Bajo una cúpula de mocárabes se conservan las lápidas originales de ambos monarcas.
Desde junio de 1945, este edificio alberga el Parador de San Francisco, un alojamiento turístico de alta categoría cuya propiedad y gestión corresponden al Estado español.
LA MEDINA
La palabra “medina”, que en árabe significa “ciudad”, hacía referencia a la zona más elevada de la colina de la Sabika, en la Alhambra.
Esta medina albergaba una intensa actividad cotidiana, ya que era el área donde se concentraban los oficios y la población que hacía posible la vida de la corte nazarí dentro de la ciudad palatina.
En ella se producían tejidos, cerámica, pan, vidrio e incluso monedas. Además de las viviendas de los trabajadores, también existían edificios públicos esenciales como baños, mezquitas, zocos, aljibes, hornos, silos y talleres.
Para el correcto funcionamiento de esta ciudad en miniatura, la Alhambra contaba con su propio sistema de legislación, administración y recaudación de impuestos.
Hoy en día solo se conservan algunos vestigios de aquella medina nazarí original. La transformación de la zona por parte de los pobladores cristianos tras la conquista y, posteriormente, las explosiones de pólvora provocadas por las tropas napoleónicas durante su retirada, contribuyeron a su deterioro.
A mediados del siglo XX se emprendió un programa arqueológico de rehabilitación y adaptación de esta área. Fruto de ello, se trazó también un paseo ajardinado sobre una antigua calle medieval, que hoy conecta con el Generalife.
PALACIO ABENCERRAJE
En la medina real, adosado a la muralla meridional, se encuentran los restos del llamado Palacio de los Abencerrajes, nombre castellanizado de la familia Banu Sarray, una noble estirpe de origen norteafricano perteneciente a la corte nazarí.
Los vestigios que hoy pueden contemplarse son el resultado de excavaciones iniciadas en la década de 1930, ya que anteriormente el espacio se encontraba muy deteriorado, en gran parte por las explosiones causadas por las tropas napoleónicas durante su retirada.
Gracias a estas intervenciones arqueológicas, se ha podido constatar la importancia que tuvo esta familia en la corte nazarí, no solo por la extensión del palacio sino también por su ubicación privilegiada: en la zona alta de la medina, justo en el eje urbano principal de la Alhambra.
PUERTA DE LA JUSTICIA
La Puerta de la Justicia, conocida en árabe como Bab al-Sharía, es una de las cuatro puertas exteriores de la ciudad palatina de la Alhambra. Al tratarse de una entrada exterior, cumplía una importante función defensiva, como se aprecia en su estructura de doble recodo y en el pronunciado desnivel del terreno.
Su construcción, integrada en una torre adosada a la muralla sur, se atribuye al sultán Yúsuf I en el año 1348.
La puerta presenta dos arcos de herradura apuntada. Entre ellos se abre una zona a cielo abierto, conocida como buhedera, desde la cual era posible defender la entrada arrojando materiales desde la terraza en caso de ataque.
Más allá de su valor estratégico, esta puerta posee una fuerte carga simbólica en el contexto islámico. Destacan especialmente dos elementos decorativos: la mano y la llave.
La mano representa los cinco pilares del Islam y simboliza protección y hospitalidad. La llave, por su parte, es un emblema de la fe. Su presencia conjunta podría interpretarse como una alegoría del poder espiritual y terrenal.
La leyenda popular dice que, si algún día la mano y la llave llegan a tocarse, significará la caída de la Alhambra… y con ello, el fin del mundo, pues implicaría la pérdida de su esplendor.
Estos símbolos islámicos contrastan con otro añadido cristiano: una escultura gótica de la Virgen con el Niño, obra de Ruberto Alemán, colocada en una hornacina sobre el arco interior por orden de los Reyes Católicos tras la toma de Granada.
PUERTA DE LOS CARROS
La Puerta de los Carros no corresponde a una abertura original de la muralla nazarí. Fue abierta entre los años 1526 y 1536 con un propósito funcional muy concreto: permitir el acceso de los carros que transportaban materiales y columnas para la construcción del Palacio de Carlos V.
En la actualidad, esta puerta sigue cumpliendo una función práctica. Es el acceso peatonal al recinto sin necesidad de ticket, lo que permite visitar libremente el Palacio de Carlos V y los museos que alberga en su interior.
Además, es la única puerta habilitada para el acceso de vehículos autorizados, incluyendo a huéspedes de los hoteles ubicados dentro del recinto de la Alhambra, taxis, servicios especiales, sanitarios y vehículos de mantenimiento.
PUERTA DE LOS SIETE SUELOS
La ciudad palatina de la Alhambra estaba rodeada por una extensa muralla que contaba con cuatro puertas principales de acceso desde el exterior. Para garantizar su defensa, estas puertas presentaban una característica distribución en recodo, dificultando el avance de los posibles atacantes y facilitando emboscadas desde el interior.
La Puerta de los Siete Suelos, situada en la muralla sur, es una de estas entradas. En época nazarí, era conocida como Bib al-Gudur o “Puerta de los Pozos”, debido a la existencia cercana de silos o mazmorras, posiblemente utilizados como prisiones.
Su nombre actual proviene de la creencia popular de que existen siete niveles o pisos bajo ella. Aunque solo se han documentado dos, esta creencia ha alimentado múltiples leyendas y cuentos, como el relato de Washington Irving “La leyenda del legado del moro”, en el que se menciona un tesoro escondido en los sótanos secretos de la torre.
La tradición sostiene que esta fue la última puerta utilizada por Boabdil y su séquito al dirigirse a la Vega de Granada el 2 de enero de 1492 para entregar las llaves del Reino a los Reyes Católicos. Igualmente, fue por esta puerta por donde accedieron las primeras tropas cristianas sin resistencia.
La puerta que contemplamos hoy es una reconstrucción, ya que la original fue en gran parte destruida por la explosión de las tropas napoleónicas en 1812 durante su retirada.
PUERTA DEL VINO
La Puerta del Vino fue la puerta principal de acceso a la Medina de la Alhambra. Su construcción se atribuye al sultán Muhammad III a comienzos del siglo XIV, aunque sus portadas fueron remodeladas posteriormente por Muhammad V.
El nombre de “Puerta del Vino” no proviene del periodo nazarí, sino de la etapa cristiana, a partir de 1556, cuando se permitía a los vecinos de la Alhambra comprar vino libre de impuestos en este lugar.
Al tratarse de una puerta interior, su trazado es recto y directo, a diferencia de las puertas exteriores como la de la Justicia o la de las Armas, que se diseñaban en recodo para mejorar la defensa.
Aunque no cumplía funciones defensivas primarias, contaba con bancos en el interior para los soldados encargados del control del acceso, así como una estancia en la parte superior destinada a la residencia y descanso del cuerpo de guardia.
La fachada occidental, orientada hacia la Alcazaba, era la de ingreso. Sobre el dintel del arco de herradura se encuentra el símbolo de la llave, emblema solemne de bienvenida y de la dinastía nazarí.
En la fachada oriental, que da hacia el Palacio de Carlos V, destacan especialmente las albanegas del arco decoradas con azulejos elaborados mediante la técnica de cuerda seca, ofreciendo un bello ejemplo del arte decorativo hispanomusulmán.
SANTA MARÍA DE LA ALHAMBRA
En tiempos de la dinastía nazarí, el solar que hoy ocupa la Iglesia de Santa María de la Alhambra albergaba la Mezquita Aljama o Mezquita Mayor de la Alhambra, construida a principios del siglo XIV por el sultán Muhammad III.
Tras la toma de Granada el 2 de enero de 1492, la mezquita fue bendecida para el culto cristiano y se celebró en ella la primera misa. Por decisión de los Reyes Católicos, se consagró bajo la advocación de Santa María y se estableció allí la primera sede arzobispal.
A finales del siglo XVI, la antigua mezquita se encontraba en estado ruinoso, lo que motivó su demolición y la construcción de un nuevo templo cristiano, cuya finalización tuvo lugar en 1618.
Del edificio islámico apenas quedan vestigios. El elemento más significativo conservado es una lámpara de bronce con inscripción epigráfica datada en 1305, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Una réplica de esta lámpara puede verse en el Museo de la Alhambra, en el Palacio de Carlos V.
La Iglesia de Santa María de la Alhambra presenta una planta sencilla con una sola nave y tres capillas laterales a cada lado. En su interior destaca la imagen titular: la Virgen de las Angustias, obra del siglo XVIII realizada por Torcuato Ruiz del Peral.
Esta imagen, también conocida como la Virgen de la Piedad, es la única que procesiona en Granada cada Sábado Santo, si el tiempo lo permite. Lo hace sobre un trono de gran belleza que imita en plata repujada las arquerías del emblemático Patio de los Leones.
Como curiosidad, el poeta granadino Federico García Lorca fue miembro de esta cofradía.
TENERÍA
Antes del actual Parador de Turismo y hacia la zona este, se encuentran los restos de la tenería o curtiduría medieval, una instalación dedicada al tratamiento de pieles: su limpieza, curtido y teñido. Esta era una actividad común en todo al-Ándalus.
La tenería de la Alhambra es de dimensiones reducidas si se compara con otras similares en el norte de África. Sin embargo, hay que tener en cuenta que su función estaba destinada exclusivamente a cubrir las necesidades de la corte nazarí.
Contaba con ocho pequeñas albercas de distintos tamaños, tanto rectangulares como circulares, donde se almacenaban la cal y los tintes empleados en el proceso de curtido de las pieles.
Esta actividad requería abundante agua, motivo por el cual la tenería se ubicó junto a la Acequia Real, aprovechando así su caudal constante. Su existencia es también un indicio de la gran cantidad de agua disponible en esta zona de la Alhambra.
TORRE DEL AGUA Y ACEQUIA REAL
La Torre del Agua es una imponente construcción situada en el ángulo suroeste de la muralla de la Alhambra, cerca del actual acceso principal desde las taquillas. Aunque cumplía funciones defensivas, su misión más relevante era proteger la entrada de la Acequia Real, de ahí su nombre.
La acequia llegaba a la ciudad palatina tras cruzar un acueducto y bordeaba la cara norte de la torre para abastecer de agua a toda la Alhambra.
La torre que hoy contemplamos es fruto de una profunda reconstrucción. Durante la retirada de las tropas napoleónicas en 1812, sufrió graves daños por explosiones de pólvora, quedando a mediados del siglo XX reducida prácticamente a su base maciza.
Esta torre era esencial, ya que permitía la entrada del agua —y por tanto de la vida— a la ciudad palatina. En su origen, la colina de la Sabika carecía de fuentes naturales de agua, lo cual supuso un desafío importante para los nazaríes.
Por ello, el sultán Muhammad I ordenó una gran obra de ingeniería hidráulica: la construcción de la llamada Acequia del Sultán. Esta acequia capta el agua del río Darro a unos seis kilómetros de distancia, en una zona de mayor altitud, aprovechando la pendiente para conducir el agua por gravedad.
La infraestructura incluyó una presa de almacenamiento, una noria movida por animales, y un canal revestido de ladrillo —la acequia— que atraviesa montañas de forma subterránea, ingresando por la parte alta del Generalife.
Para salvar el profundo desnivel entre el Cerro del Sol (Generalife) y la colina de la Sabika (Alhambra), los ingenieros construyeron un acueducto, una obra clave para garantizar el abastecimiento de agua a todo el conjunto monumental.
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INTRODUCCIÓN
La Alcazaba es la parte más primitiva del complejo monumental, fue construida sobre los restos de una antigua fortaleza Zirí.
Los orígenes de la Alcazaba Nazarí se remontan a mil doscientos treinta y ocho, cuando el primer sultán y fundador de la dinastía nazarí Muhammad Ibn al-Alhmar decide trasladar la sede del sultanato del Albaicín a la colina de enfrente, la Sabika.
El lugar escogido por Al-Ahmar era idóneo puesto que la Alcazaba situada al extremo occidental de la colina y con una planta triangular, muy similar a la proa de un barco, garantizaba la óptima defensa de lo que sería la ciudad palatina de la Alhambra construida bajo su protección.
La Alcazaba dotada de varias murallas y torres surge con una clara intención defensiva. Fue de hecho, centro de vigilancia por su ubicación a doscientos metros de altura sobre la ciudad de Granada, garantizando de este modo un dominio visual de todo el territorio circundante y representando a su vez un símbolo de poder.
En su interior, se sitúa el barrio castrense y es que con el tiempo la Alcazaba se constituyó como una pequeña micro ciudad independiente destinada a los soldados de alto rango, encargados de la defensa y protección de la Alhambra y sus sultanes.
BARRIO CASTRENSE
Al acceder a la alcazaba nos encontramos con lo que aparenta ser un laberinto, aunque en realidad se trata de un proceso de recuperación arquitectónica mediante anastilosis, que ha permitido rehabilitar el antiguo barrio castrense que había permanecido sepultado hasta principios del siglo veinte.
En este barrio residía la guardia de élite del sultán y el resto del contingente militar encargados de la defensa y seguridad de la Alhambra. Se trataba pues, de una pequeña ciudad dentro de la propia ciudad palatina de la Alhambra con todo lo necesario para la vida cotidiana como viviendas, talleres, tahona con horno, almacenes, aljibe, hammam, etcétera. De esta forma se podía mantener separadas la población militar y la civil.
En este barrio gracias a esta recuperación nos permite contemplar el esquema típico de la casa musulmana: entrada con acceso en recodo, pequeño patio como eje central de la vivienda, habitaciones alrededor del patio y letrina.
Además, a principios del siglo veinte se descubrió en el subsuelo una mazmorra. Fácil de reconocer desde el exterior por la escalera moderna en caracol que conduce hasta ella. En esta mazmorra se encerraban los prisioneros a través de los cuales se podía obtener un beneficio importante, ya sea político o económico, o, en otras palabras, personajes con un gran valor de cambio.
Esta prisión subterránea tiene forma de embudo invertido y una planta circular. Lo cual hacía imposible que estos cautivos pudieran escapar. De hecho, los prisioneros eran introducidos en su interior mediante un sistema de poleas o cuerdas.
TORRE DE LA PÓLVORA
La Torre de la Pólvora servía de refuerzo defensivo por el costado meridional a la Torre de la Vela y desde ella partía el camino militar que llegaba hasta las Torres Bermejas.
Desde mil novecientos cincuenta y siete, es en esta torre donde podemos encontrar unos versos grabados sobre piedra, cuya autoría corresponde al mexicano Francisco de Icaza:
“Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada,
como la pena de ser ciego en Granada”.
JARDÍN DE LOS ADARVES
El espacio ocupado por el Jardín de los Adarves toma sus orígenes en el siglo dieciséis, cuando se edifica una plataforma artillera en el proceso de adaptación de la Alcazaba para la artillería.
Fue ya en el siglo diecisiete cuando el uso militar perdió su importancia y el quinto Marqués de Mondéjar, tras ser nombrado alcaide de la Alhambra en mil seiscientos veinticuatro, decidió transformar este espacio en un jardín rellenando con tierra el espacio entre la muralla exterior y la interior.
Existe una leyenda, según la cual fue en este lugar en el que se encontraron escondidos unos jarrones de porcelana rellenos de oro, probablemente escondidos por los últimos musulmanes que habitaron el lugar, y que parte de ese oro encontrado, fue empleado por el marqués para financiar la creación de este bello jardín. Se piensa que quizás alguno de esos jarrones sea alguno de los veinte grandes vasos de loza dorada nazarí que se conservan en el mundo. Podemos contemplar dos de esos vasos en el Museo Nacional de Arte Hispano-musulmán ubicado en la planta baja del Palacio de Carlos Quinto.
Uno de los elementos destacables de este jardín, es la presencia en la parte central de una fuente con forma de timbal. Esta fuente ha tenido diferentes emplazamientos, el más llamativo y reseñable fue en el Patio de los Leones, donde fue colocada en mil seiscientos veinticuatro sobre la fuente de los leones con el consiguiente daño. La taza estuvo en ese lugar hasta mil novecientos cincuenta y cuatro cuando se retiró y se colocó aquí.
TORRE DE LA VELA
Bajo la dinastía nazarí, esta torre era conocida bajo el nombre de la torre Mayor y a partir del siglo dieciséis se la llamó también torre del Sol, porque el sol se reflejaba en la torre al medio día actuando entonces como un reloj de sol. Pero su nombre actual proviene de la palabra velar, dado que, gracias a su altura de veintisiete metros, proporciona una vista de trescientos sesenta grados que permitiría divisar cualquier movimiento.
La apariencia de la Torre ha cambiado a lo largo del tiempo en sus orígenes contaba con almenas en su terraza, que se fueron perdiendo debido a varios terremotos. La campana fue incorporada tras la toma de Granada por los cristianos.
Esta se utilizaba para dar aviso a la población ante cualquier posible peligro, terremoto o incendio. También se empleaba el sonido de esta campana para regular los turnos de riego en la Vega de Granada.
Actualmente y según la tradición, se hace sonar la campana cada dos de enero para conmemorar la toma de Granada el dos de enero de mil cuatrocientos noventa y dos.
TORRE Y PUERTA DE LAS ARMAS
Situada en la muralla norte de la Alcazaba, la puerta de las Armas fue uno de los accesos principales para acceder a la Alhambra.
En tiempos de la dinastía Nazarí, los ciudadanos atravesaban el Río Darro por el puente del Cadí, y subían la colina por un camino hoy en día oculto por el Bosque de San Pedro, hasta llegar a la puerta. En el interior de la puerta, debían depositar las armas antes de acceder al recinto, de ahí el nombre puerta de las armas.
Desde la terraza de esta torre, podemos obtener hoy en día una de las mejores panorámicas de la ciudad de Granada.
Justo enfrente nos encontramos con el barrio del Albaicín, reconocible por sus viviendas blancas y su entramado de calles laberínticas. Este barrio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en mil novecientos noventa y cuatro.
Es en este barrio donde se ubica uno de los miradores más famosos de Granada: el Mirador de San Nicolás.
A la derecha del Albaicín, se encuentra el barrio del Sacromonte.
El Sacromonte es el antiguo barrio gitano por excelencia de Granada y cuna del flamenco. Este barrio se caracteriza además por la presencia de viviendas trogloditas: las cuevas.
A los pies del Albaicín y de la Alhambra se encuentra la Carrera del Darro, junto a la ribera del río con el mismo nombre.
TORRE DEL HOMENAJE Y TORRE DEL CUBO
La Torre del Homenaje es una de las torres más antiguas de la Alcazaba, posee una altura de veintiséis metros. Cuenta con seis plantas, una terraza y una mazmorra subterránea.
Debido a la altura con la que cuenta la torre, desde su terraza se establecía comunicación con las torres atalayas del reino. Esta comunicación se establecía mediante un sistema de espejos por el día o de humo con hogueras por la noche.
Se piensa que, por la posición saliente de la torre en la colina, fue probablemente el lugar escogido para la ubicación de los estandartes y las banderas rojas de la dinastía nazarí.
La base de esta torre fue reforzada por los cristianos con la llamada Torre del Cubo.
Tras la toma de Granada, los Reyes Católicos proyectan una serie de reformas para adecuar la Alcazaba a la artillería. De este modo, surge sobre la torre de la Tahona, la Torre del Cubo la cual gracias a su forma cilíndrica otorga mayor protección frente a posibles impactos, en comparación a las torres nazaríes con planta cuadrada.
INTRODUCCIÓN
El Generalife situado en el Cerro del Sol era la almunia del sultán o dicho de otro modo, una casa de campo palatina con huertas, donde además de llevar a cabo labores agrícolas, se criaban animales para la corte nazarí y se practicaba la caza. Se estima que los inicios de su construcción se remontan a finales del siglo trece por el sultán Muhammad segundo, hijo del fundador de la dinastía nazarí.
El nombre Generalife procede del árabe “yannat-al-arif” que significa jardín o huerto del arquitecto. Era un espacio mucho más amplio en la época nazarí, con al menos cuatro huertas, y se extendía hasta un lugar que hoy en día se conoce como “el llano de la perdiz”.
Esta casa de campo, que el visir Ibn al-Yayyab llamó la Casa Real de la Felicidad, era un palacio: el palacio de verano del sultán. Pese a la proximidad con la Alhambra, tenía la intimidad suficiente para poder alejarse y relajarse de las tensiones de la corte y de la vida de gobierno, así como para disfrutar de unas temperaturas más agradables. Debido a su emplazamiento a una mayor altitud que la ciudad palatina de la Alhambra, la temperatura descendía en su interior.
Cuando se produce la toma de Granada, el Generalife pasa a ser propiedad de los Reyes Católicos, que lo ponen bajo la protección de un alcaide o comendador. Felipe segundo acabó cediendo la alcaidía perpetua y tenencia del lugar a la familia Granada Venegas (una familia de moriscos conversos). El Estado solamente recuperó este lugar tras un pleito que duró casi 100 años y que finalizó con un acuerdo extrajudicial en 1921.
Acuerdo mediante el cual el Generalife pasaría a ser patrimonio nacional y se gestionaría junto a la Alhambra a través de la figura del Patronato, conformándose así el Patronato de la Alhambra y del Generalife.
AUDITORIO
El anfiteatro al aire libre que encontramos en nuestro camino hacia el palacio del Generalife fue construido en 1952 con la intención de acoger, como lo hace cada verano, el Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
Desde el año 2002 también se celebra un Festival de Flamenco ligado a la figura del poeta más conocido que tenga Granada: Federico García Lorca.
CAMINO MEDIEVAL
Bajo la dinastía nazarí, el camino que otorgaba la conexión entre la ciudad palatina y el Generalife partía de la Puerta del Arabal, enmarcada en la llamada Torre de los Picos, llamada así porque sus almenas finalizan en pirámides de ladrillo.
Se trataba de un camino serpenteante y en pendiente, protegido a ambos lados por altas murallas para dotarlo de mayor seguridad, y desembocaba en la entrada del Patio del Descabalgamiento.
CASA DE LOS AMIGOS
Estas ruinas o fundaciones son los restos arqueológicos de lo que era la llamada Casa de los Amigos. Su nombre y utilidad han llegado hasta nosotros gracias al “Tratado de agricultura” de Ibn Luyún en el siglo XIV.
Se trataba pues de una vivienda destinada a personas, amigos o allegados que el sultán tenía en estima y consideraba importante tener cerca de sí, pero sin llegar a invadir su privacidad, por lo que se trataba de una vivienda aislada.
PASEO DE LAS ADELFAS
Este Paseo de las Adelfas fue realizado a mediados del siglo XIX con motivo de la visita de la Reina Isabel Segunda y para crear un acceso más monumental a la zona alta del palacio.
La adelfa es otro nombre que se le otorga al laurel rosa, que aparece en forma de bóveda ornamental en este paseo. Al inicio del paseo, tras los Jardines Altos, se conserva uno de los ejemplares más antiguos de Arrayán Morisco, que estuvo a punto de perderse y cuya huella genética se sigue investigando en la actualidad.
Se trata de una de las plantas más características de la Alhambra, que se distingue por sus hojas abarquilladas y de mayor tamaño que el arrayán común.
El Paseo de las Adelfas enlaza con el Paseo de los Cipreses, que sirve de unión para conducir al visitante hacia la Alhambra.
ESCALERA DEL AGUA
Uno de los elementos mejor conservados y singulares del Generalife es la llamada Escalera del Agua. Se cree que, bajo la dinastía nazarí, esta escalera —distribuida en cuatro tramos con tres mesetas intermedias— contaba con canales de agua que fluían por los dos pasamanos de cerámica vidriada, alimentados por la Acequia Real.
Esta conducción de agua llegaba hasta un pequeño oratorio, del cual no se conserva información arqueológica. En su lugar, desde 1836, se encuentra un mirador romántico erigido por el administrador de la finca en aquella época.
Probablemente, en la subida de esta escalera, enmarcada por una bóveda de laureles y el arrullo del agua, se creaba un entorno ideal para estimular los sentidos, entrar en el clima propicio para la meditación y realizar las abluciones previas al rezo.
HUERTAS DEL GENERALIFE
En los terrenos circundantes al palacio se estima que debía de haber al menos cuatro grandes huertas organizadas en diferentes niveles o paratas, contenidas por muros de tapial. Los nombres de estas huertas que han trascendido hasta nosotros son: Grande, Colorada, Mercería y Fuente Peña.
Estas huertas han continuado, en mayor o menor medida, desde el siglo XIV labrándose con las mismas técnicas medievales tradicionales. Gracias a esta producción agrícola, la corte nazarí mantenía cierta independencia de otros proveedores agrícolas externos, pudiendo satisfacer sus propias necesidades alimenticias.
En ellas se cultivaba no solo la huerta, sino también árboles frutales y pasto para los animales. Por ejemplo, hoy en día se cultivan alcachofas, berenjenas, habichuelas, higos, granados y almendros.
Actualmente, en las huertas conservadas se sigue utilizando la misma técnica de producción agrícola empleada en la época medieval, lo que hace que este espacio encierre en sí un gran valor antropológico.
JARDINES ALTOS
Se accede a estos jardines desde el Patio de la Sultana mediante una empinada escalera del siglo XIX, llamada de los Leones, debido a las dos figuras de loza vidriada que se encuentran sobre el portón.
Estos jardines se pueden considerar un ejemplo del jardín romántico. Están situados sobre paratas y conforman la parte más elevada del Generalife, con unas vistas espectaculares hacia todo el complejo monumental.
Destaca la presencia de bellísimos magnolios.
JARDINES DE LA ROSALEDA
Los Jardines de la Rosaleda tienen su origen en los años treinta y cincuenta, cuando el Estado adquiere el Generalife en 1921.
Surge entonces la necesidad de poner en valor un área abandonada y conectar estratégicamente el lugar con la Alhambra mediante una transición gradual y suave.
PATIO DE LA ACEQUIA
El Patio de la Acequia, también llamado de la Ría en el siglo XIX, presenta hoy una estructura de planta rectangular con dos pabellones enfrentados y una crujía.
El nombre del patio procede justamente de la Acequia Real que atraviesa este palacio, entorno a la que se disponen cuatro jardines en parterres ortogonales a nivel inferior. A ambos lados de la acequia se predisponen unos surtidores que conforman una de las imágenes más populares del palacio. Sin embargo, estos surtidores no son originales, pues rompen la tranquilidad y el sosiego que el sultán venía buscando en sus momentos de descanso y meditación.
Este palacio ha sufrido cuantiosas transformaciones, ya que en origen este patio estaba cerrado a las vistas que hoy hallamos a través de la galería de 18 arcos al estilo belvedere. La única parte que permitiría contemplar el paisaje sería el mirador central. Desde este mirador original, era el lugar en el cual sentados en el suelo y apoyados en el alféizar se podía contemplar las vistas panorámicas a la ciudad palatina de la Alhambra.
Atestiguando su pasado encontraremos en el mirador decoración nazarí, donde destaca la superposición de yeserías del sultán Ismail I sobre las de Muhammad III. Esto deja patente que cada sultán tenía gustos y necesidades diferentes y adaptaban los palacios conforme a los mismos, dejando su propia huella o impronta.
Al pasar el mirador, y si nos fijamos en el intradós de los arcos, también hallaremos emblemas de los Reyes Católicos como el Yugo y las Flechas, así como el lema “Tanto Monta”.
El lado este del patio es reciente debido a un incendio producido en 1958.
PATIO DE LA GUARDIA
Antes de acceder al Patio de la Acequia, nos encontramos con el Patio de la Guardia. Un patio sencillo con galerías porticadas, una fuente en su centro, que está además ornamentado con naranjos amargos. Este patio debió de servir como zona de control y antesala antes de acceder a las dependencias de verano del sultán.
Destaca de este lugar que, tras subir unas empinadas escaleras, nos encontramos una portada enmarcada por un dintel decorado con alicatado en tonos azul, verde y negro sobre un fondo blanco. También alcanzamos a ver, aunque desgastada por el paso del tiempo, la llave nazarí.
Al subir las escalinatas y traspasar esta portada, nos encontramos con un recodo, los bancos de la guardia y una empinada y estrecha escalera que nos conduce al palacio.
PATIO DE LA SULTANA
El Patio de la Sultana es uno de los espacios más transformados. Se piensa que el lugar que hoy ocupa este patio —también llamado Patio del Ciprés— era la zona destinada al antiguo hammam, el baño del Generalife.
En el siglo XVI pierde esta función y aparece convertido en un jardín. Con el tiempo, se dispuso una galería septentrional, una alberca en forma de U, una fuente en su centro y treinta y ocho ruidosos surtidores.
Los únicos elementos que se conservan de la época nazarí son el salto de agua de la Acequia Real, protegido tras la reja, y un pequeño tramo de canalización que dirige el agua hacia el Patio de la Acequia.
El nombre “Patio del Ciprés” se lo debemos al ciprés centenario muerto, del que hoy solo se conserva su tronco. Junto a este se halla una placa en cerámica granadina que nos habla de la leyenda del siglo XVI de Ginés Pérez de Hita, según la cual este ciprés fue testigo de los encuentros amorosos de la favorita del último sultán, Boabdil, con un noble caballero Abencerraje.
PATIO DEL DESCABALGAMIENTO
El Patio del Descabalgamiento, también conocido como Patio Polo, es el primer patio que encontramos al entrar al palacio del Generalife.
El medio de locomoción empleado por el sultán para acceder al Generalife era el caballo y, como tal, requería de un lugar donde bajar de su montura y alojar a estos animales. Este patio se piensa que estaba destinado a tal fin, pues era el lugar para las caballerizas.
Disponía de bancos de apoyo para bajar y subir del equino, y de dos establos en las crujías laterales, que funcionaban como establos en su parte inferior y pajares en la parte superior. Tampoco podía faltar el abrevadero con agua fresca para los caballos.
A resaltar en este lugar: sobre el dintel de la puerta que da paso al siguiente patio, encontramos la llave alhambreña, símbolo de la dinastía nazarí, representando salutación y propiedad.
SALÓN REGIO
El pórtico norte es el mejor conservado y estaba destinado a acoger las dependencias del sultán.
Encontramos un pórtico con cinco arcos sostenidos sobre columnas y en sus extremos alhamíes. Tras este pórtico, y para acceder al Salón Regio, se pasa por un triple arco en el que hay poemas que hablan de la batalla de la Vega o de Sierra Elvira en 1319, lo cual nos brinda información sobre la datación del lugar.
En los lados de este triple arco también hay *taqas*, unos nichos de pequeño tamaño excavados en el muro donde se colocaba agua.
El Salón Regio, ubicado en una torre cuadrada decorada con yeserías, era el lugar donde el sultán —pese a ser este un palacio de descanso— recibía alguna audiencia de carácter urgente. Estas audiencias, según unos versos allí grabados, debían ser breves y directas para no molestar en demasía el reposo del emir.
INTRODUCCIÓN A LOS PALACIOS NAZARÍES
Los Palacios Nazaríes constituyen la zona más emblemática y llamativa del conjunto monumental. Fueron construidos en el siglo XIV, un momento que se puede considerar de gran esplendor para la dinastía nazarí.
Estos palacios eran la zona reservada al sultán y a sus familiares allegados, donde se desarrollaba la vida familiar, pero también la vida oficial y administrativa del reino.
Los Palacios son: el Mexuar, el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones.
Cada uno de estos palacios fue construido de manera independiente, en momentos diferentes y con funciones propias y diferenciadas. Fue tras la Toma de Granada cuando los palacios fueron unificados y, a partir de ese momento, pasaron a ser denominados como la Casa Real, y más adelante como la Casa Real Vieja, cuando Carlos V decidió construir su propio palacio.
EL MEXUAR Y ORATORIO
El Mexuar es la parte más antigua de los Palacios Nazaríes, pero también es el espacio que ha tenido que hacer frente a mayores transformaciones a lo largo del tiempo. Su nombre proviene del árabe *Maswar*, que hace referencia al lugar donde se reunía la *Sura* o Consejo de Ministros del sultán, desvelando así una de sus funciones. También era la antesala donde el sultán impartía justicia.
La construcción del Mexuar se atribuye al sultán Isma’il I (1314–1325), y fue modificado por su nieto Muhammad V. Sin embargo, fueron los cristianos quienes más transformaron este espacio al convertirlo en una capilla.
En época nazarí, este espacio era mucho más reducido y se organizaba en torno a las cuatro columnas centrales, donde aún puede apreciarse el característico capitel cúbico nazarí, pintado con azul cobalto. Sobre estas columnas se apoyaba una linterna que aportaba luz cenital, eliminada en el siglo XVI para crear habitaciones altas y ventanas laterales.
Para convertir el lugar en capilla se rebajó el suelo y se añadió un pequeño espacio rectangular al fondo, hoy separado por una balaustrada de madera que indica dónde se hallaba el coro alto.
El zócalo de alicatado cerámico con decoración de estrellas fue traído de otro lugar. Entre sus estrellas pueden verse alternadamente: el blasón del Reino Nazarí, el del Cardenal Mendoza, el Águila Bicéfala de los Austria, el lema “No hay vencedor sino Dios” y las Columnas de Hércules del escudo imperial.
Sobre el zócalo, un friso epigráfico en yeso repite: “El Reino es de Dios. La Fuerza es de Dios. La Gloria es de Dios.” Estas inscripciones sustituyen las jaculatorias cristianas: “Christus regnat. Christus vincit. Christus imperat.”
La entrada actual al Mexuar fue abierta en época moderna, alterando el emplazamiento de una de las Columnas de Hércules con el lema “Plus Ultra”, que fue trasladada al muro este. La corona de yeso sobre la puerta mantiene su ubicación original.
Al fondo de la sala, una puerta da paso al Oratorio, al que originalmente se accedía por la galería de Machuca.
Este espacio es uno de los más dañados de la Alhambra debido a la explosión de un polvorín en 1590. Fue restaurado en 1917.
Durante la restauración se rebajó el nivel del suelo para evitar accidentes y facilitar la visita. Como testigo del nivel original permanece un poyete corrido bajo las ventanas.
FACHADA DE COMARES Y CUARTO DORADO
Esta impresionante fachada, muy restaurada entre los siglos XIX y XX, fue construida por Muhammad V con el fin de conmemorar la toma de Algeciras en 1369, que otorgaba dominio sobre el Estrecho de Gibraltar.
En este patio, el sultán recibía a los súbditos que lograban una audiencia especial. Se colocaba en la parte central de la fachada, sentado sobre una jamuga entre las dos puertas y bajo el gran alero, obra cumbre de la carpintería nazarí que lo coronaba.
La fachada tiene una gran carga alegórica. En ella los súbditos podían leer:
“Mi posición es la de una corona y mi puerta una bifurcación: el Occidente cree que en mí está el Oriente
Al-Gani bi-llah me ha encomendado franquear la entrada a la victoria que se anuncia.
Pues aguardando estoy que él aparezca como el horizonte a la mañana revela.
¡Haga Dios tan bella su obra como bellos son su carácter y su figura!”
La puerta de la derecha servía de acceso a las dependencias privadas y zona de servicio, mientras que la puerta de la izquierda, a través de un pasillo en recodo con bancos para la guardia, da acceso al Palacio de Comares, concretamente al Patio de los Arrayanes.
Los súbditos que conseguían audiencia esperaban frente a la fachada, separados del sultán por la guardia real, en la estancia hoy conocida como el Cuarto Dorado.
El nombre *Cuarto Dorado* proviene de la etapa de los Reyes Católicos, cuando el artesonado nazarí fue repintado con motivos dorados y se incorporaron los emblemas de los monarcas.
En el centro del patio hay una fuente baja de mármol con gallones, réplica de la fuente de Lindaraja conservada en el Museo de la Alhambra. A un lado de la pila, una reja da paso a un oscuro corredor subterráneo que utilizaba la guardia.
PATIO DE LOS ARRAYANES
Una de las características de la casa hispano-musulmana es acceder a la vivienda a través de un pasillo en recodo que conduce a un patio a cielo abierto, eje de vida y organización del hogar, dotado de algún punto de agua y vegetación. Este mismo concepto se encuentra en el Patio de los Arrayanes, pero a una escala mayor, con 36 metros de largo y 23 de ancho.
El Patio de los Arrayanes es el centro del Palacio de Comares, donde se desarrollaba la actividad política y diplomática del Reino Nazarí. Se trata de un patio rectangular de imponentes dimensiones cuyo eje central es una gran alberca. En ella, el agua quieta actúa como un espejo que concede profundidad y verticalidad al espacio, creando así un palacio sobre el agua.
En ambos extremos de la alberca, los surtidores introducen el agua con suavidad para no romper el efecto espejo ni la quietud del lugar.
Flanqueando la alberca se encuentran dos macizos vegetales de arrayanes, que dan nombre al lugar actual: Patio de los Arrayanes. En el pasado también se le conocía como Patio de la Alberca.
La presencia del agua y la vegetación no responde únicamente a criterios ornamentales o estéticos, sino también a la intención de crear espacios agradables, especialmente en verano. El agua refresca el ambiente, mientras que la vegetación conserva la humedad y aporta aroma.
En los lados mayores del patio se ubican cuatro viviendas independientes. En el lado norte se alza la Torre de Comares, que alberga en su interior el Salón del Trono o de los Embajadores.
En el lado sur, la fachada actúa como un “trampantojo”, ya que la edificación que existía detrás fue derribada para conectar el Palacio de Carlos V con la Antigua Casa Real.
PATIO DE MEZQUITA Y PATIO DE MACHUCA
Antes de acceder a los Palacios Nazaríes, si miramos hacia la izquierda, encontramos dos patios.
El primero es el Patio de la Mezquita, llamado así por la pequeña mezquita que se encuentra en uno de sus ángulos. Sin embargo, desde el siglo XX también ha sido conocido como la Madraza de los Príncipes, ya que su estructura guarda similitudes con la Madraza de Granada.
Más adelante se encuentra el Patio de Machuca, que recibe su nombre del arquitecto Pedro Machuca, encargado de dirigir las obras del Palacio de Carlos V en el siglo XVI, y quien residía en este lugar.
Este patio es fácilmente reconocible por la alberca de bordes lobulados situada en su centro, así como por los cipreses recortados en forma de arco, que recuperan la sensación arquitectónica del espacio de una forma no invasiva.
SALA DE LA BARCA
La Sala de la Barca es la antesala al Salón del Trono o de los Embajadores.
En las jambas del arco que da acceso a esta sala encontramos unos nichos enfrentados, labrados en mármol y decorados con azulejos de colores. Se trata de uno de los elementos ornamentales y funcionales más característicos de los palacios nazaríes: las *taqas*.
Las *taqas* son nichos pequeños excavados en los muros, siempre dispuestos en pareja y enfrentados. Se utilizaban para colocar en su interior jarras con agua fresca para beber o con agua perfumada para lavarse las manos.
El techo actual de la sala es una reproducción del original, perdido en un incendio en 1890.
El nombre de esta sala proviene de una alteración fonética de la palabra árabe *baraka*, que significa “bendición”, y que se repite en multitud de ocasiones en los muros de esta sala. No procede, como se cree popularmente, de la forma de techo de barca invertida.
Era en este lugar donde los nuevos sultanes solicitaban la bendición de su dios antes de ser coronados como tal en el Salón del Trono.
Antes de acceder al Salón del Trono, encontramos dos entradas laterales: a la derecha, un pequeño oratorio con su mihrab; y a la izquierda, la puerta de acceso al interior de la Torre de Comares.
SALÓN DE LOS EMBAJADORES O DEL TRONO
El Salón de los Embajadores, también llamado del Trono o de Comares, es el lugar donde se encontraba el trono del sultán y, por tanto, el centro de poder de la dinastía nazarí. Quizás por esta razón se ubica dentro de la Torre de Comares, la torre de mayor tamaño del conjunto monumental, con 45 metros de altura. Su etimología proviene del árabe *arsh*, que significa tienda, pabellón o trono.
La sala tiene forma de cubo perfecto, y sus paredes están revestidas con una rica decoración hasta el techo. En los laterales hay nueve alcobas iguales agrupadas de tres en tres con ventanas. La situada frente a la entrada presenta una decoración más cuidada, ya que era el lugar que ocupaba el sultán, a contraluz, favoreciendo el efecto de deslumbramiento y sorpresa.
En el pasado, las ventanas estaban cerradas por vidrieras de colores con formas geométricas llamadas *cumarías*. Estas se perdieron debido a la onda expansiva de un polvorín que explotó en 1590 en la Carrera del Darro.
La riqueza decorativa del salón es extrema. Comienza en la parte inferior con azulejos de formas geométricas, que generan un efecto visual similar al de un caleidoscopio. Continúa en las paredes con estucos que parecen tapices colgados, decorados con motivos vegetales, flores, conchas, estrellas y abundante epigrafía.
La escritura presente es de dos tipos: cursiva, la más común y fácilmente reconocible; y cúfica, una escritura culta de formas rectilíneas y angulosas.
Entre todas las inscripciones, la más destacada es la que aparece debajo del techo, en la franja superior de la pared: la sura 67 del Corán, llamada *El Reino* o *del Señorío*, que recorre las cuatro paredes. Esta sura era recitada por los nuevos sultanes para proclamar que su poder provenía directamente de Dios.
La imagen del poder divino también se representa en la techumbre, compuesta por 8.017 piezas diferentes que, mediante ruedas de estrellas, ilustran la escatología islámica: los siete cielos y un octavo, el paraíso, el Trono de Allah, representado por la cupulita central de mocárabes.
CASA REAL CRISTIANA – INTRODUCCIÓN
Para acceder a la Casa Real Cristiana hay que utilizar una de las puertas abiertas en la alcoba izquierda de la Sala de las Dos Hermanas.
Carlos V, nieto de los Reyes Católicos, visitó la Alhambra en junio de 1526 tras haberse casado con Isabel de Portugal en Sevilla. Al llegar a Granada, el matrimonio se instaló en la propia Alhambra y se ordenó la construcción de unas nuevas estancias, hoy conocidas como las Habitaciones del Emperador.
Estos espacios rompen completamente con la arquitectura y estética nazarí. Sin embargo, al haberse construido sobre zonas ajardinadas entre el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones, es posible ver a través de unas pequeñas ventanas situadas a la izquierda del pasillo la parte superior del Hammam Real o Hammam de Comares. Unos metros más adelante, otras aperturas permiten ver la Sala de las Camas y la Galería de los Músicos.
El Baño Real no solo era un espacio de higiene, sino también un lugar idóneo para cultivar de forma distendida y amistosa las relaciones políticas y diplomáticas, acompañado de música para amenizar el momento. Este espacio solo se abre al público en ocasiones especiales.
A través de este pasillo se accede al Despacho del Emperador, que destaca por una chimenea renacentista con el escudo imperial y un artesonado de madera diseñado por Pedro Machuca, arquitecto del Palacio de Carlos V. En el artesonado puede leerse la inscripción “PLUS ULTRA”, lema adoptado por el Emperador, junto a las iniciales K e Y, correspondientes a Carlos V e Isabel de Portugal.
Saliendo de la sala, a la derecha se encuentran las habitaciones imperiales, actualmente cerradas al público y solo accesibles en ocasiones especiales. Estas estancias también son conocidas como las Habitaciones de Washington Irving, ya que fue allí donde se hospedó el escritor romántico norteamericano durante su estancia en Granada. Posiblemente, fue en este lugar donde escribió su famoso libro *Cuentos de la Alhambra*. Sobre la puerta se puede ver una placa conmemorativa.
PATIO DE LINDARAJA
Contiguo al Patio de la Reja se encuentra el Patio de Lindaraja, adornado con setos tallados de boj, cipreses y naranjos amargos. Este patio debe su nombre al mirador nazarí ubicado en su lado meridional, que lleva la misma denominación.
En la etapa nazarí, el jardín tenía un aspecto completamente diferente al actual, ya que era un espacio abierto al paisaje.
Con la llegada de Carlos V, el jardín fue cerrado, adoptando una disposición similar a la de un claustro gracias a una galería porticada. Para su construcción se utilizaron columnas procedentes de otras partes de la Alhambra.
En el centro del patio destaca una fuente barroca, sobre la que se superpuso a principios del siglo XVII una taza de mármol nazarí. La fuente que vemos hoy es una réplica; el original se conserva en el Museo de la Alhambra.
PATIO DE LOS LEONES
El Patio de los Leones es el núcleo de este palacio. Se trata de un patio de planta rectangular rodeado por una galería porticada con ciento veinticuatro columnas, todas diferentes entre sí, que comunican las distintas estancias del palacio. Guarda cierta similitud con un claustro cristiano.
Este espacio se considera una de las joyas del arte islámico, a pesar de romper con los esquemas habituales de la arquitectura hispanomusulmana.
La simbología del palacio gira en torno al concepto de jardín-paraíso. Los cuatro canalillos de agua que parten del centro del patio podrían representar los cuatro ríos del paraíso islámico, otorgando al patio una disposición en cruz. Las columnas evocan un bosque de palmeras, como los oasis del paraíso.
En el centro se sitúa la célebre Fuente de los Leones. Los doce leones, aunque en posición similar —alerta y de espaldas a la fuente—, presentan rasgos diferentes. Están tallados en mármol blanco de Macael, cuidadosamente seleccionado para aprovechar las vetas naturales de la piedra y acentuar sus rasgos distintivos.
Existen diversas teorías sobre su simbolismo. Algunos creen que representan la fuerza de la dinastía nazarí o del sultán Muhammad V, los doce signos del zodíaco, las doce horas del día o incluso un reloj hidráulico. Otros sostienen que es una reinterpretación del Mar de Bronce de Judea, sostenido por doce toros, aquí reemplazados por doce leones.
La taza central probablemente fue tallada in situ y contiene inscripciones poéticas que elogian a Muhammad V y alaban el sistema hidráulico que alimenta la fuente y regula el flujo del agua para evitar desbordamientos.
“En apariencia, agua y mármol parecen confundirse sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves cómo el agua se derrama en la taza, pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator.
¿No es, en realidad, cual blanca nube que vierte en los leones sus acequias y parece la mano del califa que, de mañana prodiga a los leones de la guerra sus favores?”
La fuente sufrió diversas transformaciones a lo largo del tiempo. En el siglo XVII se le añadió una segunda taza, que fue retirada en el siglo XX y reubicada en el Jardín de los Adarves de la Alcazaba.
PEINADOR DE LA REINA Y PATIO DE LA REJA
La adaptación cristiana del palacio conllevó la creación de un acceso directo a la Torre de Comares mediante una galería abierta de dos pisos. Esta galería ofrece unas vistas magníficas hacia dos de los barrios más emblemáticos de Granada: el Albaicín y el Sacromonte.
Desde la galería, mirando hacia la derecha, también se divisa el Peinador de la Reina, que al igual que otras zonas mencionadas solo puede visitarse en ocasiones especiales o como espacio del mes.
El Peinador de la Reina se sitúa en la Torre de Yusuf I, una torre adelantada respecto a la muralla. Su nombre cristiano proviene del uso que le dio Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, durante su estancia en la Alhambra.
En su interior, el espacio fue adaptado a la estética cristiana y alberga valiosas pinturas renacentistas realizadas por Julio de Aquiles y Alexander Mayner, discípulos de Rafael Sanzio, también conocido como Rafael de Urbino.
Al descender desde la galería, nos encontramos con el Patio de la Reja. Su nombre proviene del balcón corrido con rejas de hierro forjado, instaladas a mediados del siglo XVII. Estas rejas servían como corredor abierto para conectar y proteger las estancias adyacentes.
SALA DE LAS DOS HERMANAS
La Sala de las Dos Hermanas recibe su nombre actual por la presencia de dos losas gemelas de mármol de Macael emplazadas en el centro de la sala.
Esta sala guarda cierta semejanza con la Sala de los Abencerrajes: se encuentra a una altura superior respecto al patio y, tras la entrada, presenta dos puertas. La de la izquierda daba acceso al retrete y la de la derecha comunicaba con las estancias superiores de la vivienda.
A diferencia de su sala gemela, esta se abre al norte hacia la Sala de los Ajimeces y hacia un pequeño mirador: el Mirador de Lindaraja.
Durante la dinastía nazarí, en tiempos de Muhammad V, esta sala era conocida como *qubba al-kubra*, es decir, la qubba mayor, la más importante del Palacio de los Leones. El término *qubba* hace referencia a una planta cuadrada cubierta con una cúpula.
La cúpula parte de una estrella de ocho puntas, desplegándose en un trazado tridimensional compuesto por 5.416 mocárabes, algunos de los cuales aún conservan restos de policromía. Estos mocárabes se distribuyen en dieciséis cupulines situados sobre dieciséis ventanas con celosías que aportan luz cambiante a la estancia según el momento del día.
SALA DE LOS ABENCERRAJES
Antes de acceder a la sala occidental, también conocida como la Sala de los Abencerrajes, nos encontramos con unas puertas de madera con un labrado remarcable que se conservan desde la época medieval.
El nombre de esta sala está ligado a una leyenda según la cual, debido a un rumor sobre un escarceo amoroso entre un caballero abencerraje y la favorita del sultán, o por supuestas conspiraciones de esta familia para derrocar al monarca, el sultán, lleno de ira, mandó llamar a los caballeros Abencerrajes. Treinta y seis de ellos perdieron la vida como consecuencia.
Esta historia fue recogida en el siglo XVI por el escritor Ginés Pérez de Hita en su novela sobre las *Guerras Civiles de Granada*, donde narra que los caballeros fueron asesinados en esta misma sala.
Por este motivo, algunos afirman ver en las manchas de óxido de la fuente central un vestigio simbólico de los ríos de sangre de aquellos caballeros.
Esta leyenda también inspiró al pintor español Mariano Fortuny, quien la plasmó en su obra titulada *La matanza de los Abencerrajes*.
Al traspasar la puerta, encontramos dos accesos: el de la derecha conducía al retrete y el de la izquierda a unas escaleras que llevaban a las dependencias superiores.
La Sala de los Abencerrajes es una vivienda privada e independiente en planta baja, estructurada en torno a una gran *qubba* (cúpula en árabe).
La cúpula de yeso está ricamente decorada con mocárabes que parten de una estrella de ocho puntas en una compleja composición tridimensional. Los mocárabes son elementos arquitectónicos a base de prismas colgantes de formas cóncavas y convexas, que recuerdan a estalactitas.
Al adentrarse en la sala, se percibe un descenso de temperatura. Esto se debe a que las únicas ventanas están situadas en la parte superior, permitiendo que el aire caliente escape. Mientras tanto, el agua de la fuente central refresca el ambiente, haciendo que, con las puertas cerradas, la sala funcione como una especie de cueva con temperatura ideal para los días más calurosos del verano.
SALA DE LOS AJIMECES Y MIRADOR DE LINDARAJA
Tras la Sala de las Dos Hermanas, encontramos al norte una nave transversal cubierta por una bóveda de mocárabes. Esta estancia recibe el nombre de Sala de los Ajimeces por el tipo de ventanas que debieron cerrar los vanos situados a ambos lados del arco central que da paso al Mirador de Lindaraja.
Se cree que las paredes blancas de esta sala estaban originalmente tapizadas con telas de seda.
El llamado Mirador de Lindaraja debe su nombre a la derivación del término árabe *Ayn Dar Aisa*, que significa “los ojos de la Casa de Aisa”.
A pesar de sus reducidas dimensiones, el interior del mirador alberga una decoración destacable. Por un lado, presenta un alicatado con sucesiones de estrellas enlazadas de pequeño tamaño, lo cual exigió un trabajo minucioso por parte de los artesanos. Por otro lado, si uno se acerca y alza la vista, puede observar un techo con cristales de colores encajados en una estructura de madera, a modo de linterna cenital.
Esta linterna es una muestra representativa de cómo debieron ser muchos de los cierres o ajimeces de la Alhambra palatina. Cuando la luz del sol incide sobre los cristales, proyecta reflejos de colores que iluminan la decoración, otorgando al espacio una atmósfera única y cambiante a lo largo del día.
Durante la época nazarí, cuando el patio aún no estaba cerrado, una persona podía sentarse en el suelo del mirador, apoyar el brazo en el alféizar de la ventana y disfrutar de unas vistas espectaculares hacia el barrio del Albayzín. Estas vistas se perdieron a comienzos del siglo XVI, cuando se construyeron las dependencias destinadas a ser residencia del emperador Carlos V.
SALA DE LOS REYES
La Sala de los Reyes ocupa todo el lado este del Patio de los Leones y, aunque aparece integrada en el palacio, se piensa que tuvo una función propia, probablemente de carácter lúdico o áulico.
Este espacio destaca por conservar uno de los pocos ejemplos de pintura figurativa nazarí.
En las tres alcobas de aproximadamente quince metros cuadrados cada una, hay tres falsas bóvedas decoradas con pinturas realizadas sobre cuero de cordero. Estas pieles fueron fijadas al soporte de madera mediante pequeños clavos de bambú, técnica que evitaba la oxidación del material.
El nombre de la sala probablemente proviene de la interpretación de la pintura de la alcoba central, en la que se representan diez figuras que podrían corresponder a los primeros diez sultanes de la Alhambra.
En las alcobas laterales se pueden observar escenas caballerescas de lucha, caza, juegos y amor. En ellas se distingue claramente, por la vestimenta, la presencia de personajes cristianos y musulmanes compartiendo el mismo espacio.
Sobre el origen de estas pinturas se ha debatido ampliamente. Debido a su estilo gótico lineal, se piensa que probablemente fueron realizadas por artistas cristianos conocedores del mundo musulmán. Es posible que estas obras sean fruto de la buena relación entre Muhammad V, fundador de este palacio, y el rey cristiano Pedro I de Castilla.
SALA DE LOS SECRETOS
La Sala de los Secretos es una estancia de planta cuadrada, cubierta con una bóveda esférica.
En esta sala ocurre algo muy particular y curioso que la convierte en una de las atracciones favoritas para los visitantes de la Alhambra, especialmente para los más pequeños.
El fenómeno consiste en que, si una persona se coloca en uno de los vértices de la sala y otra en el vértice opuesto —ambas de cara a la pared y lo más cerca posible de ella—, una de ellas puede hablar en voz muy baja y la otra escuchará perfectamente el mensaje, como si estuviera justo a su lado.
Es gracias a este “juego” acústico que la sala recibe su nombre: **Sala de los Secretos**.
SALA DE LOS MOCÁRABES
El conocido como Palacio de los Leones fue mandado construir durante el segundo reinado del sultán Muhammad V, que comenzó en 1362 y se prolongó hasta 1391. En esta etapa se inicia la construcción del Palacio de los Leones, colindante con el Palacio de Comares, que había sido edificado por su padre, el sultán Yusuf I.
Este nuevo palacio también fue denominado *Palacio del Riyad*, ya que se cree que fue levantado sobre los antiguos Jardines de Comares. El término *Riyad* significa “jardín”.
Se piensa que el acceso original al palacio se realizaba por el ángulo sureste, desde la Calle Real y a través de un acceso en recodo. Actualmente, debido a las modificaciones cristianas tras la conquista, se accede directamente desde el Palacio de Comares a la Sala de los Mocárabes.
La Sala de los Mocárabes recibe su nombre por la impresionante bóveda de mocárabes que la cubría originalmente, y que se desplomó casi por completo como consecuencia de las vibraciones provocadas por la explosión de un polvorín en la Carrera del Darro en 1590.
Aún pueden observarse restos de esta bóveda en uno de los lados. En el lado opuesto, quedan restos de una bóveda cristiana posterior, en la que aparecen las letras “F. Y.”, tradicionalmente asociadas a Fernando e Isabel, aunque en realidad corresponden a Felipe V e Isabel de Farnesio, quienes visitaron la Alhambra en 1729.
Se cree que la sala pudo haber funcionado como zaguán o sala de espera para los invitados a las celebraciones, fiestas y recepciones del sultán.
EL PARTAL – INTRODUCCIÓN
El amplio espacio conocido hoy como Jardines del Partal debe su nombre al Palacio del Pórtico, denominado así por la galería porticada que presenta.
Se trata del palacio más antiguo conservado del conjunto monumental, cuya construcción se atribuye al sultán Muhammad III a principios del siglo XIV.
Este palacio guarda cierta similitud con el Palacio de Comares, aunque sea anterior: un patio rectangular, una alberca central y el reflejo del pórtico sobre el agua a modo de espejo. Su principal elemento diferenciador es la presencia de una torre lateral, conocida desde el siglo XVI como Torre de las Damas, aunque también ha recibido el nombre de Observatorio, ya que Muhammad III era un gran aficionado a la astronomía. La torre cuenta con ventanas orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, lo que permite disfrutar de vistas espectaculares.
Una curiosidad notable es que este palacio fue de titularidad privada hasta el 12 de marzo de 1891, cuando su propietario, Arthur Von Gwinner, banquero y cónsul alemán, cedió el edificio y el terreno inmediato al Estado español.
Lamentablemente, Von Gwinner desmontó el techo de madera del mirador y lo trasladó a Berlín, donde actualmente se expone en el Museo de Pérgamo como una de las piezas más destacadas de su colección de arte islámico.
Colindando con el Palacio del Partal, a la izquierda de la Torre de las Damas, se encuentran unas casas nazaríes. Una de ellas fue llamada Casa de las Pinturas debido al hallazgo, a principios del siglo XX, de pinturas realizadas al temple sobre estuco del siglo XIV. Estas pinturas, de gran valor, constituyen un raro ejemplo de pintura mural figurativa nazarí, con escenas cortesanas, de caza y celebraciones.
Debido a su importancia y por razones de conservación, estas viviendas no están abiertas al público.
ORATORIO DEL PARTAL
A la derecha del Palacio del Partal, sobre el adarve de la muralla, se encuentra el Oratorio del Partal, cuya construcción se atribuye al sultán Yusuf I. El acceso se realiza mediante unas pequeñas escaleras, ya que se encuentra elevado respecto al nivel del suelo.
Uno de los pilares del Islam es rezar cinco veces al día en dirección a La Meca. El oratorio funcionaba como una capilla palatina que permitía a los habitantes del palacio cercano cumplir con esta obligación religiosa.
A pesar de sus reducidas dimensiones (unos doce metros cuadrados), el oratorio cuenta con un pequeño vestíbulo y una sala de oración. Su interior presenta una rica decoración en yesería con motivos vegetales y geométricos, así como inscripciones coránicas.
Al subir las escaleras, justo frente a la puerta de entrada, se encuentra en el muro suroeste el mihrab, orientado hacia La Meca. Tiene planta poligonal, un arco de herradura adovelado y está cubierto por una cúpula de mocárabes.
Destaca especialmente la inscripción epigráfica ubicada en las impostas del arco del mihrab, que invita a la oración: “Ven a orar y no seas de los negligentes.”
Adosada al oratorio se encuentra la Casa de Atasio de Bracamonte, que fue cedida en 1550 a quien fuera escudero del alcaide de la Alhambra, el Conde de Tendilla.
PARTAL ALTO – PALACIO DE YUSUF III
En la parata más elevada de la zona del Partal se hallan los restos arqueológicos del Palacio de Yusuf III. Este palacio fue cedido en junio de 1492 por los Reyes Católicos al primer gobernador de la Alhambra, Don Íñigo López de Mendoza, segundo Conde de Tendilla. Por ello, también se le conoce como el Palacio de Tendilla.
La razón por la cual este palacio se encuentra en ruinas tiene su origen en las desavenencias surgidas en el siglo XVIII entre los descendientes del Conde de Tendilla y Felipe V de Borbón. A la muerte sin herederos del archiduque Carlos II de Austria, la familia de Tendilla apoyó al archiduque Carlos de Austria en lugar de a Felipe de Borbón. Tras la entronización de Felipe V, se tomaron represalias: en 1718 se les retiró la alcaidía de la Alhambra y más tarde el palacio, que fue desmantelado y sus materiales vendidos.
Algunos de esos materiales reaparecieron en el siglo XX en colecciones privadas. Se cree que el conocido como “Azulejo Fortuny”, conservado en el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid, podría proceder de este palacio.
Desde 1740 en adelante, el solar del palacio se convirtió en una zona de huertas arrendadas.
Fue en 1929 cuando esta área fue recuperada por el Estado español y reintegrada en la propiedad de la Alhambra. Gracias al trabajo de Leopoldo Torres Balbás, arquitecto y restaurador de la Alhambra, este espacio fue puesto en valor mediante la creación de un jardín arqueológico.
PASEO DE LAS TORRES Y TORRE DE LOS PICOS
La muralla de la ciudad palatina contaba en su origen con más de treinta torres, de las cuales hoy solo se conservan una veintena. Inicialmente, estas torres tenían una función estrictamente defensiva, aunque con el tiempo algunas adoptaron también un uso residencial.
A la salida de los Palacios Nazaríes, desde la zona del Partal Alto, parte un camino empedrado que conduce al Generalife. Este recorrido sigue el lienzo de muralla donde se encuentran algunas de las torres más emblemáticas del conjunto, enmarcado por una zona ajardinada con bellas vistas al Albaicín y a las huertas del Generalife.
Una de las torres más destacadas es la Torre de los Picos, construida por Muhammad II y reformada posteriormente por otros sultanes. Es fácilmente reconocible por sus almenas en forma de pirámides de ladrillo, de donde podría derivar su nombre. Sin embargo, otros autores creen que el nombre procede de las ménsulas que sobresalen en sus esquinas superiores y que sostenían los matacanes, elementos defensivos que permitían contrarrestar ataques desde lo alto.
La principal función de la torre era proteger la Puerta del Arrabal situada en su base, que comunicaba con la Cuesta del Rey Chico, facilitando el acceso al barrio del Albaicín y al antiguo camino medieval que conectaba la Alhambra con el Generalife.
En época cristiana se construyó un baluarte exterior con caballerizas para reforzar su protección, que se cierra con una nueva entrada conocida como la Puerta del Hierro.
Aunque comúnmente se asocia a las torres una función militar exclusiva, se sabe que la Torre de los Picos también tuvo un uso residencial, como lo demuestra la ornamentación presente en su interior.
TORRE DE LA CAUTIVA
La Torre de la Cautiva ha recibido diversos nombres a lo largo del tiempo, como Torre de la Ladrona o Torre de la Sultana, aunque finalmente ha prevalecido el más popular: Torre de la Cautiva.
Esta denominación no se basa en hechos históricos comprobados, sino que es fruto de una leyenda romántica según la cual en esta torre estuvo prisionera Isabel de Solís, quien más tarde se convirtió al islam bajo el nombre de Zoraida y llegó a ser la sultana favorita de Muley Hacén. Esta situación provocó tensiones con Aixa, la anterior sultana y madre de Boabdil, dado que Zoraida —cuyo nombre significa “lucero del alba”— desplazó su posición en la corte.
La construcción de esta torre se atribuye al sultán Yusuf I, también responsable del Palacio de Comares. Esta atribución está respaldada por las inscripciones en la sala principal, obra del visir Ibn al-Yayyab, que elogian a este sultán.
En los poemas inscritos en las paredes, el visir utiliza repetidamente el término qal’ahurra, que ha sido empleado desde entonces para referirse a palacios fortificados, como es el caso de esta torre. Además de cumplir funciones defensivas, la torre alberga en su interior un auténtico palacio con una rica decoración.
En cuanto a su ornamentación, destaca en la sala principal el zócalo de alicatado cerámico con formas geométricas de diversos colores. Entre ellos sobresale el color púrpura, cuya obtención en la época era especialmente difícil y costosa, por lo que se reservaba exclusivamente para espacios de gran relevancia.
TORRE DE LAS INFANTAS
La Torre de las Infantas, al igual que la Torre de la Cautiva, debe su nombre a una leyenda.
Se trata de la leyenda de las tres princesas Zaida, Zoraida y Zorahaida, que habitaron esta torre, historia que fue recogida por Washington Irving en sus célebres *Cuentos de la Alhambra*.
La construcción de esta torre-palacio, o *qalahurra*, se atribuye al sultán Muhammad VII, quien reinó entre 1392 y 1408. Por tanto, se trata de una de las últimas torres construidas por la dinastía nazarí.
Esta circunstancia se refleja en la decoración del interior, que presenta signos de cierta decadencia en comparación con los periodos anteriores de mayor esplendor artístico.
TORRE DEL CABO DE CARRERA
Al final del Paseo de las Torres, en la parte más oriental de la muralla norte, se encuentran los restos de una torre de forma cilíndrica: la Torre del Cabo de Carrera.
Esta torre fue prácticamente destruida como consecuencia de las voladuras perpetradas en 1812 por las tropas napoleónicas durante su retirada de la Alhambra.
Se cree que fue construida o reedificada por orden de los Reyes Católicos en el año 1502, como lo confirmaba una inscripción hoy desaparecida.
Su nombre proviene de su ubicación en el extremo de la Calle Mayor de la Alhambra, marcando el límite o “cabo de carrera” de dicha vía.
FACHADAS DEL PALACIO DE CARLOS V
El Palacio de Carlos V, con sus sesenta y tres metros de ancho y diecisiete metros de alto, sigue las proporciones de la arquitectura clásica, motivo por el cual se divide horizontalmente en dos niveles con arquitectura y decoración claramente diferenciadas.
Para la decoración de sus fachadas se utilizaron tres tipos de piedra: caliza gris y compacta de Sierra Elvira, mármol blanco de Macael y serpentinita verde del Barranco de San Juan.
La decoración exterior exalta la imagen del emperador Carlos V, resaltando sus virtudes mediante referencias mitológicas e históricas.
Las fachadas más destacadas son las del lado sur y oeste, ambas diseñadas como arcos de triunfo. La portada principal se encuentra en el lado oeste, donde la puerta principal está coronada por victorias aladas. A ambos lados hay dos pequeñas puertas sobre las que se encuentran medallones con figuras de soldados a caballo en actitud de combate.
En los pedestales de las columnas se presentan relieves duplicados simétricamente. Los relieves centrales simbolizan la Paz: muestran dos mujeres sentadas sobre un montículo de armas, portando ramas de olivo y sosteniendo las Columnas de Hércules, la esfera del mundo con la corona imperial y el lema *PLUS ULTRA*, mientras unos angelotes queman la artillería de guerra.
Los relieves laterales representan escenas bélicas, como la Batalla de Pavía, donde Carlos V venció a Francisco I de Francia.
En la parte superior se encuentran balcones flanqueados por medallones que representan dos de los doce trabajos de Hércules: uno matando al León de Nemea y otro enfrentándose al Toro de Creta. En el medallón central aparece el Escudo de España.
En la parte inferior del palacio destacan los sillares almohadillados rústicos, diseñados para transmitir una sensación de solidez. Sobre ellos se hallan anillas de bronce sostenidas por figuras de animales como leones —símbolos de poder y protección—, y en las esquinas, águilas dobles, en alusión al poder imperial y al emblema heráldico del emperador: el águila bicéfala de Carlos I de España y V de Alemania.
INTRODUCCIÓN AL PALACIO DE CARLOS V
El emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, nieto de los Reyes Católicos e hijo de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso, visitó Granada en el verano de 1526 tras haberse casado con Isabel de Portugal en Sevilla, para pasar su luna de miel.
Al llegar, el emperador quedó cautivado por el encanto de la ciudad y de la Alhambra, y decidió construir un nuevo palacio en la ciudad palatina. Este palacio sería conocido como la Casa Real Nueva, en contraposición a los Palacios Nazaríes, denominados desde entonces como Casa Real Vieja.
Las obras fueron encargadas al arquitecto y pintor toledano Pedro Machuca, de quien se dice que fue discípulo de Miguel Ángel, lo que explicaría su profundo conocimiento del Renacimiento clásico.
Machuca proyectó un palacio monumental de estilo renacentista, con planta cuadrada y un círculo integrado en su interior, inspirado en los monumentos de la antigüedad clásica.
La construcción comenzó en 1527 y fue financiada en gran parte con los tributos que los moriscos debían pagar para seguir viviendo en Granada y conservar sus costumbres y ritos.
En 1550, Pedro Machuca falleció sin haber concluido el palacio. Fue su hijo Luis quien continuó el proyecto, pero tras su muerte, las obras se detuvieron durante un tiempo. Se retomaron en 1572 bajo el reinado de Felipe II, encomendándose a Juan de Orea por recomendación de Juan de Herrera, arquitecto del Monasterio de El Escorial. Sin embargo, debido a la falta de recursos provocada por la Guerra de las Alpujarras, no se realizaron avances significativos.
No fue hasta el siglo XX cuando se culminó la edificación del palacio. Primero bajo la dirección del arquitecto-restaurador Leopoldo Torres Balbás, y finalmente en 1958 por Francisco Prieto Moreno.
El Palacio de Carlos V fue concebido como un símbolo de paz universal, reflejando las aspiraciones políticas del emperador. Sin embargo, Carlos V nunca llegó a conocer personalmente el palacio que mandó construir.
MUSEO DE LA ALHAMBRA
El Museo de la Alhambra se encuentra en la planta baja del Palacio de Carlos V y está distribuido en siete salas dedicadas a la cultura y al arte hispanomusulmán.
Alberga la mejor colección existente de arte nazarí, compuesta por piezas halladas en excavaciones y restauraciones llevadas a cabo en la propia Alhambra a lo largo del tiempo.
Entre las obras expuestas destacan elementos de yesería, columnas, carpintería, cerámica de diversos estilos —como el célebre Jarrón de las Gacelas—, una copia de la lámpara de la mezquita mayor de la Alhambra, así como lápidas, monedas y otros objetos de gran valor histórico.
Esta colección constituye el complemento ideal para la visita al complejo monumental, ya que permite comprender mejor la vida cotidiana y la cultura durante la etapa nazarí.
La entrada al museo es gratuita, aunque es importante tener en cuenta que permanece cerrado los lunes.
PATIO DEL PALACIO DE CARLOS V
Cuando Pedro Machuca proyectó el Palacio de Carlos V, lo hizo utilizando formas geométricas con fuerte simbolismo renacentista: el cuadrado para representar el mundo terrenal, el círculo interior como símbolo de lo divino y de la creación, y el octógono —reservado para la capilla— como unión entre ambos mundos.
Al acceder al palacio, nos encontramos con un imponente patio circular porticado, elevado respecto al exterior. Este patio está rodeado por dos galerías superpuestas, ambas con treinta y dos columnas. En la planta baja las columnas son de orden dórico-toscano, y en la planta superior, de orden jónico.
Las columnas fueron realizadas en piedra pudinga o de almendrilla, procedente del pueblo granadino de El Turro. Este material fue elegido por ser más económico que el mármol originalmente previsto en el diseño.
La galería inferior cuenta con una bóveda anular que posiblemente estaba destinada a ser decorada con pinturas al fresco. Por su parte, la galería superior dispone de una techumbre de casetones de madera.
En el friso que recorre el patio destacan los *burocráneos*, representaciones de cráneos de buey, un motivo decorativo con raíces en la antigua Grecia y Roma, donde se usaban en frisos y sepulcros vinculados a sacrificios rituales.
Las dos plantas del patio están comunicadas por dos escaleras: una en el lado norte, construida en el siglo XVII, y otra también al norte, diseñada ya en el siglo XX por el arquitecto conservador de la Alhambra, Francisco Prieto Moreno.
Aunque nunca fue utilizado como residencia real, el palacio alberga actualmente dos importantes museos: el Museo de Bellas Artes en la planta superior, con una destacada colección de pintura y escultura granadina de los siglos XV al XX, y el Museo de la Alhambra en la planta baja, al que se accede por el zaguán occidental.
Además de su función museística, el patio central cuenta con una acústica excepcional, lo que lo convierte en un escenario privilegiado para conciertos y representaciones teatrales, especialmente durante el Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
BAÑO DE LA MEZQUITA
En la Calle Real, en el solar contiguo a la actual Iglesia de Santa María de la Alhambra, se encuentra el Baño de la Mezquita.
Este baño fue construido durante el reinado del sultán Muhammad III y financiado mediante la yizya, un impuesto que se cobraba a los cristianos por sembrar tierras en la frontera.
El uso del hammam o baño era esencial en la vida cotidiana de una ciudad islámica, y la Alhambra no era una excepción. Por su cercanía a la mezquita, este baño cumplía una función religiosa clave: permitir las abluciones o rituales de purificación antes de la oración.
Sin embargo, su función no era exclusivamente religiosa. El hammam también servía para la higiene personal y era un importante punto de encuentro social.
Su uso estaba regulado por horarios, siendo por la mañana para los hombres y por la tarde para las mujeres.
Inspirados en las termas romanas, los baños musulmanes compartían con ellas la distribución en salas, aunque eran de menor tamaño y su funcionamiento se basaba en el vapor, a diferencia de las termas romanas que eran de inmersión.
El baño constaba de cuatro espacios principales: una sala de reposo o vestuario, una sala fría o templada, una sala caliente y una zona de calderas adosada a esta última.
El sistema de calefacción utilizado era el hipocausto, un sistema de calefacción subterráneo que calentaba el suelo mediante aire caliente generado por un horno y distribuido a través de una cámara bajo el pavimento.
EX CONVENTO DE SAN FRANCISCO – PARADOR DE TURISMO
El actual Parador de Turismo fue originalmente el Convento de San Francisco, edificado en 1494 sobre un antiguo palacio nazarí que, según la tradición, habría pertenecido a un infante musulmán.
Tras la toma de Granada, los Reyes Católicos cedieron este espacio para fundar el primer convento franciscano de la ciudad, cumpliendo así una promesa realizada al patriarca de Asís años antes de la conquista.
Con el tiempo, este lugar se convirtió en el primer lugar de enterramiento de los Reyes Católicos. Un mes y medio antes de su fallecimiento en Medina del Campo en 1504, la reina Isabel dejó especificado en su testamento su deseo de ser enterrada en este convento, vestida con hábito franciscano. En 1516, fue enterrado junto a ella el rey Fernando.
Ambos permanecieron allí sepultados hasta 1521, cuando su nieto, el emperador Carlos V, ordenó trasladar sus restos a la Capilla Real de Granada, donde hoy reposan junto a Juana I de Castilla, Felipe el Hermoso y el infante Miguel de Paz.
Actualmente, es posible visitar este primer lugar de enterramiento accediendo al patio del Parador. Bajo una cúpula de mocárabes se conservan las lápidas originales de ambos monarcas.
Desde junio de 1945, este edificio alberga el Parador de San Francisco, un alojamiento turístico de alta categoría cuya propiedad y gestión corresponden al Estado español.
LA MEDINA
La palabra “medina”, que en árabe significa “ciudad”, hacía referencia a la zona más elevada de la colina de la Sabika, en la Alhambra.
Esta medina albergaba una intensa actividad cotidiana, ya que era el área donde se concentraban los oficios y la población que hacía posible la vida de la corte nazarí dentro de la ciudad palatina.
En ella se producían tejidos, cerámica, pan, vidrio e incluso monedas. Además de las viviendas de los trabajadores, también existían edificios públicos esenciales como baños, mezquitas, zocos, aljibes, hornos, silos y talleres.
Para el correcto funcionamiento de esta ciudad en miniatura, la Alhambra contaba con su propio sistema de legislación, administración y recaudación de impuestos.
Hoy en día solo se conservan algunos vestigios de aquella medina nazarí original. La transformación de la zona por parte de los pobladores cristianos tras la conquista y, posteriormente, las explosiones de pólvora provocadas por las tropas napoleónicas durante su retirada, contribuyeron a su deterioro.
A mediados del siglo XX se emprendió un programa arqueológico de rehabilitación y adaptación de esta área. Fruto de ello, se trazó también un paseo ajardinado sobre una antigua calle medieval, que hoy conecta con el Generalife.
PALACIO ABENCERRAJE
En la medina real, adosado a la muralla meridional, se encuentran los restos del llamado Palacio de los Abencerrajes, nombre castellanizado de la familia Banu Sarray, una noble estirpe de origen norteafricano perteneciente a la corte nazarí.
Los vestigios que hoy pueden contemplarse son el resultado de excavaciones iniciadas en la década de 1930, ya que anteriormente el espacio se encontraba muy deteriorado, en gran parte por las explosiones causadas por las tropas napoleónicas durante su retirada.
Gracias a estas intervenciones arqueológicas, se ha podido constatar la importancia que tuvo esta familia en la corte nazarí, no solo por la extensión del palacio sino también por su ubicación privilegiada: en la zona alta de la medina, justo en el eje urbano principal de la Alhambra.
PUERTA DE LA JUSTICIA
La Puerta de la Justicia, conocida en árabe como Bab al-Sharía, es una de las cuatro puertas exteriores de la ciudad palatina de la Alhambra. Al tratarse de una entrada exterior, cumplía una importante función defensiva, como se aprecia en su estructura de doble recodo y en el pronunciado desnivel del terreno.
Su construcción, integrada en una torre adosada a la muralla sur, se atribuye al sultán Yúsuf I en el año 1348.
La puerta presenta dos arcos de herradura apuntada. Entre ellos se abre una zona a cielo abierto, conocida como buhedera, desde la cual era posible defender la entrada arrojando materiales desde la terraza en caso de ataque.
Más allá de su valor estratégico, esta puerta posee una fuerte carga simbólica en el contexto islámico. Destacan especialmente dos elementos decorativos: la mano y la llave.
La mano representa los cinco pilares del Islam y simboliza protección y hospitalidad. La llave, por su parte, es un emblema de la fe. Su presencia conjunta podría interpretarse como una alegoría del poder espiritual y terrenal.
La leyenda popular dice que, si algún día la mano y la llave llegan a tocarse, significará la caída de la Alhambra… y con ello, el fin del mundo, pues implicaría la pérdida de su esplendor.
Estos símbolos islámicos contrastan con otro añadido cristiano: una escultura gótica de la Virgen con el Niño, obra de Ruberto Alemán, colocada en una hornacina sobre el arco interior por orden de los Reyes Católicos tras la toma de Granada.
PUERTA DE LOS CARROS
La Puerta de los Carros no corresponde a una abertura original de la muralla nazarí. Fue abierta entre los años 1526 y 1536 con un propósito funcional muy concreto: permitir el acceso de los carros que transportaban materiales y columnas para la construcción del Palacio de Carlos V.
En la actualidad, esta puerta sigue cumpliendo una función práctica. Es el acceso peatonal al recinto sin necesidad de ticket, lo que permite visitar libremente el Palacio de Carlos V y los museos que alberga en su interior.
Además, es la única puerta habilitada para el acceso de vehículos autorizados, incluyendo a huéspedes de los hoteles ubicados dentro del recinto de la Alhambra, taxis, servicios especiales, sanitarios y vehículos de mantenimiento.
PUERTA DE LOS SIETE SUELOS
La ciudad palatina de la Alhambra estaba rodeada por una extensa muralla que contaba con cuatro puertas principales de acceso desde el exterior. Para garantizar su defensa, estas puertas presentaban una característica distribución en recodo, dificultando el avance de los posibles atacantes y facilitando emboscadas desde el interior.
La Puerta de los Siete Suelos, situada en la muralla sur, es una de estas entradas. En época nazarí, era conocida como Bib al-Gudur o “Puerta de los Pozos”, debido a la existencia cercana de silos o mazmorras, posiblemente utilizados como prisiones.
Su nombre actual proviene de la creencia popular de que existen siete niveles o pisos bajo ella. Aunque solo se han documentado dos, esta creencia ha alimentado múltiples leyendas y cuentos, como el relato de Washington Irving “La leyenda del legado del moro”, en el que se menciona un tesoro escondido en los sótanos secretos de la torre.
La tradición sostiene que esta fue la última puerta utilizada por Boabdil y su séquito al dirigirse a la Vega de Granada el 2 de enero de 1492 para entregar las llaves del Reino a los Reyes Católicos. Igualmente, fue por esta puerta por donde accedieron las primeras tropas cristianas sin resistencia.
La puerta que contemplamos hoy es una reconstrucción, ya que la original fue en gran parte destruida por la explosión de las tropas napoleónicas en 1812 durante su retirada.
PUERTA DEL VINO
La Puerta del Vino fue la puerta principal de acceso a la Medina de la Alhambra. Su construcción se atribuye al sultán Muhammad III a comienzos del siglo XIV, aunque sus portadas fueron remodeladas posteriormente por Muhammad V.
El nombre de “Puerta del Vino” no proviene del periodo nazarí, sino de la etapa cristiana, a partir de 1556, cuando se permitía a los vecinos de la Alhambra comprar vino libre de impuestos en este lugar.
Al tratarse de una puerta interior, su trazado es recto y directo, a diferencia de las puertas exteriores como la de la Justicia o la de las Armas, que se diseñaban en recodo para mejorar la defensa.
Aunque no cumplía funciones defensivas primarias, contaba con bancos en el interior para los soldados encargados del control del acceso, así como una estancia en la parte superior destinada a la residencia y descanso del cuerpo de guardia.
La fachada occidental, orientada hacia la Alcazaba, era la de ingreso. Sobre el dintel del arco de herradura se encuentra el símbolo de la llave, emblema solemne de bienvenida y de la dinastía nazarí.
En la fachada oriental, que da hacia el Palacio de Carlos V, destacan especialmente las albanegas del arco decoradas con azulejos elaborados mediante la técnica de cuerda seca, ofreciendo un bello ejemplo del arte decorativo hispanomusulmán.
SANTA MARÍA DE LA ALHAMBRA
En tiempos de la dinastía nazarí, el solar que hoy ocupa la Iglesia de Santa María de la Alhambra albergaba la Mezquita Aljama o Mezquita Mayor de la Alhambra, construida a principios del siglo XIV por el sultán Muhammad III.
Tras la toma de Granada el 2 de enero de 1492, la mezquita fue bendecida para el culto cristiano y se celebró en ella la primera misa. Por decisión de los Reyes Católicos, se consagró bajo la advocación de Santa María y se estableció allí la primera sede arzobispal.
A finales del siglo XVI, la antigua mezquita se encontraba en estado ruinoso, lo que motivó su demolición y la construcción de un nuevo templo cristiano, cuya finalización tuvo lugar en 1618.
Del edificio islámico apenas quedan vestigios. El elemento más significativo conservado es una lámpara de bronce con inscripción epigráfica datada en 1305, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Una réplica de esta lámpara puede verse en el Museo de la Alhambra, en el Palacio de Carlos V.
La Iglesia de Santa María de la Alhambra presenta una planta sencilla con una sola nave y tres capillas laterales a cada lado. En su interior destaca la imagen titular: la Virgen de las Angustias, obra del siglo XVIII realizada por Torcuato Ruiz del Peral.
Esta imagen, también conocida como la Virgen de la Piedad, es la única que procesiona en Granada cada Sábado Santo, si el tiempo lo permite. Lo hace sobre un trono de gran belleza que imita en plata repujada las arquerías del emblemático Patio de los Leones.
Como curiosidad, el poeta granadino Federico García Lorca fue miembro de esta cofradía.
TENERÍA
Antes del actual Parador de Turismo y hacia la zona este, se encuentran los restos de la tenería o curtiduría medieval, una instalación dedicada al tratamiento de pieles: su limpieza, curtido y teñido. Esta era una actividad común en todo al-Ándalus.
La tenería de la Alhambra es de dimensiones reducidas si se compara con otras similares en el norte de África. Sin embargo, hay que tener en cuenta que su función estaba destinada exclusivamente a cubrir las necesidades de la corte nazarí.
Contaba con ocho pequeñas albercas de distintos tamaños, tanto rectangulares como circulares, donde se almacenaban la cal y los tintes empleados en el proceso de curtido de las pieles.
Esta actividad requería abundante agua, motivo por el cual la tenería se ubicó junto a la Acequia Real, aprovechando así su caudal constante. Su existencia es también un indicio de la gran cantidad de agua disponible en esta zona de la Alhambra.
TORRE DEL AGUA Y ACEQUIA REAL
La Torre del Agua es una imponente construcción situada en el ángulo suroeste de la muralla de la Alhambra, cerca del actual acceso principal desde las taquillas. Aunque cumplía funciones defensivas, su misión más relevante era proteger la entrada de la Acequia Real, de ahí su nombre.
La acequia llegaba a la ciudad palatina tras cruzar un acueducto y bordeaba la cara norte de la torre para abastecer de agua a toda la Alhambra.
La torre que hoy contemplamos es fruto de una profunda reconstrucción. Durante la retirada de las tropas napoleónicas en 1812, sufrió graves daños por explosiones de pólvora, quedando a mediados del siglo XX reducida prácticamente a su base maciza.
Esta torre era esencial, ya que permitía la entrada del agua —y por tanto de la vida— a la ciudad palatina. En su origen, la colina de la Sabika carecía de fuentes naturales de agua, lo cual supuso un desafío importante para los nazaríes.
Por ello, el sultán Muhammad I ordenó una gran obra de ingeniería hidráulica: la construcción de la llamada Acequia del Sultán. Esta acequia capta el agua del río Darro a unos seis kilómetros de distancia, en una zona de mayor altitud, aprovechando la pendiente para conducir el agua por gravedad.
La infraestructura incluyó una presa de almacenamiento, una noria movida por animales, y un canal revestido de ladrillo —la acequia— que atraviesa montañas de forma subterránea, ingresando por la parte alta del Generalife.
Para salvar el profundo desnivel entre el Cerro del Sol (Generalife) y la colina de la Sabika (Alhambra), los ingenieros construyeron un acueducto, una obra clave para garantizar el abastecimiento de agua a todo el conjunto monumental.
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